La Inmigración Coreana a Yucatán.

Mérida. – El día de ayer se llevó a cabo en el Museo Conmemorativo de la Inmigración Coreana a Yucatán, el tradicional evento “Cuéntame un Cuento Jalmuni”, que consiste en la lectura de una leyenda tradicional coreana a cargo de una abuelita de la comunidad y una muestra gastronómica del país asiático.

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La señora Josefina Park mientras cuenta una leyenda tradicional coreana. Usa el vestido tradicional coreano: Hanbok.

El evento se lleva a cabo el último domingo de cada mes, es abierto al público y de entrada gratuita; la leyenda de este mes fue “El faisán y el gong” y fue contada por la señora Josefina Park, cuyo padre llego en 1905 a Yucatán para trabajar en el henequén.

En 1905 llegaron a Yucatán 1,014 coreanos con la ilusión de un futuro mejor en aquella distante península, aquellos acabarían como peones en plantaciones de henequén que tanta fortuna género a los hacendados a principios del siglo pasado.

Uno de estos trabajadores bautizaría la esquina de la calle de la 72 con 57, como la esquina del Chemulpo, al recordar en la cantina que en esa esquina se encontraba el puerto que le vio nacer y al cual no volvería jamás. ¡Chemulpo! añoraba el trabajador. Se dice que la historia conmovió tanto al dueño de la cantina que desde entonces se le re bautizo como Chemulpo, nombre con el que aún se le conoce a esa esquina, aunque la cantina ya ha desaparecido

La exposición permanente del museo.
La exposición permanente del museo.

En el museo se expone la historia de esta inmigración desde la participación que tuvo la comunidad coreana en el auge henequenero hasta las últimas actividades que han hermanado a Corea del Sur con Yucatán; como lo es el equipamiento del Hospital de la amistad Corea – México en 2005.

El museo se encuentra en la calle 65 entre 44 y 46, en esa misma casa que adquirió un grupo de ex jornaleros en 1934 para formar la antigua asociación coreana, edificio que en 2005 se re modelo para convertirse en el Museo Conmemorativo de la Inmigración Coreana a Yucatán.

El museo está abierto de Martes a Viernes de 10:00 am a 1:00 pm y de 2:00 pm a 5:00 pm, los sábados y domingos de 10:00 am a 1:00 pm. Sus actividades se pueden consultar a través de su Facebook.

SJCC

El proceso independentista de Yucatán, en el contexto de las independencias latinoamericanas.

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El día de ayer, el Lic. José Jesús Rangel Acevedo presento la conferencia “El proceso independentista de Yucatán, en el contexto de las independencias latinoamericanas” dentro de las Jornadas Académicas de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán 2016.

Independencia de España y la unión a la nación mexicana.

Durante la colonia, la Nueva España estaba dividida en regiones que no corresponden a los estados que hoy conforman México. Al sureste se encontraba la intendencia de Yucatán que abarcaba toda la península, hasta parte de Tabasco y Belice. Toda la zona centro del país era conocida como México

A finales del siglo XVII, iniciaron en América  los movimientos independentistas; estos fueron influenciados por las teorías libertarias de John Locke, así como las ideas de la ilustración y la independencia de Estados Unidos del 4 de julio de 1776 así como las ideas de la revolución francesa.

En 1808, Francia invadió España nombrado a José I rey de España, esta situación provoco  un vació de poder; en América se establecieron juntas, mientras que en España las Corte de Cádiz.

En México se llevó a cabo la guerra de Independencia de 1810 a 1821, sin embargo en Yucatán la independencia se dio de forma pacífica.

Yucatán se declaró independiente de España el 15 de septiembre de 1821. Entre los factores para la independencia de la península estaba el surgimiento del movimiento de los Sanjuanistas, encabezado por el padre Velázquez, quienes promulgaban las ideas libertad. Se sumaba a esto, conflictos mercantiles entre España y Yucatán.

Declarada la independencia, Yucatán se anexa al entonces imperio mexicano.

Independencia de Yucatán (1840 – 1848)

El 7 de marzo de 1840 Yucatán declara su independencia de México, como protesta al régimen centralista que Antonio López de Santa Anna había impuesto en México.

El 16 de marzo de 1841 se da la página más gloriosa de la independencia yucateca, cuando una muchedumbre encabezada por Miguel Barbachano pide al ayuntamiento de Mérida que solicite al congreso la declaración independencia de Yucatán e iza la bandera yucateca en el Palacio Municipal. México declara piratas a los barcos yucatecos, Santa Anna invade Yucatán.

Yucatán le pide a Tabasco que se una a la nación yucateca, se niega a esto, aunque se mantiene neutral y niega el espacio para invadir la península por tierra.

