Breve historia del Circo Teatro Yucateco

Un día como hoy, 17 de junio, pero del año 1900, se inauguró el nuevo local del “Circo Teatro Yucateco”, célebre coloso de espectáculos, que a casi setenta años de su desaparición, sigue en el imaginario del barrio de Santiago. Decimos “nuevo local” por que según la Guía del Estado de Yucatán publicada por José E. Rosado en el año de 1896 para entonces ya existía un local con aquel mítico nombre, citamos.

“El Circo Teatro Yucateco – Este es un edificio suficientemente grande y extenso; su construcción es de madera y es siempre arrendado por las empresas de toros, circos, etc., siendo el lugar preferido por las compañías de zarzuela para las temporadas de verano. Su capacidad es de 5000 personas. Tiene 50 palcos y una hermosa galería. Lo administra el Sr. Agustín Vales C.”(1)

De este primigenio recinto administrado por quien sería jefe político de Mérida durante la administración de Olegario Molina poco se ha hablado. Aunque la guía no menciona ubicación, podría suponerse que era la misma en la que se ubicó el local que hoy esta de aniversario, calles 57 por 68.

El empresario de origen español Miguel Nogués quien figuraba como Director General de la Compañía del Circo Teatro Yucateco comunicó al Ayuntamiento de Mérida el 4 de junio de 1900 que las obras del local estaban concluidas: “tenemos el honor de participarle que ya está terminado el local del Circo Teatro Yucateco, como plaza de toros (…), si para ello tiene á bien concedernos su permiso esa H. corporación, dar la primera corrida de toros el próximo dia 17 del mes en curso” (2)

En el mismo documento, se pide a la autoridad municipal que se abstenga de los arbitrios municipales durante cinco años, para que la empresa pudiera subsanar los costos del local.

A un día de la inauguración se publicó en la prensa local un escrito firmado por el director de la Compañía del Circo Teatro

“Tenemos el honor de participar a ustedes que el Sr. Ingeniero D. Manuel G Cantón, ha rendido ya su informe al consejo de Administración de esta Compañía, relativo a la resistencia y cabida del Circo Teatro

Se citaban algunos de los puntos de aquel informe “Que en los tendidos o gradas de sol y sombra, dando un espacio de 50 centímetros por asistente, caben 2,379 personas mayores y 600 niños, pero que la resistencia 10 por grada más de las cifras indicadas”

“Que en la parte baja del edificio, donde están situados los palcos y gradas del escenario, hay completa seguridad cualquiera que sea el número de localidades que para esa sección se determine: pero que si se tiene en cuenta la comodidad que se le debe proporcionar a los espectadores, deben ocupar ese departamento 322 personas. “ (3)

Circo Teatro Yucateco autoría Mario Trejo Castro.

La inauguración se llevó a cabo aquel día 17 “Con una tarde de esas de entre gallos y media noche, se inauguró la temporada taurina de 1900. La entrada fué númerosa, y sin embargo de esto, no se cayó el Circo ni hubo que lamentar ningún accidente desagradable” Los matadores de aquella primera corrida fueron  “Silveiro Chico” y “Pipa”. Los banderilleros; Marinerito, el Gaditano, El Platerito, El Murciano y “El Piñoncito” también estuvieron en aquella primera tarde. Sobre el servicio de la plaza la prensa mencionó “muy malo, en honor de la verdad” (4)

La prensa nacional mencionó “Inauguróse con gran solemnidad el Circo Teatro Yucateco. El edificio estaba literamente lleno y lidiáronse cinco toros de la ganadería Yuateca “Sin Kenel” que resultaron verdaderas fieras.”(5)

Para hacernos una idea de como fue el transcurrir del Circo Teatro, citamos un fragmento de los “Fragmentos Meridanos” de Antonio Novelo Medina, esperando que sus memorias animen a más personas a dejar por escrito aquellos recuerdos y momentos vividos en este recinto:

En sus puertas animaba la entrada el maestro Marcos Cool, “Colitos”, que con su charanga, tanto en funciones de box como en las corridas de toros, era indispensable que interpretara “La Virgen de la Macarena”, con la que el músico se lucía con su trombón. 

También en nuestros años de secundaria de aquel entonces, el PRI armó un campeonato juvenil de box y la Federación Estudiantil Yucateca destacaba entonces en esas actividades. Pues bien, en ese campeonato tomó parte un conocido líder estudiantil Luis Ortiz Martínez, “El Oso”, que por su corpulencia y falta de entrenamiento en este rudo deporte, en el segundo round se “desinfló” y apenas podía mover los brazos y piernas por falta de aire. Para nosotros, muchachos, nos divertía mucho ver cómo Luis hacía esfuerzos sobrehumanos para poder moverse y desde luego, fue descalificado. Con el tiempo, Luis Ortiz Martínez, “El Oso”, destacó como poeta, declamador, locutor y sobre todo como un caballero de voluminoso cuerpo, cabellera rubia y ojos azules… 

