Historia del Convento y Barrio de la Mejorada

Al oriente de la plaza principal se encuentran el barrio de la “Mejorada” el cual debe su nombre al templo que sirve de eje al barrio.

Este templo de la Mejorada fue parte del Convento franciscano conocido por el mismo nombre, el cual fue consagrado en el año de 1642. La orden mendicante había fundado su convento grande en la ciudad de Mérida en año de 1547.

Según relata Oswaldo Baqueiro Anduze, tuvo acceso a una escritura original librada el 13 de abril de 1624 en la cual se establece que el encomendero don Diego García Montalvo era dueño de los terrenos donde actualmente se levanta el complejo conventual.

Este señor, Don Diego García de Montalvo, era un encomendero español que llegó a Mérida alrededor del año de 1614 y según el mismo autor antes referido, dedicó buena parte de su peculio a la fábrica de este Convento de la Mejorada. El nombre “De la Mejorada” muy probablemente este ligado a la procedencia de este encomendero, pues era originario de la villa de Olmedo en Valladolid sitio dónde se venera a la virgen de Nuestra Señora de la Mejorada. Esta explicación sobre la toponimia tiene más sentido que aquella que decía que nacía por su parecido con alguna iglesia del mismo nombre.

El 22 de enero de 1640 se dedico esta iglesia bajo la advocación del Tránsito de Nuestra Señora, tal como lo reza la placa ubicada a la derecha de la entrada principal, el convento tenía una capacidad de 30 monjes. En 1774 fue necesario construir un hospital.

Una de las primeras descripciones del convento de recoletos se encuentra en la obra “Relación Historial Eclesiástica de la Provincia de Yucatán de
la Nueva España, escrita el año de 1639″ del cura vallisoletano Francisco Cárdenas y Valencia; en ella se escribe lo siguiente:

“La iglesia está fabricada con linda planta y arquitectura, con grandeza discreta y grave. Tiene por dentro lindos claustros y refertorios y es el convento capaz para treinta religiosos y lo que más hay que advertir de esta obra es el poderla llamar milagrosa. Por cuanto no tuvo propios ningunos para el gasto de su fábrica ni haber sido ayudada de los otros conventos de la provincia, ni haberse pedido limosna a persona eclesiástica ni seglar para dicho efecto y con todo eso, la providencia de Dios lo disponía de suerte que movía los corazones de los fieles.”

“En este convento habitan siempre doce religiosos, susténtanse con la caridad de los vecinos y limosna que se pide de puerta en puerta, porque no tiene renta ni administración alguna”.

El célebre Fray Diego López  Cogolludo, escribió entre 1647 y 1656 “Historia de Yucatán”, uno de los primeros compendios sobre nuestra región. Cogolludo aprendió maya en el convento de la Mejorada, y describió así la segunda casa de los franciscanos en Mérida.

“Hay en la ciudad de Mérida otro convento nuestro, que se llama la Mejorada. Fundóse con la intención, que fuese recolección, y dio el sitio para su fundación D. Diego García de Montalvo. Tuvo gran contradicción de los padres antiguos, que prevenían con su consideración los inconvenientes que hoy se experimentan para conservarle en una ciudad corta habiendo otro, y porque debiendo atender principalmente a la administración de los indios, en provincia también de pocos religiosos, había de dar cuidado a los superiores proveerle de moradores, como vemos se le dá. Fueron los primeros fundadores el padre Fr. Pedro Navarro, primero presidente, el R. padre Fr. Juan de Acevedo, que había sido provincial, el venerable padre Fr. Juan de Urbita, padre Fr. Juan García y Fr. Bartolomé de Fuensalida, sacerdotes, de quienes adelante se hace laga memoria, y Fr. Juan Fernandéz Lego. Aunque con la contradicción referida, con beneplacito de los prelados, prosiguió obrando el padre Fr. Pedro Navarro, hasta que acabó convento y iglesia, en que gastó gran suma de plata, causando admiración de donde pudiese salir, porque ni se pidió, ni vió limosna particular asignada para tan grandes gastos.

Es el templo a lo moderno de lo mas vistoso, y bien adornados, que hay en estos reinos, hace crucero muy capaz en la capilla mayor, y a esta cubre una media naranja con su linterna, que hace clave. El cuerpo de la iglesia tiene por cada banda cuatro capillas cubiertas de bóveda en correspondencia, muy hermosos altares y rejas muy hermosos altares, y rejas matizadas y doradas, que las cierran. El coro, y media naranja de la capilla mayor pintado al fresco de iluminación, obra del mismo maestro, que la de el convento principal. El retablo del altar mayor es escultura de orden dórica, llena todo el testero de la capilla mayor. Los ornamentos de la sacristia, y de adorno de los altares es lo más y mejor, que hay en toda esta tierra, y puede lucir en otras más opulentas. Todos cuantos los ven tienen que alabar, y mas que admirar, como y con que hizo el padre Fr. Pedro Navarro tan excesivos gastos. Visitando este templo D. Francisco de Bazan recien venido a gobernar esta tierra el año pasado de cincuenta y cinco, dijo “pareceme que veo lo de doña María de Aragon de Madrid”.

