Deconstruyendo el Palacio Cantón

El 10 de diciembre de 1959, el entonces presidente de México Adolfo López Mateos inauguró el Museo Regional de Arqueología, tomando como sede el Palacio Cantón en Paseo de Montejo. La exposición inaugural consistió en una colección de dibujos de Diego Rivera, propiedad de la señora Dolores Olmedo de Philiphs[1]. Desde mayo de 1958, ya funcionaba en el inmueble el Instituto Regional de Antropología e Historia, y en septiembre del mismo año había llegado la colección Schultzemberg[2].

Para celebrar el 60 aniversario de aquel acto inaugural, el Museo Regional de Antropología Palacio Cantón inició esta semana las actividades conmemorativas, y lo hizo a lo grande con dos conferencias impartidas el pasado 10 y 11 de diciembre. La primera “El Palacio Cantón, testigo de la historia” por la Dra. Blanca Gonzalez Rodriguez autora de “El Palacio del General Francisco Cantón” (2011) y “El Museo Yucateco, forjando una identidad” (2018).

La también ex directora del Museo sintetizó la historia del inmueble como residencia de la familia del General Francisco Cantón. Precisó que, a diferencia de otros personajes de la época, Cantón no fue un gran empresario henequenero y que pese a poseer la hacienda “Kantó”, su fortuna provino de la venta del ferrocarril Mérida – Valladolid de la que fue concesionario. $5,000,000.00 de pesos recibió por esta venta y que invirtió en adquirir distintas propiedades.

El general, nacido en Valladolid en 1833, ocupó el ejecutivo del estado entre 1898 y 1902 periodo en el que según la historiadora se realizaron dos hechos importantes para Cantón; la finalización de la Guerra de Castas de la que fue parte activa desde los 16 años y la construcción del Paseo de Montejo, planeado desde 1888. La falta de apoyo del presidente Porfirio Díaz hizo inviable la reelección por lo que al finalizar el cuatrienio se retiró de la política. Poco tiempo después inició la construcción del “Palacio” que se da por concluida en 1911, el cual habitó hasta su muerte ocurrida en enero de 1917.

Tras la debacle económica, los descendientes del general tuvieron que abandonar la suntuosa residencia en mayo de 1932, año que marca el inicio de la vida del Palacio como recinto público “el único de Montejo” comenta la exdirectora. Entre 1932 y 1937 albergó la Escuela de Bellas Artes, desde ese año hasta 1948 fue destinado como Escuela Primaria Hidalgo. En mayo de 1950 y tras una serie de restauraciones se dispone como residencia de los gobernadores hasta 1959, cuando se cede al mencionado Instituto de Antropología e Historia.

La Dra. Gonzalez concluyó recapitulando algunas de las exposiciones de las que fue parte durante su gestión al frente del Museo, como la visita de la reina Sofia de España y del entonces príncipe Naruhito de Japón. Destacó el trabajo realizado por el museo desde finales de los noventa para atraer al público más joven al palacio, cuando la única computadora existente era destinada a actividades interactivas. La noche finalizó con la presentación de la Orquesta Típica Yucalpetén en la terraza del Palacio.

El día 11 tocó turno de escuchar a la Dra. Gladys Arana, quien presentó la conferencia “El Palacio Cantón, deconstruido. Del silencio de la piedra al latido de la memoria”. Arquitecta de formación, ha dedicado gran parte de su trabajo académico a estudiar la vivienda porfiriana. Trabajo que, tal como señaló el actual director del Museo Palacio Cantón el arquitecto Bernardo Sarvide Primo, es ya fundamental para estudiar la arquitectura yucateca.

En la charla, la autora de “La vivienda de la burguesía en Mérida al cambio del siglo 1886-1916” se propuso deconstruir al Palacio Cantón; esto es describir críticamente.  A través de un perfume proporcionado a los asistentes, la autora invito a la deconstrucción para trasladarnos a la época del Palacio Cantón.

El Palacio Cantón actualmente esta presentando la exposición “La Palabra invisible” sobre la escritura en glifos mayas.

La primera deconstrucción la planteo al Paseo de Montejo, señalando que su inició debió ser desarrollado desde la hoy calle 56, desde la ciudadela de San Benito hacia el norte. Esta hipótesis a partir del mapa de la ciudad realizado durante el Segundo Imperio. A través del análisis de los primeros propietarios de los terrenos en los que hoy se encuentra el paseo, se ha propuesto generar nuevas lecturas sobre el emblemático lugar.