En los años cincuentas del siglo pasado, entre peleas de box y lucha libre, ahí presenciamos una “velada” estudiantil del 50º. Aniversario de la Escuela Normal de Profesores, en la que se representó la Zarzuela “La Verbena de la Paloma”, en la cual destacó la actuación del Prof. Ernesto Pacheco Cetina, “Xándara”. También se presentó una pelea entre un toro y un tigre, espectáculo salvaje que el público morboso acudió a presenciarlo, como en los tiempos de Roma. (5)

Concluimos esta breve semblanza sobre el colo santiaguero con el artículo autoría de Manuel Cirerol Sansores, escrito en el verano de 1961, cuando ya habían pasado casi dos años de la última corrida, y el Circo Teatro estaba condenado a desaparecer.

¡Unos cuantos golpes más de la piqueta demoledora y, desaparecerá para siempre el antiestético armatoste de fierro y madera, mismo que desde el año 1900 vieran los meridanos en el cruzamiento de la calle 57 y 68!

Nos referimos al “Circo Teatro Yucateco”, edificio destinado para diversiones públicas… Corridas de toros, circo, luchas, box, cine, fantoches, ópera, opereta, comedia, drama, zarzuela y “bufos cubanos”… También fue utilizado para actos relacionados con la política y festivales escolares. 

Ahora bien, no obstante su deficiente escenario y reducido ruedo, prestó buenos servicios como teatro y plaza de toros, hasta las inauguraciones del Peón Contreras en 1908 y la plaza “Mérida” en 1929 respectivamente, y, aunque los nombres de los artistas que, durante más de media centuria actuaron en él, pasen al olvido, el destino ordenó una excepción…

¡Raúl del Monte! ¡El recuerdo de su compañia de bufos cubanos que trajera en 1906 será imborrable por razón de que, en el elenco de la misma, figuraron unos trovadores colombinos quienes hasta donde no es dable saber fueron los primeros en darnos a conocer las canciones típicas y pasillos de su país… Es decir, a ellos debemos la influencia del bambuco colombiano en la canción yucateca! (6)

(1) Guía de Yucatán, 1896. José E. Rosado. Biblioteca Yucatanense.
(2) LXXXII -1900 -2/2 -002. Comunicación del Director de la Compañía del Circo Teatro Yucateco al Ayuntamiento de Mérida. Biblioteca Yucatanense
(3) La Revista de Mérida, 16 de junio de 1900. Biblioteca Yucatanense.
(4) La Revista de Mérida, 18 de junio de 1900. Biblioteca Yucatanense.
(5) El Tiempo. 20 de Junio de 1900. Ciudad de México
(6) 77  Fragmentos Meridanos. Antonio Novelo Medina. 2013.
(7) Diario del Sureste, 17 de agosto de 1961.

Historia de la Colonia Jesús Carranza

Escrito por Arturo Gamboa Pavía en 1981

En los primeros años del presente siglo, nuestra Mérida comienza a convertirse en una de las ciudades más importantes de la república como consecuencia del auge henequenero entre los años de 1902 y 1906, precisamente durante el gobierno de don Olegario Molina son pavimentadas las principales calles de la ciudad, lo que la transforma, en una de las más limpias.

Como era de esperarse, lo habitantes también crecen en número tal que comienzan a rebasar los antiguos barrios tradicionales, San Cristóbal, San Juan, San Sebastián, Santiago, Santa Ana, La Ermita, etc.

Que en aquel entonces eran los límites de la ciudad. Y es así como se hace necesario la localización de nuevos terrenos para la ampliación de las áreas urbanas de los barrios ya mencionados, al mismo tiempo que fundar nuevos centros habitacionales en las afueras de la ciudad, principalmente para obreros, artesanos y en general de escasos recursos económicos.

Segundo edificio de la escuela Albino J. Lope inaugurado en 1948, cuando era gobernador José González Beytia

El trabajo que hoy nos ocupa, la fundación de la colonia Jesús Carranza, podría decirse que fue la segunda colonia fundad en Mérida ya que la primera fue la García Ginerés que se estableció en los terrenos de San Cosme, antigua finca de campo, el fundador lo fue el caballero español don Joaquín García Ginerés, tronco de la amable familia García Comas.

Volviendo al caso que nos ocupa vale la pena comentar que durante los acontecimientos de referencia se encontraba al frente del Gobierno del Estado, el General Salvador Alvarado, como gobernador y comandante militar, por disposición de Venustiano Carranza, primer jefe de la Revolución: Constitucionalista, ya para entonces en su apogeo y casi triunfante (19 de marzo de 1915, fecha de entrada al Estado del General Salvador Alvarado).

Las cualidades de que estaba dotado el General Alvarado venían muy a la medida para el caso que se trataba, como de incorporar a la Península al nuevo orden de cosas, pues era muy enérgico, de ideas muy radicales, y sobre todo, muy apasionado por la causa por la que había empuñado las armas. Era, en fin, uno de los abanderados de la revolución Carrancista y que traería como consecuencia la transformación social de la Península.