Colocóse en él el Santísimo Sacramento a veinte y dos de Enero de mil y seiscientos y cuarenta años, con mucha fiesta, y asistencia de los ciudadanos, predicándose todo el octavario de su dedicación. Para que no se olvidase, como de otras se ha dicho, quedó un rótulo gravado en mármol fijado en lo interior de la porteria por donde se entra al claustro, dice así: “Año de 1640, a veinte y dos de Enero, se dedicó esta iglesia del tránsito de nuestra Señora, siendo pontífice Urbano Octavo, y reinando en las Españas Filipo Cuarto, general de la órden Fr. Juan Merinero.”

Hay en este templo un capilla de nuestra Señora del Carmen, donde esta fundada su cofradía, que todos los terceros domingos de los meses canta una misa y hace procesión, asistiendo a e ella los cofrades, que son muchos y lo mas noble de la ciudad acudiendo a la veneración de esta Santísima Señora con singular devoción que la tienen, y para acrecentar esta, de poco acá esta desde antes patente el Santisimo Sacramento, que se lleva juntamente en la procesión, y después se cierra en su sagrario.

No se ha podido conservar la forma de recolección, como antevieron los religiosos antiguos por falta de limosnas para sustentar comunidad de los presentes; pero viven el tres o cuatro moradores, que es de gran consuelo espiritual para toda la gente de aquel barrio, y aún para el resto de la ciudad, que tiene particular devoción al convento; para ayuda de su sustento han fundado algunas capellanias personas devotas.”

Las Cortes Generales españolas expidieron el 1 de octubre de 1820 el decreto relacionado con las ordenes religiosas:  “No podrá haber mas que un convento de una misma orden en cada pueblo y su término”. Esto enfrentaba a la situación de tener dos Conventos en la ciudad de Mérida; el Convento Grande de San Francisco y el protagonista de este artículo.

“El día 15 de Febrero (1821), se llevó a cabo la extinción del Convento grande o Capitular, de una manera tiránica y violenta, pues el Gobernador Echeverri mandó fuerza armada para ejecutar la expulsión de los Padres, y hombres con picas y hachas para destruir los altares, desocupar las celdas, gabinetes y galerías.”

Los franciscanos que decidieron conservar el hábito tuvieron que refugiarse en el Convento de la Mejorada, el cual resultaba pequeño para la orden seráfica que estaba destinada a desaparecer de la ciudad.

Según los biógrafos de Justo Sierra O’Reilly, a finales de la década de los cincuenta del siglo XIX, el juriconsulto yucateco se encerró en el, probablemente ya deshabitado convento de la Mejorada a escribir el bosquejo de lo que sería el primer Código Civil Mexicano encargado por el presidente Benito Juaréz, el cual concluyó poco antes de morir víctima de la lepra.

En el año de 1861, por resolución de fecha 22 de enero, el Convento pasó a dominio del Estado, y en julio del mismo año se estableció allí el Hospital General de Mérida, el cual poco tiempo después recibió el nombre del Dr. Agustín O’Horan.

Al inaugurarse el hospital “O’Horán”, en 1906, fue desalojado el exconvento franciscano y en 1907 destinado a la Escuela Correccional de Artes y Oficios para menores incorregibles y delincuentes en minoría de edad, de bastante utilidad, disculpando la demasiado severa disciplina que imperaba en el plantel, que tenía algo de presidio y de cuartel de la época porfiriana. El edificio, incluyendo la iglesia, abarcaba una manzana: calles 50—59—48 y 57.

Durante el gobierno del Gral. Salvador Alvarado, se le segregó una faja de terreno sobre las calles 48—50 y 57, para construir dos escuelas con frente en la 57. Allí están hasta ahora la “José Ma. Castillo” y la “Distrito Federal”, así como el Jardín de Niños del mismo nombre.

Durante los años treinta y cuarenta, el Convento fue usado como habitación de las familias de los soldados que cumplían servicio en el Cuartel de Dragones. Desde 1983 alberga la Facultad de Arquitectura y hasta hoy funciona como tal.

Interior del Templo de la Mejorada

El templo actualmente

Tras el saqueo anticlerical acontecido a finales de 1915 durante el gobierno del general Salvador Alvarado el templo perdió casi la totalidad de la ornamentación. El altar original antes descrito, probablemente ya no existiría para entonces.

Desde 1939, preside el templo el retablo que perteneció a la capilla de San José, aquella que se demolió para dar paso al pasaje de la Revolución durante la administración alvaradista. El retablo, ahora dedicado a Nuestra Señora del Carmen, queda incómodamente pequeño para la nave del templo conventual. Desolador es recorrer las capillas laterales del templo, pues se encuentran vacías o con piezas de poco valor.

