La noche vieja meridana de 1900

El hundimiento del siglo XIX en los abismos de la eternidad y advenimiento del XX, se celebró en Mérida con entusiasmo inusitado.

Desde las primeras horas de la noche del lunes último, las calles de la ciudad se vieron pobladas de gentes que iban y venían participando del general entusiasmo.

La plaza mayor estaba profusamente iluminada, y en ella la banda de música del Estado desde las nueve de la noche hasta cerca de la una de la madrugada del martes, estuvo tocando sus mejores piezas.

La afluencia de gente se hacía notar en los corredores situados en los costados norte y poniente de la plaza, en donde los restaurants, adornados con palmas y gallardetes, estaban literalmente llenos.

Al mismo tiempo se celebraban fiestas coreográficas en varias casas particulares, se cenaba alegremente, etc. La sociedad de artesanos “el bien reciproco” solemnizó con una bonita velada la entrada del siglo y el 7° aniversario de su fundación y la “Recreativa popular” dio un magnificó baile.

Cuando dieron las doce de la noche, hora que marcaba en el inmenso reloj del tiempo el ultimo segundo del siglo XIX y el primer hálito de vida del XX, hubo algo así como un estremecimiento general.

A esa hora, las personas que cenaba en los restaurants se levantaron conmovidas con la copa de champagne en la mano y dijeron sentidas frases de despedida al siglo que agonizaba dando al mismo tiempo la bienvenida al nuevo: frases de esperanzas y alegría resonaron en todos los labios.

 A aquellos espontáneos brindis, hacían coro las campanas de los templos echadas a vuelo, el toque de cajas y cornetas, los cohetes que estallaban en el espacio, las dianas, las notas del gran himno nacional, y los prolongados pitazos de los trenes y de las máquinas de las diversas fábricas de la ciudad. Aquello fue la explosión de alegría y entusiasmo.

A esa hora, en Catedral, se celebraba ante inmensa concurrencia una misa en que ofició del Pontifical el señor Obispo.

Luego los conmovedores acentos del Te Deum llenaron el templo haciendo vibrar las anchas naves de nuestra Basílica. En todos los templos de la ciudad hubo también ceremonias religiosas.

Hasta cerca de las tres de la mañana se veían las calles llenas de gente que volvía de las fiestas o de las muchas serenatas que hubo en esa noche.

El siglo XIX, duerme ya en el profundo sueño del tiempo.

La Revista de Mérida, 3 de enero de 1901.

*Imagen ilustrativa, corresponde a las fiestas presidenciales de febrero 1906

La batalla de Santa Ana: Nochebuena de 1876

Desde diciembre de 1875 habían brotado en el pueblo de Dzilam las primeras chispas de la revolución porfirista en Yucatán.

El primero de febrero de 1876, se pronunció en la villa cabecera de Temax el coronel don Teodosio Canto, al frente de un núcleo considerable de guardias nacionales, secundando el “Plan Regenerador de Tuxtepec” y pronto estallaron sucesivamente, rebeliones más o menos importantes en diversos puntos del Estado, contra el Gobierno del señor Lic. Don Sebastián Lerdo de Tejada, pero sin cohesión, sin unidad de acción, porque mientras en unas se enarbolaba la bandera porfirista, en otras se izaba la del señor Lic. Don José Maria Iglesias.

El señor General don Guillermo Palomino, jefe de las armas de acuerdo con el señor Gobernador Lic. Don Eligio Ancona, activa y tenazmente mandaba batir, siempre con buen éxito, a las partidas de revolucionarios, donde quiera que aparecían, y en julio, el Teniente Coronel don Ramón Reguera derrotó en Tunkás al Coronel Canto, que al mando de quinientos hombres, cálculo aproximado, se había fortificado en aquel pueblo.

El coronel Canto se dirigió entonces a Valladolid a conferenciar con el coronel don Francisco Cantón, cuyo prestigio político y militar en el oriente le era bien conocido.

El 10 de diciembre se levantaron simultáneamente en las villas de Tizimín y de Espita, respectivamente, los Coroneles don Santiago Pérez Virgilio y don Heliodoro Rosado y en los alrededores de la ciudad de Valladolid el Coronel Cantón, adhiriéndose al Plan de Tuxtepec, y en seguida las poblaciones de los dos primeros partidos secundaron el movimiento, sin que en ninguna de ellas se disparase un tiro, se vertiese una gota de sangre, ni se registrarse ninguna violencia, respetándose la vida y la libertad de los Jefes Políticos y demás autoridades.