Por aquellos tiempos, los Ferrocarriles Unidos de Yucatán era la empresa más importante de nuestro Estado, precisamente el 23 de abril de 1911. Acto que podía, considerarse como arriesgado, dadas las condiciones que prevalecían en aquel entonces.

A finales del año de 1916, existían en los alrededores de Mérida, varias fincas, todavía muy prósperas, como Mulsay, Xoclán, Buenavista, Walis, Petcanché, etc. Los plantíos de esta última colindaban con los terrenos de la Plancha y sus trabajadores los encontraron magníficos para edificar una colonia ferrocarrilera.

Se formó una comisión pro-terrenos y que encabezó don Carlos Castro Morales, Vicente Ventura Avila, Celestino Avila, Juan Reyes Pantoja, Pomposo de la Fuente, Benigno Palma, Liborio Cahuich, Tránsito Sánchez y algunos que se escapan a la memoria, y de inmediato se entrevistaron con el Gral. Salvador Alvarado, y al plantearle la necesidad de que tuvieran sus casas lo más cercano a sus centros de trabajo, ordenó se expidiera un decreto, donde se acordaba la expropiación de los terrenos mencionados a la Hacienda Petcanché, cuyos propietarios eran doña Teófila Sierra y su esposo don Gregorio G. Cantón.

A principios de 1917 se inició el trazo de la colonia, estando a cargo de este trabajo el colono don Tránsito Sánchez; en un principio fue de 40 manzanas de a cien metros cada una, las calles de ocho metros de ancho, y obtuvo los siguientes linderos: al poniente, la calle 50, donde está la vía del ferrocarril de Mérida a Progreso denominadas Avenida Pérez Ponce (antes Joaquín Ancona Cámara) con la plazuela de Itzimná (en aquel entonces un pueblito).

Por el norte, el antiguo camino de herradura que conducía al pueblo de Cholul o camino real (en la actualidad Avenida Alemán hasta la calle 21), donde había un pozo y una casa donde se abastecía de agua a las mulas de las plataformas y bolanes que viajaban hacía Conkal, Cholul e incluso a Motul. Por eso a ese lugar se le denomino “El Pocito”.

Por la parte oriente, la actual calle 36 y los plantíos de la hacienda Petcanché, de la 23 a la 35. Por el sur, la calle 35 entre 36 y 50, colindando con los patios de la Plancha. Cabe mencionar que esta calle fue conocida como “La vaciladora”, pues se dice que era frecuentada por parejas de “dudosa reputación para sus citas amorosas.

El nombre de la Colonia.

Al continuar sus gestiones la comisión pro-colonia ferrocarrilera, en una de sus frecuentes visitas a Palacio discutió con el general el nombre de la naciente colonia.

La comisión propuso el nombre del General Alvarado, pero este lo rechazó en el acto, porque según su criterio, “no debían ponerse nombre de funcionarios activos a colonias, escuelas o calles”; se le propuso el nombre de don Venustiano Carranza, que era el primer jefe de la Revolución: pero también fue rechazado, por los mismos argumentos.

Mientras se barajaban los nombres de varias personalidades del momento, fue recibido en Palacio un telegrama en que se informaba que había sido asesinado en campaña el General Jesús Carranza quien al frente de una brigada combatía por la región del Istmo de Tehuantepec, y que era hermano del Presidente. Por lo que el Gral. Alvarado propuso, y fue aprobado, el nombre de don Jesús Carranza.

Inauguración de la colonia.

El domingo 16 de septiembre de 1917 a las 6 de la mañana es izada la bandera Nacional en el centro de la plazuela en un mástil para el caso ahí colocado. Se dispararon varias gruesas de voladores y se tocaron dianas, ya que este acontecimiento coincidía con el de nuestras fiestas patrias. A las 8 de la mañana hizo acto de presencia el encargado del Poder Ejecutivo, Dr. Álvaro Torre Díaz, en representación del Gobernador y comandante militar Gral. Salvador Alvarado. Los concejales del H. Ayuntamiento Sres. Gonzalo Lewis Heredia, Alfredo Valencia Pla y Edmundo Bolio Ontiveros. El discurso alusivo estuvo a cargo del concejal Lewis Heredia. También asistieron la mayor parte de los vecinos, así como de los comisionados pro-colonia. La banda de música amenizó el acto.

La naciente colonia Jesús Carranza, después de varios meses de gestiones, al fin, fue inaugurada solemnemente el domingo 16 de septiembre de 1817, con la asistencia de las autoridades municipales y gubernamentales, encabezadas por el Dr. Álvaro Torre Díaz, quien al correr de los años sería también gobernador de la Entidad.

Empieza la entrega de lotes.