Las tropas mexicanas llegan a Telchac y se dirigen a la hacienda de Pacabtún, desde ahí mandada a un informante y se enteran que la ciudad de Mérida está bien defendida. Las tropas mexicanas marchan a Tampico.

Se pacta la reintegración en 1843, pero el gobierno de México desconoce los tratados de Tacubaya por lo que Yucatán se separa de nuevo en 1846.

La legislatura yucateca se dividió entre aquellos que abogaban por la independencia, lo que según ellos beneficiaría a la región, y los que afirmaban que una separación de México dejaría a la península a merced de las grandes potencias.

En 1847 estallo la Guerra de Castas.

Durante la guerra de castas, la soberanía de Yucatán fue ofrecida a tres naciones: España, Inglaterra y Estados Unidos. España e Inglaterra se negaron, el primero por aún tener la colonia cubana; Estados Unidos se mostró interesado aunque los tratados de Guadalupe – Hidalgo con los que México ya había perdido Texas hacían complicada una nueva adjudicación de territorio.

Santiago Méndez deja el gobierno de Yucatán; Miguel Barbachano firma la reintegración total de Yucatán a la nación mexicana en 1848. A cambio, la nación mexicana apoyo al gobierno yucateco con el conflicto de la guerra de castas.

Señalo que la guerra de castas y la ambigüedad de los gobernadores Miguel Barbachano y Santiago Méndez  fueron los factores que impidieron una separación completa de México

Finalmente se abordaron algunas características generales de los movimientos independentistas de américa.

El Lic. Rangel término la conferencia con la siguiente frase:

“Solo se puede ser provechosamente nacional siendo generosamente universal”

 

 

Convento Grande de San Francisco en Mérida.

VICTOR SUAREZ MOLINA (1979)

La circunstancia de estar ahora la Secretaria de Asentamientos Humanos y Obras Públicas restaurando varios de los conventos franciscanos de Yucatán, me mueve a ofrecer en esta segunda semana de historia un bosquejo histórico un bosquejo histórico de lo que fue el Convento Franciscano más importante y mayor de la península: El Convento Grande de San Francisco de Mérida, del cual, lamentablemente, no queda vestigio alguno y que, de existir hoy, daría un sello característico y único a nuestra ciudad.

Maqueta del Convento de San Francisco. Museo de la Ciudad de Mérida.

Poco después de la fundación de Mérida llegaron a Yucatán dos grupos religiosos de franciscanos para hacerse cargo de la evangelización de los indios de la provincia. Fundaron un convento en Campeche en 1546 y al año siguiente otro en Mérida en una de las colinas artificiales de lo que había sido la ciudad maya de Ich-kansihó.

Era ese cerro o colina de grandiosa construcción, nos relata fray Diego de Landa, con terraplenes en graderías y cuatro magnificas estructuras mayas en forma de cuadro, con un patrio en el centro y otro en el poniente. Fray Lorenzo de Bienvenida, al describir esos edificios, dice que “tenían celdas como de frailes de veinte pies de largo y de diez de ancho”.

En este lugar tomaron asiento los frailes para casa de San Francisco, y la primera iglesia de su improvisado claustro fue una de las galerías mayas de la parte sur de aquel conjunto, mientras hacían demoler algunas de las otra construcciones para con sus piedras levantar nuevos edificios para el Convento.

Este, aunque pobre y reducido en sus primero años, fue desde entonces llamado Convento de San Francisco el Grande o Convento Mayor por ser cabeza y centro de todos los de la región, y primero también en el tiempo, con excepción del de Campeche fundado como ya se ha dicho un año antes.

Su erección se hizo bajo el patrocinio de la Santísima Virgen en su advocación de la Asunción, no obstante lo cual desde el principio se le conoció como El Convento de San Francisco. En 1549, con este Convento como cabeza y con los de Campeche, Maní, Conkal e Izamal, se constituyó la Custodia o misión semi autónoma de Yucatán, dependiente de la Provincia Franciscana del Santo Evangelio, de México. El primer capítulo custodial se celebró en el convento de Mérida el 29 de Septiembre de 1549. Diez años después, el Capítulo General de la Orden Franciscana votó por la erección de las custodias de Yucatán y Guatemala como Provincia independiente de la De México y el Primer Capítulo Provincial tuvo lugar también en el Convento de la Asunción el 13 de septiembre de 1561. Finalmente Guatemala fue separada de la nueva provincia y esta quedo confinada únicamente a Yucatán en 1565.

Fachada del Templo de la Asunción Aercel Espadas.

Conforme el tiempo transcurría y las necesidades lo requerían, el Convento de Mérida fue aumentando con nuevas plazas, celdas, enfermerías, refectorio, aulas, iglesias y capillas, construcciones todas que por haberse levantado en diversos niveles por la configuración del terreno y en diversas épocas, según lo requerían las necesidades y circunstancias del momento fueron unidas entre sí por medio de galerías, pasadizos y gradas.