La columna revolucionaria, reforzada con la guarnición de Izamal, continuó su avance sobre la Capital, a cuyas goteras llegó sin haber tropezado con el enemigo.

En Conkal, a diez y seis kilómetros de Mérida, punto en donde se incorporaron los Coroneles Canto y Rosado. Al emprenderse la salida, ordenó el coronel Cantón que cada soldado cargase con un saquillo lleno de tierra para improvisar trincheras, previendo que al llegar a la capital sería inmediatamente atacado sin darle tiempo de fortificarse.

Espiraba la tarde del 24 de diciembre, cuando los revolucionarios llegaron a la plaza del suburbio de Santa Ana, norte de la ciudad, y sin perdida de tiempo, se apresuraron a ocupar las alturas y posiciones estratégicas y a formar trincheras y parapetos con los saquillos traídos, con piedras, y en la desembocadura de las calles por donde necesariamente debían ser atacados, con pocas de henequén que casualmente encontraron a la mano, según unos y según otros, detenidas allí exprofeso por disposición de un hacendado simpatizador de la revolución propietario de ellas.

Las fuerzas sumarían alrededor de ochocientos hombres, deficientemente armados, una parte con viejos fusiles de percusión y con escopetas y los restantes con machetes.

Aún no terminaban las improvisadas obras de fortificación, de ocho a nueve de la noche, cuando se escuchó el estampido de un tiro de artillería, cuyo proyectil rebotó en la gran trinchera de pacas de henequén que cerraba la hoy calle 60, que de la plaza de Santa Ana conduce a la principal.

Momentos después, una columna de cuatro a quinientos hombres, tropa de línea, acaudillada por el intrépido teniente coronel don Ramón Reguera, quien venía a caballo por la mencionada calle, rompió sus fuegos sobre el campamento de los revolucionarios.

Estos rechazaron vigorosamente la agresión y contuvieron el empuje arrollador de la columna asaltante.

El coronel Cantón ordenó que el coronel don Juan Mendoza, al frente de una sección saliera a batir el flanco derecho del enemigo, comunicándole instrucciones reservadas.

-Señores, -dicen que exclamó el coronel Cantón, dirigiéndose a sus oficiales a romperse a los fuegos, -recuerden ustedes que estamos en Noche Buena y que nos espera una magnifica cena, después de la victoria.

Transcurrido el tiempo necesario y no oyendo el coronel Cantón, pendiente del movimiento ordenado al coronel Mendoza, señales de combate en el flanco o retaguardia del enemigo, corrió al sitio de donde debió partir y le encontró todavía sin cumplir la orden recibida. El coronel Cantón, le reprendió duramente, puso al frente de la sección al Capitán don Juan Méndez, de Cansahcab, y le lanzó sobre el flanco de la columna asaltante.

La lucha fue breve, pero encarnizada. Los proyectiles que de las trincheras y de las alturas llovían sobre las compactas filas del Teniente Coronel Reguera, que se batían a pecho descubierto, hicieron en ellas sensibles destrozos y aquel, herido ya su caballo, se vio precisado a emprender violenta retirada, abandonando a parte de sus muertos y heridos.

En aquellos momentos desembocó en la calle 60 la sección del Capitán Méndez cortó la columna y copó a una guerrilla de veinticinco o treinta federales, mandados por el Capitán Martínez, los que fueron conducidos prisioneros al campamento. Fue opinión general, que si en lugar de hacerlo a cien metros solamente de Santa Ana, hubiera desembocado más al Sur como se le ordenó, probablemente hubiese apresado al mismo Teniente Coronel Reguera y a la sección de artillería.

En el ardor de la victoria, los vencedores pidieron marchar en seguida a tomar las posiciones gobiernistas aprovechando el desconcierto de los vencidos; pero el coronel Cantón previendo saqueos, violencias y desordenes difíciles de evitar en un asalto, y en ahorro de más efusión innecesaria de sangre, se negó enérgicamente a complacerlos.

Comentándose aquel hecho de armas, se rumoró entonces que el General Palomino se oponía al ataque a Santa Ana en vista de las noticias que llegaban del triunfo de la Revolución y considerando inútil mas derramamiento de sangre, obstinándose el Teniente Coronel Reguera en verificarlo; pero que enterado el primero del encarnizamiento del combate y de las perdidas sufridas, mandó orden de retirada, orden que el Teniente Coronel Reguera obedeció con viva contrariedad, desarrollándose luego entre ambos Jefes, con tal motivo una escena violenta y desagradable.