El mismo día inaugural, los comisionados pro colonia y de acuerdo con los socios fundadores, dispusieron que la entrega de lotes se haga por medio de sorteos y, verificado el primero, resultó agraciado Abraham Cuán Cachimba, que trabajaba como carpintero en los talleres de La Plancha. Cabe mencionar que el lote que le tocó en suerte, es el que se encuentra situado al costado oriente de la plazuela, ahora al lado de la actual farmacia, y está marcado con el número 452 de la calle 38. Los lotes tenían la extensión de 24 x 50 metros en promedio.

Modelo común de las casas de la colonia

La construcción de las casas estuvo a cargo de los propios colonos, ya que la mayor parte fueron de madera, y como una muestra de la unión de los trabajadores del riel, entre todos trabajaban cada casa hasta terminarlas; así se veían carpinteros, pintores, albañiles e incluso mecánicos, paileros, herreros, empleados de escritorio e incluso maquinistas, trabajando en coordinación.

Al cabo de tres o cuatro domingos, quedaba terminada una casa y de inmediato se le daba posesión al propietario, así fue como se construyeron las primeras casas de esa colonia.

Los primeros vecinos.

El Sr. Abraham Euán, además de haber sido el primer vecino de la naciente colonia, fue el primero también en tener su pozo, y el predio cobró importancia por ser el único que contaba con el preciado líquido que surtía a los demás vecinos. Los primeros vecinos de que hay constancia fueron Juan Reyes Pantoja, Benigno Palma, Pomposo de la Fuente, Gerardo Cab, Justino Gonzalez, Secundino Tolosa, Federico Orozco, José Meneses, Francisco Bracamonte, Antonio Sandi, Marcelino Sánchez, Juan Cardeña, Dámaso Pat, José María Herrera, Augusto Cárdenas, Jesús Manzanilla, Pedro Pavía Pantoja, Martín Loeza, Francisco Acosta, entre otros.

Los primeros comercios.

Como era de esperarse, al proliferar los vecinos, hicieron su aparición los primeros comercios como una necesidad, siendo Manuel Pat el primero en instalar una tienda de abarrotes en la calle 40 entre 31 y 33 en el años de 1920. Luego surgió “El triunfo” (38 x 25), conocida tienda y panadería propiedad en aquel entonces de Francisco Acosta. Luego, “El Holbox” (40 x 27), de José Herrera y posteriormente “El Imán”, de Agustín Rosas, y que estivo situada en el cruce de las calles 38 x 31 en el ángulo sureste del parque.

En la esquina del “Pocito”, cruce de la actual avenida Alemán con 21, como ya dijimos en la primera parte de esta remembranza, existía un lugar donde se abrevaban las mulas que tiraban de las plataformas que salían rumbo a Cholul, Conkal y Motul. Años más tarde, en el ángulo sureste de la glorieta existió una destilería de aguardiente, propiedad de la familia López y que era conocida como “El tizz-cot” (rincón de albarrada).

Se extiende la colonia.

También existe constancia, que la primera parte de la colonia que se pobló fue la comprendida de la calle 40 a la 36, quedando por mucho tiempo la otra parte convertida en montes y al llegar vecinos, varios de ellos pretendieron denominar a esta parte, colonia “Maya”, (de la calle 40 a la 50), que no prosperó.

Así se establecen Sebastián Silveira, Laureano Alvarado, Buenaventura Ruiz, Eustaquio Martínez, Jacinto (El Chiquix) Chan, José Herrera, Pascual Cardoz, José L. Niño, Carlos Quetzal, Liborio Cauich, Arcadio Rosado, Pedro Álvarez, Canuto Batun, Juan LLanes, Álvaro Medina, Emilio (“El Tucho”), Poot, Mateo (Arañita) Gonzalez, quien también fundó la tienda “La Caperucita”, del cruce de la 29 x 42; Rafael Caamal, Andres Novelo, Cenobio (El Xut) Cetina, Anacleto Chávez, Esequiel Hernández, Álvaro Palomo, Silvestre Dzul, Hilaro Gutiérrez, Benito Canul, Manuel Valle, Elías Núñez, Tiburcio Canché, Gregorio Burgos, Feliciano Herrera, Eusebio Vázquez, Juventino Baeza, Victoriano Cruz e Ignacio Pérez.

Todas estas personas, al frente de sus respectivas familias, le dieron nuevo impulso a la colonia y empezaron a levantar las divisiones (albarradas), y sembrar los primero árboles frutales, que en una época fueron orgullo de la colonia, pues no faltaba una casa donde no hubiera de admirarse diversas clases de árboles frutales como naranjos, aguacates, mangos, mameyes, guanábanas, todos ellos proporcionados a los colonos por el vivero de “La Casa de la Agricultura”, que era una dependencia gubernamental, y estaba situado en terrenos del norte de Itzimná, hoy colonia México.

La colonia Carranza enfrenta serio reclamo.