El barrio

En la plaza del Barrio de la Mejorada se instaló en abril de 1875 la primera vía férrea de Yucatán al iniciar la construcción de la vía Mérida – Progreso. Ahí se ubicó hasta 1920 la Estación Correspondiente a aquel tramo, año en el que se inauguró la Estación Central de Ferrocarriles.  A mediados de aquella década la plaza se dedicó a la memoria de Felipe Carrillo Puerto con un monumento y una pérgola, también se colocó la figura de José Rendón Peniche, quien fue el constructor de aquella primera vía férrea. Desde 1970 la plaza fue convertida en memorial de Los Niños Héroes.

En 1916 abrió sus puertas el Cine Venecia enfrente de la plaza del barrio en la calle 57, que en 1925 se convertiría en Odeón y poco después en el Cine Alcázar, de este último aún se conserva la sencilla fachada art-deco aunque hoy en día el inmueble funciona como estacionamiento.

Descubre un poco más de el Barrio de la Mejorada en nuestra cápsula:

 

Fuentes:

  • Relación Historial Eclesiástica de la Provincia de Yucatán de la Nueva España, escrita el año de 1639″, Francisco Cárdenas y Valencia.
  • “Historia de Yucatán” Diego Lópéz de Cogolludo (1688)
  • Catálogo de Construcciones Históricas del Estado de Yucatán (1946)
  • La Mérida Colonial, Barrera Osorio Abelardo

Un espeluznante descubrimiento en la Iglesia de la Tercera Orden

Templo de la Tercera Orden.

Roldan Peniche Barrera

Por el tiempo en que el Gral. Salvador Alvarado estuvo en Yucatán como gobernador del Estado, dispuso que el templo de la Terera Orden fuera arreglado convenientemente para cobijar a la primera Legislatura Revolucionaria de Yucatán.

Ingenieros, contratistas, maestros de obra y decenas de alarifes comenzaron a realizar la tarea. Pero al llevarse a cabo los trabajos de albañilería quedaron expuestos numerosos restos de difuntos ricos cuyas lápidas aún existían.

De tal suerte que cuando los obreros perforaban un simidero, se dieron de cara con la entrada de un espacioso subterráneo repleto de osamentas. Dice el Lic. Santiago Burgos Brito en un libro que “aquello era un verdadero pudridero, no precisamente para guardar momias, sino para almacenar restos humanos, en cantidad impresionante…

En algunos sitios veíanse esqueletos enteros, acaso de féretros que allí fueron dejados, y que se disgregaron complentamente con la acción del tiempo”. Era todo aquello, “una macabra confusión de cráneos, fémures y tibias”. Los trabajadores, aterrorizados ante aquella visión, huyeron del lugar, pero como no contaban con otra alternativa  de trabajo, tuvieron que regresar y cumplir con su cometido de limpiar aquella tonelada de huesos humanos, Dicen que los camiones iban y venían en incesantes acarreos, sin que aquel macabro material pareciera agotarse nunca. “Polvo eres…” rezan las escrituras.


Esta misma escena también ocurrió durante el saqueo a la Catedral de Mérida en 1915, año de la entrada de Alvarado al Estado. Todavía hoy se pueden apreciar en  las paredes de los  templos del centro de la ciudad las lápidas

En febrero de 1931 se publicó en el Diario de Yucatán la siguiente nota bajo el título de “Obsequio al Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán”.

“Nuestro ilustrado colaborador, el Duque de Heredia, ha obsequiado al “Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán” tres lápidas mortuorias que recogió en el templo de la Tercera Orden, cuando fue ocupado y destinado para sala de sesiones de la Legislatura del Estado.

Dichas lápidas cubrían los restos mortales respectivamente del señor don Francisco Antonio Tarrazo, que fue el primer Gobernador yucateco después de la independencia, del señor coronel don Sebastían Molas, que prestó importantes servicios al Estado en la guerra social, y del señor Pbro. don José María Celarain, quien dejó gran parte de sus bienes para una casa de beneficencia. “

Que estás lápidas hayan sido rescatadas de aquel desastre de obras en el antiguo templo jesuita evidentemente no es fortuito y seguramente tiene que ver con la calidad artística de aquellas lápidas y la importancia de los personajes a quienes representaban. ¿Existirán hoy en día en los inventarios del museo estás lápidas?

Si a tumbas famosas nos tuvieramos que referir, el primer caso a mencionar sería la tumba del fundador de la ciudad, Francisco de Montejo, cuya lápida se encontraba en el Convento Grande de San Francisco, del cual no queda nada. ¿Algún vecino de Mérida habrá rescatado aquella estela?

Otra tumba de importancia y pérdida en el tiempo es la de Manuel Cepeda Peraza, la cual se encontraba al interior de la capilla de San José, la cual fue demolida en 1915 para abrir el Pasaje de la Revolución.

Si recorres los templos coloniales, podrás descubrir en las paredes que todavía existen muchas de las placas que recuerdan a difuntos de Mérida, sobre todo aquellos que vivieron entre mediados del siglo XIX y principios del XX.