A mediados del siglo siguiente el convento era un imponente conjunto de hermosos pabellones, algunos de ellos de tres pisos, desde cuyos balcones y miradores podía observarse el quieto y variado espectáculo de la ya secular ciudad de Mérida, hacia la parte noreste del convento, en tanto que hacia el lado opuesto, al sureste, se agrupaba , mas allá de un corto trecho del monte, el pueblo de San Cristóbal, barrio el más grande de Mérida de aquel entonces y que estaba habitado por indios de la altiplanicie mexicana y sus descendientes.

El claustro del convento se hallaba adornado con grandes cuadros al óleo en los que estaba representada la vida de San Francisco, e iluminadas las paredes y huecos de los arcos con efigies de santos y aún de algunos religiosos de los primitivos de la provincia.

Formaban parte del convento del Convento algunas construcciones prehispánicas y todavía en 1865, don José Fernando Ramírez, al narrar su viaje Yucatán y describir la ciudad de Mérida y lo que quedaba del convento, hace mención de una bóveda de arquitectura maya “de 18 a 20 varas de longitud y cosa de 2 y media de latitud…”.

Contaba el convento con floridos jardines, un estanque y una buena huerta en la que se cosechaban con profusión naranjas, limones, plátanos, aguacates, zapotes, mameyes, zaramullos, pitahayas, guayabas, dátiles y otros árboles frutales, además de gran cantidad de hortalizas. Para proveerse de agua el convento para el riego de su huerta y jardines, contaba con una noria colocada bajo hermosa bóveda de cal y canto y con dos pozos situados en sus patios.

(Nota del autor: La bóveda sobre la noria fue declarada Monumento Histórico por decreto el 57 de mayo de 1950 publicado en el Diario Oficial de la Federación, cuando ya había sido demolida.)

Dentro del recinto del convento se levantaban tres templos. En el principal, o capilla mayor, lucía sus primores un magnifico altar de estilo corintio con hermosas columnas, bases, capiteles y nichos con diversos cuerpos a los lados de este, en arcos abiertos en el muro, existían otros dos altares. Sus imágenes eran de talla entera y sus nichos labrados en bajo relieve. El templo era de una sola nave con techos abovedado de un solo cañón con un arco toral y sostienes lavados en lazos de cantería.

La iglesia estaba levantada de oriente a poniente y tanto al costado norte como al sur, tenía tres capillas abiertas en sus muros, cuyos pequeños recintos estaban ricamente dotados de altares e imágenes.

Además, cerca del altar mayor contiguas a sus altares laterales estiman otras dos capillas mucho más amplias, una, la del lado norte, que hacía de antesacristía y salida de la iglesia en cuyo altar había un crucifijo y orea, la del lado sur, de bóveda muy bien labrada, que dedicada a San Luis rey de Francia, hacía de capilla para los hermanos de la Tercera Orden, quienes, por ser los más de la ciudad, la tenían muy bien adornada con sus limosnas.

La iglesia tenía un coro alto con dos órdenes de sillas coronadas de tallas doradas y policromadas, y cubría este coro una hermosa bóveda pintada al fresco y que representaba la Bienaventuranza, con todas las jerarquías de santos, pintura hecha a semejanza de la existencia en la iglesia de San Agustín, de Córdoba. En el resto del templo se admiraban otras muchas pinturas con las efigies de santos, varones insignes de la iglesia, pontífices, cardenales y mártires.

En la torre del templo se hallaba un hermoso reloj, primer instrumento público de esta especie que tuvo la ciudad, y que fue colocado por fray Fernando de Nava antes de 1632.

En el patio anterior a esta iglesia había otra más pequeña dedicada a la Soledad de la Madre de Dios, con una imagen “muy devota y adornada” de la misma. Cuando al pasar de los años aumento la ´población de la ciudad y con ella el número de los seglares miembros de San Luis, que antes les pertenecía, y quedó la iglesia de la Soledad, que era mucho más amplía a su servicio.

Al sur de la Iglesia Conventual se hallaba otra, “asimismo de cal y canto, muy bien labrada” que servía como parroquia para los indios que vivían en el cercano barrio de San Cristóbal y cuya administración correspondía a los franciscanos. Corría esta iglesia de norte a sur y era de tres naves cubiertas de bovedillas. Su puerta miraba al sur y tenía también otras dos, una al oriente y otra al poniente que daba al patio formado por esta iglesia y por la conventual.