Después del anterior advenimiento de nuevos vecinos, por un corto tiempo la nueva colonia pareció enfilarse hacia una etapa de tranquilidad y progreso, y se esperaba todo, menos las sombras de tormenta que se avecinaban presurosas sobre esos esforzados trabajadores.

En efecto, corría ya el año de 1919 y las garantías constitucionales ya habían sido restablecidas, y de hecho nuestra flamante Constitución de 1917, lo que aprovechó la Sra. Teófila Sierra propietaria de la Hacienda Petcanché y de terrenos donde se fundara la colonia, para apelar a la expropiación hecha a favor de los trabajadores ferrocarrileros e inició un juicio de restitución de derechos, mismo que llegó incluso a la Suprema Corte de Justicia, habiendo fallado está a favor de su antigua propietaria.

La situación se tornó crítica al llevar la orden de desalojar los terrenos en un plazo de 48 horas, habiéndose llegado a impartir la orden de intervención de la Policía Montada de aquella época.

Surge el Ángel de la Guarda de los Colonos.

Cuando estos sucesos hacen crisis, era presidente municipal de Mérida, el Lic. Don Enrique Recio, diligente funcionario, muy vinculado con los trabajadores. Gobernó la ciudad entre los años 1918 y 1919.

Los colonos ya habían entablado pláticas con doña Teófila y en las cuales no se había llegado a ningún acuerdo, habiendo decidido tal vez como último recurso, exponer su problema al Alcalde, quien después de escucharlos prometió de inmediato avocarse a la primera oportunidad a platicar con la propietaria de los terrenos y buscar una solución justa para ambas partes, lo que expuso desde la primera reunión. Invitó a la demandante que desistiera de sus propósitos, en vista de la difícil situación en la que iban a quedar los colonos al perder los recursos que habían invertido a base de sacrificio y de trabajo con el noble fin de obtener su casa.

Se dijo también que los colonos reconocían sus derechos como propietaria para reclamar, lo que según ella, le había sido arrebatado, pero que ellos –los colonos- invocaban, a sus sentimientos humanitarios, con el fin, si el caso lo requería, a pagar una indemnización.

Cabe mencionar que no fue fácil la intervención de Alcalde Recio, pues la señora Sierra siempre contestó de forma negativa; sostenía que en vista de haber sido víctima de un despojo, exigía la devolución de sus tierras y que con ninguna cantidad desistiría de sus propósitos de recuperarlas. Pero como dice un refrán, “Indio porfiado mata venado”, el Lic. Recio consigue al fin llegar a un acuerdo y acepta las condiciones de la Sra. Sierra, y que consistía en el pago, de contado, de la suma de 500 mil pesos, o sea medio millón de los de entonces. Y no quedando otra solución, se tuvo que aceptar, so pena de perderlo todo. El mismo Alcalde Recio intervino ante el Ejecutivo del Estado para gestionar un préstamo para liquidar esa cantidad. Los colonos por su parte tuvieron que reintegrar, cada uno, la cantidad de 250 pesos.

Una vez finiquitado el litigio con la propietaria de los terrenos, Sra. Teófila Sierra y que por fortuna tuvo un epilogo feliz gracias a la intervención del Lic. Enrique Recio, la colonia Jesús Carranza inició su despegue definitivo aunque lento con el advenimiento de nuevos vecinos.

Surgen nuevos comercios.

Ya hemos mencionado que casi al mismo tiempo de fundada la colonia surgieron las tiendas “El triunfo”, “El Holbox” y “El Imán”. Poco tiempo después, surgió la primera carnicería, propiedad de Carlos Vargas, misma que estuvo ubicada en la Calle 40 entre 31 y 33, otro comercio del mismo giro fuel el que existió en la esquina de la tienda “El triunfo”, propiedad de Desiderio Ortiz, a quien apodaban “El gallito”.

Para esa época surgió también la tienda “La caperucita” de Mateo Gonzalez y está ubicada en el cruce de la calle 42 x 29. Don Francisco Acosta, propietario de “El Triunfo” vendió la tienda a Tomás Solís y él, por su parte, fundó un molino que conservó el mismo nombre.

La primera farmacia de la colonia fue fundada en el cruce de la calle 40 x 31 y su propietario fue Alfredo Castellanos. Por razones desconocidas, este comercio tuvo una vida efímera y en ese lugar se instaló una pequeña tienda que se llamó “Don Galdino”, siendo la antecesora de la actual tienda “El Renacimiento” que hasta hoy funciona es ese sitio. La primera cantina fue “El marinero”, fundada por Gonzalo Lope, quien falleciera trágicamente.

Empieza el servicio de transporte.

Corría el año de 1923 cuando se inició en la colonia el servicio de camiones (huahuas), servicio que prácticamente se hallaba en pañales, ya que el transporte en la ciudad era de tranvías. Los camiones entraban por la calle 50, bajando de la 37 hasta la 35 (“La vaciladora”), recorriendo hasta la calle 40, o sea la esquina del “Triunfo” donde estuvo su primera terminal, que posteriormente se prolongó hasta la glorieta del “Pocito”.