Deconstruyó la idea de Mérida como una ciudad afrancesada, señalando que, salvo las Casas Cámara, la mayor influencia arquitectónica es italiana. Afirma, el Paseo de Montejo estaría más relacionado con la ciudad lineal del español Arturo Soria y Mata que con los campos elíseos de la ciudad luz. Respecto al artífice de la monumental obra del Palacio, pone en duda que sea el tan mencionado arquitecto italiano Enrico Deserti e inclusive, resultado de sus investigaciones, pone en duda que fuese arquitecto.

A través del estudio de las plantas arquitectónicas del Palacio, la Dra. Arana López esta trabajando en recuperar el proyecto original pues según su hipótesis, mucho de lo que acabo construyéndose fueron adecuaciones hechas sobre los planos originales, los cuales guardarían gran similitud con una clásica villa del norte de Italia.

Las consideraciones antes expuestas son parte del trabajo que la arquitecta ha realizado desde 2013 cuando fue invitada a colaborar con el Museo, y que esperemos pronto sea publicado. También esperamos pronto la reedición del libro de “El Palacio del General Francisco Cantón” (2011) de la Dra. Blanca Gonzalez.

¡Larga vida al Museo Palacio Cantón!

[1] Espíritu público, Periódico oficial del Gobierno del Estado, 8 de diciembre de 1959. Hemeroteca Digital UNAM.

[2] “Yucatán” Boletín mensual publicado por la oficina de prensa e información del Gobierno del Estado, 15 de octubre de 1958. Archivo de la Universidad Autónoma de Yucatán.

El enviado de Antonio Lopéz de Santa Anna

Renan Irigoyen

Delicada y llena de dificultades, necesaria de sumo tacto diplomático hace, poco más de un siglo de distancia, la Misión encomendada a don Andrés Quintana Roo en 1841. Enviado por Antonio López de Santa Anna, debía hacerse A Yucatán a tratar de uncir la provincia al carril de la suntuosa política impuesta por el más famoso invalido a todas las entidades de la nación mexicana.

Salido Quintana Roo de su tierra natal desde 1808, treinta y tres años de ausencia habían motivado su espíritu y su mentalidad de acuerdo con el ambiente capitalino. Caso parecido en este aspecto al de don Lorenzo de Zavala, insigne y talentoso político, que había fracasado en una misión semejante en 1829, después de muchos años de ausencia del nativo solar.

Un movimiento de carácter federalista -pero en el fondo de serias y justas razones económicas- iniciado en el oriente de Yucatán dos años atrás había acaparado el poder público. Exaltándose los sentimientos regionalistas extraordinariamente arraigado entonces por el aislamiento geográfico, por una facción del gobierno local y se pretendió separar aquella entidad del resto de la Patria. La comisión de Quintana Roo era tratar, como Enviado Especial, la reincorporación de el Estado. Recibió su credencial que lo acreditaba como tal comisionado con fecha de 4 de noviembre de 1841. Un intimo de Santa Anna, Miguel Arroyo, lo acompaño como secretario, Seguramente para que diera sus observaciones personales al Caudillo.

Las dificultades comenzaron después de la salida de México. En su marcha marítima de Veracruz a Campeche se temió que los buques texanos en franca rebeldía con su patria de origen, lo aprehendieran enterados de la comisión que llevaba.

Estatua de Andrés Quintana Roo instalada en el Parque del barrio de Santa Ana el cual desde 1877 esta dedicado a su memoria.

Llegaron a Campeche el 23 del mismo mes, encontrando algunos obstáculos para el desembarco porque el comandante del puerto quería impedirlo. Tuvo que volcarse en persuasivas razones y elocuentes argumentos la habilidad diplomática de don Andrés para que se le permitiera bajar a tierra e iniciar su comisión. Dícese que se granjeó simpatías inmediatas entre los campechanos -todavía pertenecientes al estado yucateco- y tratado muy cordialmente.

De allí salió para la capital yucateca en larga cansada travesía por los pétreos y erizados caminos a bordo de incomodo carro de caballos.

La situación yucateca.