No se sabe con precisión quienes dirigieron la construcción del convento, pero seguramente los primeros diseñadores fueron fray Luis Villalpando, fray Juan de la Puerta, fray Luis de Vivar y fray Antonio Ramírez; pero antes de que estuviera terminado llego a Mérida fray Antonio de Tarancon, quien había ayudado a la edificación del convento de puebla y fue quien se encargo de terminar la fábrica del convento, según nos dice López de Cogolludo.

En el Convento se conservó hasta la extinción de esté, el famoso óleo de gran tamaño de la inmaculada concepción ante el cual es una tradición que ardió una lámpara votiva, símbolo de la fe del pueblo yucateco, óleo que paso en 1821 al Convento de la Mejorada y que ahora, después de varias vicisitudes, se encuentra en el muro sur, de la Catedral de Mérida, frente al altar mayor.

Óleo de la Asunción.

Otro notable cuadro que existió también en el Convento fue uno que representaba a San Francisco, atribuido a Murillo, cuadro que después, hasta 1915, estuvo en el Palacio Episcopal de Mérida y que desapareció al adaptarse ese edificio para convertirlo en el llamado Ateneo Peninsular.

Notable fue, igualmente una talla en piedra de Jesús Crucificado, llamado comúnmente Señor de la Conquista, porque según la tradición databa de aquella época. Estuvo primero esta cruz en la espadaña de uno de los templos, pero se vino abajo y después fue colocada en medio del patio principal del convento sobre una base de cantería. Esta histórica cruz fue recogida por el P. Vicente Velázquez a raíz de la extinción del convento y trasladada a la iglesia de San Juan. Finalmente estuvo en la catedral donde desapareció cuando el 24 de septiembre de 1915 unas hordas salvajes asaltaron el augusto templo e hicieron pedazos su valioso retablo y otras joyas artísticas y venerables imágenes.

Asistían al convento regularmente, en su época de mayor florecimiento, el guardián, que era electo cada tres años en el Capítulo Provincial, dos predicadores conventuales, un maestro de novicios, un presidente y otros treinta religiosos.

Del convento y de sus moradores y de la magna significación que tuvieron estos en la historia de Yucatán durante el periodo hispánico se podrían hacer relatos que llenaran libros anteriores, pero no cabe dentro de los límites que he impuesto a este trabajo ni siquiera una relación sintética de sus hechos y de la incansable actividad que los franciscanos despegaron en beneficio de los indios y de la cultura regional. No puede, por otra parte, soslayarse el hecho de que entre los miembros de la Orden en Yucatán se contaron también frailes indignos de llevar el sayal franciscano, de vida licenciosa: frailes inquietos que se enfrentaban hasta a la autoridad episcopal: frailes que oprimían explotaban a los indígenas. Pero eran los menos. Si como humanos tuvieron flaquezas y cometieron errores, unos y otros pierden importancia ante la ingente labor religiosa, social y cultural que desarrollaron.

Fueron esos mismos franciscanos quienes en su afán de conocer mejor a los pobladores indígenas del Mayab, se adentraron en el estudio de su lengua y dejaron magníficos frutos de estos estudios en diccionarios, vocabulario, gramáticas y análisis sintácticos, de los cuales algunos han llegado a nuestros días como los de fray Pedro Beltrán de Santa Rosa, fray Alonso de Solana, fray Gabriel de San Buenaventura, fray Antonio de la Ciudad Real y fray Juan Coronel, y otros han desaparecido y sabemos únicamente de su existencia por referencias en otros textos, como los de fray Juan de Acevedo, fray André de Avendaño y Loyola. Fray Bernandino de Valladolid, fray Luis de Villalpando y fray Julián de Cuartas.

Otras muchas investigaciones sobre Yucatán y sus cosas, apuntes históricos, botánicos y arqueológicos y de costumbres indígenas hicieron aquellos sabios varones de las cuales algunas constancias han llegado también hasta nosotros, unas por los mismos escritos y otras por las referencias. Ahí están los libros de fray Diego de Landa, Diego López de Cogolludo, Bernardo de Lizama, Francisco Cárdenas y Valencia, Ciudad Real y otros sin los cuales sería muy difícil el conocimiento y la interpretación de la historia de Yucatán.

¿Y qué decir de aquellos frailes que recorriendo a pie, caminos y veredas de nuestra tierra se distinguieron por su piedad y ejemplarísima labor de evangelización entre los indios?

Cabe, por último, hacer mención de los frailes que figuraron entre los precursores del movimiento de independencia como el P. Provincial fray Juan Ruiz Mandueño y los frailes José María Lanuza, Juan José González, Ángel Cuervo y Domingo Sáenz que figuraron activamente en la política de 1820.

Victor M. Suréz Molina. (1979)

Continuará.

Referencias.

Cárdenas y Valencia. Relación Historial Eclesiastica

Diego de Landa. Relación de las cosas de Yucatán.

Carta a S.A. el príncipe don Felipe el 10 de febrero 1548.