Dos años después, es decir en 1925, se hizo el terraplén y el tendido de rieles para los tranvías que darían servicio a la colonia. Labores que estuvieron a cargo del Sr. José L. Niño, quien ejercía el puesto de Jefe de Vías de los Ferrocarriles Unidos de Yucatán. Lamentablemente este servicio duró poco menos de un año, en virtud de la decadencia del servicio, el cual fue asfixiado poco a poco por el servicio de camiones.

La educación en la colonia.

Desde el año de 1926, la Sita Josefita Sánchez fundó la primera escuelita (particular) en el predio de su padre Sr. Marcelino Sánchez ubicado en el cruce de las calles 40 x 79, propiedad actualmente de la familia Cardeña Franco. Cabe mencionar que esta pequeña escuela función apenas dos años.

Casi a finales del mismo año empezó a funcionar otra escuela en la calle 33 entre 28 y 40 y que en ese entonces era propiedad de Eusebio Vázquez. Esta escuela se denominó “Jesús Carranza” y el primer responsable de ella fue don Augusto Talavera León.

Al año siguiente, el Sr. Talavera efectuó gestiones ante las autoridades educativas para que la escuela sea reconocida como oficial y uno de sus primeros pasos fue reclutar a un grupo de maestros recién graduados entre los que se encontraba la ameritada maestra Hortensia Palma.

Según relata la propia maestra Hortensia, unos de los requisitos para reconocer a la escuela fue además el que tuviera 60 alumnos, que tenía que ser verificado por las autoridades, fue necesario salir de casa en casa a reclutar a los niños y casi a suplicar para que asistieran cuando menos el día de la visita del gobernador don Álvaro Torre Díaz y el jefe del departamento de Educación Pública.

Fue así como el Dr. Torre Díaz, encontró a niños sin tener donde sentarse, algunos sobre cajones y sin mesa bancos, por lo que giró instrucciones para que la naciente escuela tuviera su primer mobiliario.

Para ese entonces, los alumnos se dividieron y se formaron dos grupos: uno de varones y otro de niñas. El de niñas fue reconocido como Esc. Libertad Menéndez y el de varones, Esc. Jesús Carranza. Del grupo de niñas se hizo responsable la maestra Hortensia Palma y como auxiliar la Profa. Adelina Gongora Triay y del grupo de varones se hizo cargo el Prof. Alonso Vera Cordero y como auxiliar el Prof. Álvaro Manzanilla. El maestro Talavera fue trasladado a otra escuela.

Fue un 11 de enero de 1927, cuando recibieron su nombramiento oficial los maestros de la escuela, que funcionaba regularmente en el mismo local, pero fue fusionada de nuevo al poco tiempo y se designó como hasta la presente fecha “Albino J. Lope”, siendo su primer director don Raymundo García.

Como era la plaza de la colonia.

Al efectuarse el trazo de la plaza de la colonia, se sacó una superficie cuadrada de cien metros por lado. Toda esta, desde el día de su fundación se encontraba abarrotada de troncos de henequén, con algunos arbustos, principalmente espinos (catzín, subín, etc.).  Tenía además grandes bancos de piedra que formaban algunos altillos, aparte de mucha piedra suelta. Es necesario decir que para épocas de lluvias se convertía también en un pequeño monte. También existían dos o tres cuevas de las que los vecinos extraían sascab para sus casas.

Primer edificio de la escuela Albino J Lope

Era muy común ver por esos años y en esos lugares, pastar a los caballos y cabras y fue la primera Junta de Mejoras, fundada en 1928 y de la que hablaremos más adelante, la que dio a la tarea de nivelación, comenzando por los bancos de piedras y rellenos de cuevas.

En el centro de la plaza fue instalada un astabandera y se petrolizó un área de unos treinta metros de circunferencia donde se daban bailes y vaquerías.

Después de varios meses de arduo labor, la Junta de Mejoras, consiguió nivelar la plazuela en su mayor parte y ahí se instaló un diamante de béisbol, quedando el vértice del jom en el cruce de las calles 29 x 38. La primera cancha de básquet estuvo ubicada en la esquina noroeste de la plaza (40 x 29). Por ser muy rudimentaria y no contaron pisos buenos, nunca se usó para juegos oficiales, pero no fue un obstáculo para que los aficionados hicieran sus prácticas con todo entusiasmo

 

 

Los Tranvías de la Ciudad

*Victor Suárez Molina (1909 – 1990)

Acontecimiento extraordinario fue el ocurrido en la entonces tranquila ciudad de Mérida el 15 de septiembre de 1880 al inaugurarse la primera línea del ferrocarril urbano como en sus primeros años se llamó a la línea de tranvías urbanos. Empresarios de esta fuero los señores Eusebio Escalante e hijo y Manuel Dondé y Cámara; el director de la obra fue el Lic. e Ing. Olegario Molina Solis y su primer superintendente el Sr. Joaquín Suárez Cámara.