Lamentables fueron las perdidas sufridas por ambas partes contendientes, siendo, naturalmente menores las de los revolucionarios, defendidos por sus parapetos, contándose entre estás, la muerte del valiente joven don Joaquín Acereto, quien en lo más recio del combate, por tercera vez saltó temerariamente sobre la trinchera, desde la que hacía fuego y de donde dos veces había sido bajado por el coronel Cantón, cayendo al fin mortalmente herido.

Se refirió en aquellos días, que aludiendo el teniente coronel Reguera al coronel Cantón y a los deficientes elementos con que marchaba sobre Mérida, dijo en un circulo de amigos, sonriendo desdeñosamente:

-Le conoceré por la espada. Tal incidente, si en efecto ocurrió, debió aumentar la mortificación que por su derrota sufrió el valiente militar.

Levantando el campo y dictadas las precauciones conducentes a evitar una sorpresa, al mediar la noche, los coroneles Cantón, Canto, Rosado y Erosa y los principales oficiales, cenaban alegremente, celebrando la Noche Buena y el triunfo obtenido y brindándose por el señor General don Porfirio Díaz, y por el Plan de Tuxtepec, reformado en Palo Blanco.

Al día siguiente, fue destacado el coronel Rosado, al frente de cien hombres, para ocupar Progreso, el principal puerto y llave del Estado.

Al llegar a su destino, le enteraron que al saberse el desastre de Santa Ana, acababan de reembarcarse quinientos rifles con su dotación de tiros, recientemente traídos a consignación del Gobierno, con el propósito de desembarcar en otro punto.

El coronel Rosado mandó inmediatamente embarcaciones armadas en su persecución, lográndose la captura de los rifles y cartuchos que, conducidos en seguida al campamento de Santa Ana, sirvieron para armar ya convenientemente a las tropas tuxtepecanas.

Sabiéndose ya el triunfo definitivo de la Revolución y la ocupación de la capital de la república por el General don Porfirio Díaz, se acordó suspender las hostilidades.

Pocos días después desembarco en Progreso el coronel don Protasio Guerra, enviado por la revolución triunfante para restablecer la paz y organizar la nueva administración en Yucatán, y el coronel Cantón, por medio del Coronel Rosado, le envió la más cordial bienvenida y se puso a sus órdenes.

Aquella revolución, coronada por un éxito feliz a los catorce días de iniciada, ha sido acaso la más breve y la que menos vidas y daño ha costado al país, entre la muchas que registran los anales de Yucatán en su largo índice, pues no se libró en ella más combate que el de Santa Ana. Felipe Pérez Alcalá
25 de diciembre de 1912.

Deconstruyendo el Palacio Cantón

El 10 de diciembre de 1959, el entonces presidente de México Adolfo López Mateos inauguró el Museo Regional de Arqueología, tomando como sede el Palacio Cantón en Paseo de Montejo. La exposición inaugural consistió en una colección de dibujos de Diego Rivera, propiedad de la señora Dolores Olmedo de Philiphs[1]. Desde mayo de 1958, ya funcionaba en el inmueble el Instituto Regional de Antropología e Historia, y en septiembre del mismo año había llegado la colección Schultzemberg[2].

Para celebrar el 60 aniversario de aquel acto inaugural, el Museo Regional de Antropología Palacio Cantón inició esta semana las actividades conmemorativas, y lo hizo a lo grande con dos conferencias impartidas el pasado 10 y 11 de diciembre. La primera “El Palacio Cantón, testigo de la historia” por la Dra. Blanca Gonzalez Rodriguez autora de “El Palacio del General Francisco Cantón” (2011) y “El Museo Yucateco, forjando una identidad” (2018).

La también ex directora del Museo sintetizó la historia del inmueble como residencia de la familia del General Francisco Cantón. Precisó que, a diferencia de otros personajes de la época, Cantón no fue un gran empresario henequenero y que pese a poseer la hacienda “Kantó”, su fortuna provino de la venta del ferrocarril Mérida – Valladolid de la que fue concesionario. $5,000,000.00 de pesos recibió por esta venta y que invirtió en adquirir distintas propiedades.