Existían en Yucatán en aquellos días críticos tres grupos de tendencias políticas muy desafiantes y antagónicos. El más exaltado, encabezado por Miguel Barbachano, trataba de separar definitivamente la provincia de la nación mexicana, sin ceder un ápice en sus pretensiones. Otro más mesurado, dirigido por don Santiago Méndez, estaba por la unión a México, con la condición de que se respetarán los intereses económicos del Estado, y sus derechos de autonomía en su régimen interior. El ultimo, adicto al centralismo, pugnaba porque Yucatán formase parte de la nación mexicana incondicionalmente, para cooperar a la solución de cualquier conflicto internacional.

Al cundir la noticia del desembarque de Quintana Roo en Campeche, tratóse de forzar la situación tirante de por sí. Algunos intentaron una asonada, organizando un motín en Mérida que fracasó gracias a la energía del Gobernador don Santiago Méndez quien reprimió oportunamente el complot. Al día siguiente de este suceso llegó a la capital yucateca don Andrés Quintana Roo.

Como comisionados para tratar con los de México, el Congreso yucateco designó a don Miguel Barbachano, don Justo Sierra O´Reilly y don Juan de Dios Cosgaya, representantes de las tres facciones que hemos descrito.

Las conferencias.

En la noche del 17 de diciembre comenzaron las pláticas de la Comisión “con un largo y bien pensado discurso de Quintana Roo, el cual fue atenta y respetuosamente escuchado, tanto por el fondo del pensamiento cuanto, por la belleza de la forma, sabido como es el habito nunca quebrantado de tan ilustre literato de sujetar todas sus producciones a la más exquisita corrección clásica”

Hizo ver Quintana Roo a los que representaban al gobierno local, la urgente y patriótica necesidad de que conservase Yucatán los vínculos que lo ligaban al resto de la república. Enumero todos los inconvenientes diversos que forzosamente tendrían que presentarse al consumarse la separación pretendida y habló de la buena voluntad del Gobierno Nacional para que mediasen arreglos justos hasta tanto se efectuara la reunión del congreso federal.

Escultura instala en 1917 en el Parque de Santa Ana

Toda la atildada perorata del señor Quintana Roo fue escuchada con interese sin interrupción hasta que planteó la necesidad de que se aceptase un comandante general para defender al país en el caso de que lo invadiesen fuerzas extranjeras y para sostener al régimen contra los trastornadores del orden público. Tal resistencia se le hizo que por un momento se pensó en la imposibilidad de algún arreglo. Sigamos sus impresiones con sus propias palabras “Aquí fue donde mis esfuerzos redoblados encontraron la mas obstinada resistencia por parte de los comisionados de aquel gobierno, quienes, sin negar la insuficiencia de sus medios, declararon abiertamente que estaban resueltos a todo, antes que a consentir en lo que ellos llamaban el yugo de la comandancia militar”

Terminó así la primera conferencia, sin ningún arreglo. Quintana combatió enérgicamente las recientes relaciones de amistad que el Estado acababa de celebrar en Texas. He aquí sus conceptos tomados del protocolo de la reunión. Que respecto a los auxilios de Texas y toda la relación con aquel país, México no podía menos, sino considerarla como un insulto contra el cual desde luego protestaba. Que las dimensiones y desavenencias domesticas entre hermanos eran disimulables; pero que la liga con unos colonos traidores, ingratos y enemigos de la república se miraría siempre como un crimen imperdonable”.

A los argumentos anteriores se respondió que Yucatán no había hecho más que lo que el derecho natural exige para la propia defensa de los individuos y los pueblos, supuesto que desde que el supremo Gobierno supo que reclamaba sus derechos, había mandado hacer serios preparativos para hostilizarse, cortando de antemano sus relaciones y comunicación con él, y cerrándole los puertos a su navegación y a su comercio; que ¿qué pueblo, que nación de la tierra no hubiera hecho lo mismo en tales casos? Qué Yucatán no se había levantado para romper de unos todos los lazos de la unión y que no reclamaba nada nuevo, sino lo pactado con el por medio de sus diputados al congreso federal de 1823 y que no era justo, por último, que después de haber manifestado sus deseos de pertenecer a la gran familia mexicana, esta lo rechazase de su seno por aquellos medios indirectos.

Los tratados.