Aquella primera línea fue tendida de la esquina de Las DosCaras (hoy de las calles 58 y 65) hasta el costado norte de la Plaza de laMejorada frente a la estación, entonces ahí ubicada, del ferrocarril de Méridaa Progreso. Las tres primeras líneas tendidas después de la Mejorada fueron las de la calle de los Hidalgos, la de Santa Ana y la de Santiago.

Otros varios presuntos empresarios entre ellos el Dr.Waldemaro G. Cantón y el Sr. Genaro Cervera solicitaron por esa época concesiones del Ayuntamiento para diversas líneas de tranvías pero ninguno hizo obra alguna de tendido de rieles y finalmente se limitaron a traspasar sus concesiones a los Sres. Escalante y Dondé Cámara, cuya empresa llevó inicialmente el nombre de Tranvías del Centro de la Ciudad de Mérida.

Crecieron los negocios de la empresa y para 1890 sus líneas tenían una extensión de 21,950 metros. Poco a poco estas se habían ido extendiendo por las principales calles de la ciudad y al finalizar el siglo cruzaban de norte a sur, desde el entonces pueblito de Itzimná hasta el Cementerio General, y de oriente y poniente desde la Mejorada hasta Santiago y más tarde desde Chuminopolis hasta la Penitenciaría Juárez.

Los conductores de los carros anunciaban en un principio su llegada a las esquinas con una cornetilla. Años después se colocaron en los vehículos campanillas accionadas con la mano o con el pie, para el mismo fin.

La compañía instaló sus oficinas en amplio local que compró en el costado sur de la Plaza Principal, lugar desde el cual se dirigía el movimiento de carros y se atendían las demás operaciones de la compañía.

El progreso de la empresa hizo que se diera a esta una forma más adecuada para su funcionamiento y el 18 de junio de 1891 se constituyó la Cía.De Tranvías de Mérida S.A. la que comenzó a operar el 1 de julio siguiente. Su capital social fue de $400,000.00 dividido en acciones a mil pesos.

El primer presidente de su consejo de administración fue don Eusebio Escalante Bates y entre los miembros del mismo figuraron en la últimadécada del siglo XIX los señores Manuel Dondé Cámara, Nicolás Escalante Peón,Pedro Peón Contreras, Joaquín Peón, Ricardo Gutiérrez, Emilio J. de Arana yManuel Pinelo Montero.

A la muerte del superintendente Joaquín Suárez Cámara ocurrida en 1890 le sucedió en el cargo don Joaquín Castillo Peraza y más tarde don Pablo R. Sarlat.

Después, suprimido el puesto de superintendente quedó al frente de la administración de la empresa un gerente. Entre los que tuvieron este cargo en un principio figuró don Arturo Escalante Galera y entre los que figuraron en los últimos años de la empresa, los señores Francisco Escalante Sosa, José Sacramento, Juan Sarlat y Ernesto Cisneros Canto.

El primer depósito para sus tranvías lo tuvo la compañía en la 3ª calle de los Baqueiros (hoy calle 57 entre 57 y 54), pero por decreto del Congreso del Estado se vio obligada en 1891 a trasladar su Depósito General al poniente de la ciudad entre las calles 86 y 88. Para entonces tenía un servicio la empresa de 38 carros, número que en 1898 llegó a 45 con más de 200 mulas para tirar de ellos.

En ese último año salían del centro de la ciudad los carros para diversos rumbos de la urbe con medio hora con excepción de los de Santiago, Mejorada e Itzimná que salían cada 15 minutos.

Al extender sus líneas a lugares lejanos del centro, la empresa se vio obligada a hacer fuertes erogaciones, especialmente en las líneas del Rastro Público y de Itzimná, para ampliar las estrechas calles que entonces conducían a esos puntos, pues tuvo que comprar predios o indemnizar a los propietarios de terrenos necesarios para ampliar las calles, de modo que estas tuvieran ancho suficiente para el tendido de rieles y para el tránsito de carruajes particulares.

En el entonces pueblo de Itzimná habían comenzado a construir sus casas de veraneo muchas familias de Mérida y aunque existían dos caminos, más o menos transitables para llegar al lugar, el que pasaba por Santa Ana y el antiguo camino de Conkal, la compañía de tranvías hizo llegar al lugar una de sus líneas y para hacer está más redituable inauguró allí el sábado 13de mayo de 1893 un centro de diversiones que fue conocido con el nombre de losRecreos de Itzimná, centro que alcanzó gran popularidad y estuvo en serviciohasta la segunda década del siglo XX.

Estuvo instalado en el centro provisionalmente en la parte sur de la plaza de Itzimná y más tarde se trasladó a un amplísimo terreno que al norte de la misma adquirió la empresa en parte del cual se levanta hoy el Colegio Montejo.