El general, nacido en Valladolid en 1833, ocupó el ejecutivo del estado entre 1898 y 1902 periodo en el que según la historiadora se realizaron dos hechos importantes para Cantón; la finalización de la Guerra de Castas de la que fue parte activa desde los 16 años y la construcción del Paseo de Montejo, planeado desde 1888. La falta de apoyo del presidente Porfirio Díaz hizo inviable la reelección por lo que al finalizar el cuatrienio se retiró de la política. Poco tiempo después inició la construcción del “Palacio” que se da por concluida en 1911, el cual habitó hasta su muerte ocurrida en enero de 1917.

Tras la debacle económica, los descendientes del general tuvieron que abandonar la suntuosa residencia en mayo de 1932, año que marca el inicio de la vida del Palacio como recinto público “el único de Montejo” comenta la exdirectora. Entre 1932 y 1937 albergó la Escuela de Bellas Artes, desde ese año hasta 1948 fue destinado como Escuela Primaria Hidalgo. En mayo de 1950 y tras una serie de restauraciones se dispone como residencia de los gobernadores hasta 1959, cuando se cede al mencionado Instituto de Antropología e Historia.

La Dra. Gonzalez concluyó recapitulando algunas de las exposiciones de las que fue parte durante su gestión al frente del Museo, como la visita de la reina Sofia de España y del entonces príncipe Naruhito de Japón. Destacó el trabajo realizado por el museo desde finales de los noventa para atraer al público más joven al palacio, cuando la única computadora existente era destinada a actividades interactivas. La noche finalizó con la presentación de la Orquesta Típica Yucalpetén en la terraza del Palacio.

El día 11 tocó turno de escuchar a la Dra. Gladys Arana, quien presentó la conferencia “El Palacio Cantón, deconstruido. Del silencio de la piedra al latido de la memoria”. Arquitecta de formación, ha dedicado gran parte de su trabajo académico a estudiar la vivienda porfiriana. Trabajo que, tal como señaló el actual director del Museo Palacio Cantón el arquitecto Bernardo Sarvide Primo, es ya fundamental para estudiar la arquitectura yucateca.

En la charla, la autora de “La vivienda de la burguesía en Mérida al cambio del siglo 1886-1916” se propuso deconstruir al Palacio Cantón; esto es describir críticamente.  A través de un perfume proporcionado a los asistentes, la autora invito a la deconstrucción para trasladarnos a la época del Palacio Cantón.

El Palacio Cantón actualmente esta presentando la exposición “La Palabra invisible” sobre la escritura en glifos mayas.

La primera deconstrucción la planteo al Paseo de Montejo, señalando que su inició debió ser desarrollado desde la hoy calle 56, desde la ciudadela de San Benito hacia el norte. Esta hipótesis a partir del mapa de la ciudad realizado durante el Segundo Imperio. A través del análisis de los primeros propietarios de los terrenos en los que hoy se encuentra el paseo, se ha propuesto generar nuevas lecturas sobre el emblemático lugar.

Deconstruyó la idea de Mérida como una ciudad afrancesada, señalando que, salvo las Casas Cámara, la mayor influencia arquitectónica es italiana. Afirma, el Paseo de Montejo estaría más relacionado con la ciudad lineal del español Arturo Soria y Mata que con los campos elíseos de la ciudad luz. Respecto al artífice de la monumental obra del Palacio, pone en duda que sea el tan mencionado arquitecto italiano Enrico Deserti e inclusive, resultado de sus investigaciones, pone en duda que fuese arquitecto.

A través del estudio de las plantas arquitectónicas del Palacio, la Dra. Arana López esta trabajando en recuperar el proyecto original pues según su hipótesis, mucho de lo que acabo construyéndose fueron adecuaciones hechas sobre los planos originales, los cuales guardarían gran similitud con una clásica villa del norte de Italia.

Las consideraciones antes expuestas son parte del trabajo que la arquitecta ha realizado desde 2013 cuando fue invitada a colaborar con el Museo, y que esperemos pronto sea publicado. También esperamos pronto la reedición del libro de “El Palacio del General Francisco Cantón” (2011) de la Dra. Blanca Gonzalez.

¡Larga vida al Museo Palacio Cantón!

[1] Espíritu público, Periódico oficial del Gobierno del Estado, 8 de diciembre de 1959. Hemeroteca Digital UNAM.

[2] “Yucatán” Boletín mensual publicado por la oficina de prensa e información del Gobierno del Estado, 15 de octubre de 1958. Archivo de la Universidad Autónoma de Yucatán.