Los tratados aprobados por la gran comisión de los días 28 y 29 de diciembre de 1841 constaron de catorce capítulos reducidos a que Yucatán conservase sus leyes particulares, su arancel de aduana y la libre introducción; exceptuando aquellos que gozasen de privilegios, en cuyo caso quedaban obligados sus dueños a venderlos al gobierno, o a los agentes de la empresa; o a los agentes de la empresa; que cesasen las levas y sorteos para el servicio del ejercito y marina; que se redujese el contingente del estado para el ejercito a un batallón ligero fijo, compuesto con naturales de la región; que el gobernador fuera el jefe superior de dicha fuerza, con sujeción al Supremo Gobierno en lo relativo al ramo; que el Estado se obligaba a sostener de su peculio los buques necesarios para perseguir el contrabando en sus costas; y por último que se eligiese a dos personas para la Junta Provisional de Gobierno establecido en México.

Narran los cronistas que gran jubilo reino por la ciudad después de firmados y publicados los tratados. Fueron designados como miembros de la Junta Provisional aludida don Manuel Crescencio Rejón (el padre del Amparo en México) y don José Castro Fernández.

Pérfida de Santa Ana.

La ilusión duró poco tiempo porque Santa Anna no aprobó los tratados, poniendo condiciones inaceptables para los peninsulares.

Santa Anna procedió de ese modo a sabiendas de las condiciones muy especiales de la península yucateca, de las cuales era profundo conocedor ya que había sido Gobernador de aquella entidad en 1824, cuando se promulgase la primera constitución local.

El mismo Santa Anna, precisamente había enviado un oficio ese mismo año al primer secretario del Estado en el que expresaba sus deseos de una mayor comunicación del Gobierno Nacional: Yucatán es un territorio muy extenso; sus costas se dilatan demasiado, tiene muchos puertos que guardar; su población no es competente y por lo mismo merece en todos los conceptos y circunstancias la más seria atención del Gobierno Federal, porque su conservación interesa a todos los Estados de nuestra unión. Yucatán no hallándose al nivel de los otros estados por su localidad y por su pobreza, siendo el asunto político más importante a nuestra seguridad presente y futura, se debe ser en el día más meritorio de las mayores exenciones y privilegios. Antes por el Gobierno español tenía señalado un situado competente, y cuando no se le pudo enviar, es notorio que se le concedió el comercio libre para la subrogación de aquellos fondos que le faltaron a pesar de ser tan prohibido repuntándose por lo tanto su concesión como un privilegio y graciosa exención. De suerte que ahora con la publicación de la guerra (habla de la guerra de España) se le estanca el comercio y de otro lado no se socorre, es destruirlos por consonancia no será extrañado en la situación que observe las cosas y  ya indico, que Yucatán, miserable , y viéndose desatendido, trate de segregarse de la Federación constituyéndose en Estado separado por si mismo, o arrojarse en el seno de otra Nación que lo proteja y considere. A esto se agrega que las cajas de México, según se me ha instruido, son deudoras a éstas de ciento ochenta mil pesos como capital de los bienes de comunidades de indios, cuya cantidad con réditos de más de veinte y cinco años viene a ser la deuda de cuatrocientos mil pesos. Bajo esta inteligencia nada perdería el Soberano Congreso con decretar alguna exención en Favor de Yucatán.

Así fue como Quintana Roo cumplió patrióticamente su comisión, que si no tuvo éxito que mereciera por la intolerancia de López de Santa Anna, puso a prueba su corazón abierto a todas las razones justas, y de manifiesto su adelantado concepto de nacionalidad y de buen mexicano.

Mérida, Yucatán, 10 de abril de 1951
Diario del Sureste

Andrés Quintana Roo

Los planos de las Casas Cámara, orgullo de Francia y de Gustave Umbdenstock

Existen sitios en nuestra ciudad que por su porte y características se convierten en iconos alrededor de los cuales se generan leyendas y un sinfín de especulaciones principalmente para llenar el vacío de verdadera información acerca del espacio.

Considero que las Casas Cámara entran perfectamente en la descripción anterior. Más allá de diez líneas que abordan los tópicos de siempre poco se sabe; “que los planos fueron traídos de Europa”, “que pertenecieron a los hermanos Cámara Zavala”, “que fue un diseño de un tal M. Umbdenstock desarrollado por Manuel G. Cantón”. Creo que las expresiones anteriores, son la fuente principal de cualquier nota o contenido sobre estas mansiones, pues por su carácter de residencia privada poco hay en otros documentos. Para saber más de estas construcciones, primero tenemos que pensar en el país de origen: Francia.