Entre los juegos y diversiones instalados en los Recreos cabe citar el carrusel, la veleta moderna o rueda de la fortuna, una carrera de velocípedos sobre la vía férrea de 500 metros, los velocípedos aéreos, un laberinto, un trampolín, tiros al blanco, una montaña rusa, instalada en 1899 y otros juegos para grande y chicos. Contaba también el lugar con un teatro de variedades y un pabellón de dos pisos para descanso y refresco del público que todavía muchos años después, ya desaparecidos los juegos, servía de templete, con amplia gradería para ver los encuentros del béisbol y fútbol que tenían en lugar en sus terrenos.

El lugar era muy concurrido por la gente de Mérida, especialmente en domingos y era frecuente que en las tardes de estos tocará ahí la Banda de Música del Estado. Allí en los Recreos, una empresa norteamericana hizo el domingo 19 de abril de 189 la primera exhibición y dio la primera audición pública en el Estado, de un gramófono.

Cuando durante el gobierno del Lic. Olegario Molina Solis se pavimentaron las calles de la ciudad, fue necesario sustituir los primitivos rieles corrientes por otros más gruesos llamados de ciudad, en tanto que los delgados sirvieron para ampliar las rutas a los barrios y abrir otras.

Ya iniciado el siglo XX la compañía de los tranvías siguió los mismos pasos que los demás negocios en los que estaba involucrada la casa Escalante y la mayoría de las acciones de la empresa pasaron a manos del Banco Peninsular Mexicano, S. A. de C.V. Más tarde, el 15 de julio de 1917 se reorganizó la empresa,con el mismo nombre y con capital de $800,000.00 cuyos principales accionistas fueron los señores Agustín Vales Castillo y Rogelio V. Suárez.

Desde tiempo atrás se había venido estudiando la posibilidad de sustituir en los tranvías de tracción animal por tracción eléctrica de troles o de acumuladores y finalmente se adoptó este último sistema y se pusieron en servicios los dos primeros carros movidos por acumuladores eléctricos el domingo 27 de abril de 1919 en la ruta a Chuminopolis. El éxito fue satisfactorio porque por el rumbo no hay guaguas “comentaba al día siguiente La Revista de Yucatán”.

La tracción eléctrica no fue sin embargo tan satisfactoria como se esperaba y pronto en vez de los acumuladores se instalaron en todos los tranvías motores de gasolina. Aparte de los carros para transporte de pasajeros tuvo también la compañía tranvías para servicios fúnebres para trasladar cadáveres y dolientes al Cementerio General. Tubo también servicio de plataformas de cargay servicio especial de carros para el transporte de carnes del Rastro Público al mercado de carnes “Lucas de Gálvez”.

En la tercera década del siglo XX sobrevino una decadencia y la ruina de la empresa a causa de los continuos conflictos obrero-patronales que entonces surgieron.

Paso en 1929 la negociación a ser administrada por sus propios trabajadores y finalmente por presión oficial suspendió sus servicios y se declaró en quiebra. Al hacerse cargo del gobierno el Profesor. Bartolomé García Correa (1930 – 1934), intervino en el conflicto y propició la formación de una Cooperativa de tranviarios para la adquisición de camiones de pasajeros, los que comenzaron poco a poco después a operar algunas de las rutas de los tranvías que fueron suprimidas, mientras otras se reducían por las corridas en otras rutas por orden del gobierno, hasta suspenderse totalmente el servicio.

Rutas de tranvías anunciadas para el año 1898 (“La Revista de Mérida”)

Ya en la quiebra la empresa, sus bienes fueron rematados en pública almoneda el 8 de marzo de 1934. Los rieles rematados fueron levantados poco apoco de las calles de la ciudad y vendidos por los rematadores como vigas para la construcción de casas.

Al suspender sus servicios la compañía contaba con un total de 50,850 metros de vías tendidas, de las cuales 28,654 eran de los llamados rieles de ciudad y los restantes era de rieles delgados o corrientes. Las rutas existentes eralas de las colonias Vicente Solis y García Ginerés, las de Itzimná y Chuminopolis, la de la Cruz de Gálvez, la del Cementerio General con un ramal al Rastro Público de la Industrial, las de las calles 52 y 42 sur, las de la 65 y la 69 poniente, las de las calles 66 y 76 norte, la de Santiago y calle de Sisal y algunas pequeñas ramificaciones.*

*Los datos aquí presentados están tomados de dos artículos: El ferrocarril urbano de Mérida por José Tiburcio Cervera, en “LaRevista de Mérida” del 15 de septiembre de 1891,y Tranvías y Teléfonos, por Manuel Correa Villafañe en “La Sombra de Cepeda”,29 de junio de 1890; además de muchas noticias publicadas en “La Revista deMérida”, y “La Revista de Yucatán”, así como de documentos en el archivo personal del autor.

*Artículo publicado en el Diario de Yucatán el 30 de septiembre de 1973

Tranvía en la puerta del Palacio Municipal