Desde mediados del siglo XVIII hasta principios del siglo XX se dio el afrancesamiento de las élites, un proceso de intercambio cultural de grupos privilegiados de América y Europa que consistió en la adopción de hábitos y representaciones de origen francés. Para la época que nos ocupa, finales del siglo XIX, Francia se mostraba fortalecida en todos los aspectos constituyendo para las naciones americanas la idealización de la modernidad. El imperialismo francés fijo sus objetivos en África, mientras que en América Latina realizo otro tipo de expansionismo; económico, intelectual y cultural. La élite de Yucatán, con rutas comerciales directas a Francia era capaz de asimilar la propuesta francesa de cómo vivir sin intermediarios.[1]

Ahora hay que detenerse para hablar del creador de las mansiones en cuestión; “M. Umbdestock” dicen algunos textos[2] sin tomar en cuenta que M. en francés y antes de un nombre es la abreviatura de Monsieur que en español es señor. Gustave Umbdestock nació en Colmar en la región de Alsacia, Francia el 24 de diciembre de 1866 en una generación marcada por la Guerra franco-prusiana, cuyo resultado fue la derrota para los franceses en 1871 y la pérdida de parte del territorio de Alsacia. Este trauma debió ser un punto de inflexión para la búsqueda de la reivindicación francesa ante el mundo, pero ahora de formas no beligerantes. El padre de Gustave le pidió “Júrame que servirás a Francia con el máximo de tus fuerzas, y que siempre cumplirás con tu deber”[3]. Esta petición le llevó a enlistarse en el ejercito en 1914 sirviendo como un soldado más en la Gran Guerra, fue herido y a su regreso distinguido con la Legión de Honor.

En 1885 ingresó en la Escuela de Bellas Artes de París, en 1896 ganó el segundo lugar del premio de arquitectura en Roma. Desde 1919 a 1937 se desempeña como profesor de arquitectura en la Escuela Politécnica y Escuela Nacional de Bellas Artes.[4] El currículum de Gustave Umbdestock está lleno de condecoraciones y premios por sus obras[5]. En 1900 construyó el Palacio de Ejércitos de Tierra y Mar para la Exposición Universal de París de aquel año. La Sección de Arquitectura del Salón de Artistas Franceses le entregó en 1930 la medalla de honor.  También escribió manuales y tratados sobre arquitectura.[6] El prolífico arquitecto murió el 16 de noviembre de 1940 en París. En su ciudad natal, Colmar, existe una calle dedicada a su memoria.

Liceo Pasteur en Neuilly-sur-Seine, Francia. Obra del arquitecto Gustave Umbdestock (1914)

En Yucatán, desde el último tercio del siglo XIX emergió una nueva clase político-empresarial vinculada estrechamente con la expansión y éxito de la producción henequenera cuya bonanza permitió establecer nuevos niveles y estilos de vida, así como generar un rápido proceso de ascenso social entre profesionistas, comerciantes y agricultores de medianos ingresos que pasaron a convertirse en exitosos empresarios dueños de grandes fortunas. Dentro de esta élite henequenera surgió un grupo más compacto que mantuvo poder político y económico durante el porfiriato[7]. Desde finales de la década de 1880, yucatecos pertenecientes a esta élite comenzaron a viajar a Francia lo que significó en la memoria colectiva un acto de distinción y gozo, iniciando así un importante intercambio cultural.[8] Ernesto y Camilo Cámara Zavala formaban parte del mencionado grupo, al segundo se le atribuye ser iniciador y presidente de la primera agrupación de hacendados henequeneros.

La acumulación de estas grandes fortunas fue clave para la transformación arquitectónica de Mérida. La construcción de viviendas élite y de alta burguesía se intensificó principalmente en la calle 59, el Paseo de Montejo, en la 60 norte y en los desarrollos de Chuminópolis, Itzimná y la García Ginerés. Nuevos materiales, arquitectos extranjeros y viajes alrededor del mundo contribuyeron a la edificación de fachadas con nuevos elementos poco conocidos en la ciudad como mansardas, copones, racimos irregulares, balaustradas, acodos, dentículos, remates, medallones, guirnaldas, bustos, figuras humanas[9]que remplazaron a las sobrias fachadas de la época colonial. Para saber más sobre este tema, es indispensable leer “La vivienda de la burguesía en Mérida al cambio de siglo 1886 – 1916” de la Dra. Gladys Arana López.

Tenemos por un lado a una Francia ansiosa por demostrar el valor de su cultura e influencia, a un multipremiado arquitecto de academia con hondos sentimientos nacionalistas y entusiasta de llevar a su país más allá de sus fronteras. Del otro lado del atlántico una emergente élite henequenera que ve en el país galo una idealización de la modernidad. Estos factores son los que dan como resultado: Las Casas Cámara, encargadas por los hermanos Ernesto y Camilo.

El plano de estas mansiones fue tema de la publicación francesa “La constructione moderne”[10] en mayo de 1907, y sus columnas aportan datos antes no publicados y más detallados que las generalidades que siempre se mencionan, descripción que también deja en claro el interés del arquitecto y de la revista en la edificación de estas residencias. Aquella revista, editada entre 1839 y 1911, trataba temas de arte, teoría aplicada, práctica, arquitectura, ingeniería civil y la industria de la construcción.

Dos mansiones en Mérida.

Tenemos el gran placer de distinguir el éxito de nuestra arquitectura francesa en el extranjero. Recordamos recientemente los importantes trabajos que nuestros compatriotas tuvieron el encargo de edificar fuera de nuestro territorio, después de memorables concursos donde arquitecturas de todos los países estuvieron representadas. El triunfo de nuestros arquitectos en el concurso, permite la influencia francesa que debía propagarse al punto que nuestra Escuela de Bellas Artes reciba cada año un número de estudiantes más elevado, estudiantes que continuarán en sus países las bellas tradiciones de la arquitectura francesa. Además, los extranjeros piden a nuestros compatriotas más destacados estudiar los edificios que ellos construyen.

Uno de nuestros jóvenes maestros, el señor Umbdenstock, cuyo éxito escolar lo ha preparado para la enseñanza de la arquitectura, nos comparte los documentos de dos mansiones absolutamente idénticas para dos hermanos habitantes de Mérida, Yucatán.

Nosotros los publicaremos en planos y en el texto de este número, reservando para el próximo algunos detalles de construcción.

La composición de estas dos mansiones ha sido concebida en estilo francés del siglo XVIII, sin embargo, debido a la temperatura cálida de México, los planos fueron compuestos con un patio central que fue transformado en salón, con vidrio en lo alto, y fue dispuesto como una sala de recepción interior en la cual se encuentra la gran escalera; para evitar la impresión de patio cerrado de las composiciones de origen español, el arquitecto dio al gran salón el aspecto de un salón del siglo XVIII.

Todo el suelo y las escaleras están hechas de mármol. Es una necesidad local que permite de dar a las habitaciones un lujo parecido a las galerías de Versalles o Trianon. Todas las balaustradas, los pasamanos de las escaleras y las barandas de los balcones están hechos con acero forjado. Los trabajos de construcción comenzaron en 1906. Todo lo que concierne a la construcción ordinaria fue encargado directamente a México, mientras que los trabajos artísticos fueron realizados por las grandes Casas artísticas francesas.

El estudio de los planos indica la importancia de cada una de las mansiones.

Un vasto subsuelo de 23 metros, sobre 24 metros, ampliamente iluminado, comprende el área de servicio de los trabajadores domésticos: tales como el alojamiento del conserje, la amplia cocina, cuarto de lavado, sala de planchado y recámaras, carboneras, retrete, etc. Una escalera interior conduce al gran comedor de la planta baja. Ahí se encuentran, además, las habitaciones reservadas a la recepción: el gran salón, el pequeño salón, gran salón interior, una especie de patio como antes ya se ha mencionado, sala de billar, biblioteca, etc.

La planta baja contiene dos entradas, una da directamente hacia una magnifica escalera a doble revolución que causa al fondo del salón un efecto maravilloso.

El segundo piso comprende alrededor de la galería en donde sobresale el salón central, los apartamentos reservados a las habitaciones. En este piso hay cinco grandes recámaras, las cuales cuentan cada una con un cuarto de excusado y otro de ducha. Un armario especial espera en la habitación de la señora, su lencería, etc.

Es en el primer piso que se ha dispuesto una galería cubierta, de 8 metros alrededor, para comunicarse con la mansión vecina, repitiendo el mismo orden y distribución interna, que acabamos de describir.

Para buena ejecución de los trabajos en el extranjero, donde el arquitecto está impedido de ejercer una supervisión constante durante la colocación de los materiales, es importante que se pueda proporcionar explícitamente los diseños a los contratistas. Ésos que nosotros publicamos pueden servir de modelo, mientras que el arquitecto se haya aplicado a no dejar que sea fácil de ejecutar con estos documentos.

Las líneas anteriores mencionan la intención del proyecto en cuanto a llevar la arquitectura francesa a otros países, así como la adaptación que realizó el arquitecto al diseño original para poder construirse en el clima como de la península de Yucatán. También confirma que fueron concebidas como idénticas, aunque en el resultado final tengan diferencias.

No se menciona a quien ejecutaba la obra, pero todo apunta a que fue Manuel G. Cantón Ramos, quien destacó en la construcción de varios edificios de la ciudad como “El Siglo XIX” y la casa del General Francisco Cantón. El dicho popular, más que el documental, menciona como fecha de conclusión 1911, aunque la que mira al norte nunca se concluyó en la mansarda. Uno de los miembros de la familia que actualmente es dueña de la casa norte mencionó a una publicación nacional que las casas habían recibido un premio de arquitectura en Francia sin embargo no lo destaca la anterior su omisión no tendría sentido si el comentario fuese cierto.[11]

Los argumentos anteriores nos permiten redimensionar a las Casas Cámara como una victoria absoluta de la expansión cultural francesa que uso a la élite local como escaparate para dar a conocer la idealizada modernidad y al ser este grupo el que establece las tendencias a seguir acabó permeando en toda la sociedad yucateca. Aunque es cierto que hay otros ejemplos de afrancesamiento en Mérida, la monumentalidad y ubicación de estas mansiones hacen imposible mirarlas con indiferencia, por lo que considero son el culmen del proceso estudiado por el Dr. Emiliano Canto Mayen sobre la influencia francesa en región henequenera entre 1860 – 1914.

Que a más de un siglo de construidas, las francesas Casas Cámara sigan siendo descritas en las mil y una notas sobre ellas como “orgullo de Yucatán” dejan en claro el triunfo de la expansión cultural francesa ideada hace más de doscientos años.

Referencias

[1] Canto Mayen, E. (2011). Inmigración e influencia cultural de Francia en la región henequenera de Yucatán (1860-1914). Ciudad de México: Instituto Mora.
[2] Cámara Gutiérrez, C. (Coordinador) (2000). Cronología histórica y arquitectónica del Paseo de Montejo. Mérida: Ayuntamiento de Mérida. P.40.
[3] Buland, E. (1935). M. Gustave Umbdenstock. Académe des Beaux-Arts, 183 -185.
[4] Regards Sur L’Urbanisme Colmarien. (2007). Annuaire de la société d’histoire et d’archéologie de Colmar. Colmar: Comité de la société d’histoire et d’archéologie de Colmar. pp 163 – 167
[5] Marie-Laure, C. (s.f.). Umbdenstock, Gustave (24 décembre 1866-) – dossier personnel [AN_AJ52_399_0284 à AN_AJ52_399_0297]. Obtenido de Umbdenstock, Gustave (24 décembre 1866-) – dossier personnel [AN_AJ52_399_0284 à AN_AJ52_399_0297].
[6] Rédacteur en chef: Gaston de Pawlowski. (4 de junio de 1930). La medaille d’honneur des artistes francais A m. Umbdenstock. Comoedia, pág. 5.
[7] Pérez Dominguez, M., & Roggero Savarino, F. (2001). El cultivo de las élites: grupos económicos y políticos en Yucatán, en los siglos XIX y XX. México: Conaculta. Pp 62 – 67
[8] Canto Mayen, E. (2011). Inmigración e influencia cultural de Francia en la región henequenera de Yucatán (1860-1914). Ciudad de México: Instituto Mora p.148
[9] Arana López, G. (2013). La vivienda de la burguesía en Mérida al cambio de siglo 1886 – 1916. Mérida: SEDECULTA. p. 15 – 32
[10] La constructione moderne. (1907). Hôtels particulier à Merida del Yucatan. La constructione moderne, 365 – 368.
[11] Revista Hola “Entramos al mundo privado de los Barbachano” (2012)
Salazar, Alvaro (1913) “Yucatán. Artículos sobre sus costumbres, leyendas.
Traducciones realizadas por Lic. Obed Rodriguez Alvarez.