Crónicas de Itzimná hacía 1965.

Por Abelardo Barrera Osorio

Itzimná era a la llega de los españoles a Ichcaanzihó, en el año de gracia de 1541, un pueblecito apacible y risueño, habitado por una tribu de los Peches y cuyo cacique era conocido con el nombre de Itzam.

Itzam irradiaba una prosapia ilustre, ya que Itzam Na se llamó el sabio Itzá, médico, patriarca y sacerdote, que puso nombre a todos los seres vivos y a las cosas de nuestra tierra, muchos siglos antes de la llegada a esta tierra de los hombres blancos y barbados, profetizada por Najau Pech. Con el nombre de itzam (Kab Ain) –según el manuscrito de Chumayel, traducido por don Juan Martínez Hernández y citado por distinguido historiador Ricardo Mimenza y Castillo en su interesante libro “Los Templos Redondos de Kukulcán” fue llamado también el monstruo mitológico de la deidad marina de la que había citado manuscrito, retando que después de un diluvio que inundo las tierras del Mayab, fue fecundada por Ac-Ucc-Chek, el siete veces fecundador.

A poco de fundarse Mérida, según refieren las crónicas de la época, la pequeña tribu que jefa turaba Itzam se trasladó a la aledaña aldehuela de Chuburna, no sabré decir si en busca de mejores tierras para el cultivo del maíz, o si porque este pequeño alejamiento le producía a los Peches la dulce ilusión de sustraerse de las garras de sus dominadores.

Construcción de la capilla.

A más de siglo y medio de distancia de la fundación de Mérida, un vecino de Itzimná, don Andrés Chan, también de ilustre progenie, adepto a la nueva religión, mandó construir de su peculio una capilla adecuada a las necesidades del pequeño poblado, suceso que aconteció en el año de 1719, según la inscripción relativa existente en la pequeña lápida que se encuentra a la entrada del templo y también en la fachada del mismo.

Itzimná a principios de este siglo. (Siglo XX)

A principios de este siglo, Itzimná era aún considerado demográficamente como un pueblo, perteneciente a la municipalidad de Mérida. Constituía un lugar de refugio para los meridanos en la época de verano y el viaje podría hacerse, ya en el ferrocarril de la línea a Progreso, ora por tranvía o “Carrito”, de tracción animal, que en las tardes veraniegas ofrecía a los paseantes “la esmeralda”, un acogedor carrito sin tapacete, pintado de verde, color del que se originaba su popular nombre.

Itzimná (1904)
Itzimná (1904)

Contaba Itzimná con un pequeño estadio para los juegos de pelota y también con la Montaña Rusa, que no era sino un tobogán, delicia de los chicos de entonces, que nos ofrecía la sensación deslizarnos vertiginosamente desde una considerable altura, en una pequeña plataforma que corría sobre rieles de unos treinta centímetros, sin otro medio de locomoción que el impulso natural del descenso y la línea ondulatoria del trayecto.

El carrito de la Compañía de Tranvías de Mérida, salía cada media hora de la Plaza Grande, de su paradero situado frente a la Catedral y duraba el mismo tiempo desde aquí hasta itzimná. Luego de cruza la Quinta San Fernando (de donde parte ahora la carretera para Progreso) el carrito se adentraba en una pequeña zona montuosa, cuyo silencio agreste apenas si interrumpían, el coro sinfónico de pájaros ocultos en la fronda y el alegre tintineo de las colleras de las mulas de tiro.

El Itzimná de ahora (1965).

Itzimná ha dejado de ser un pueblo y se ha unido a Mérida, se ha confundido con nuestra ciudad, pasando de ser una zona suburbana, desapareciendo poco a poco el pintoresco caserío de paja y embarro y las típicas albarradas blanqueadas a cal y recubiertas de azules x’hailes, para ceder el paso, a golpes demoledores de barreta, a modernas construcciones de arquitectura simplicista, sin gracia ni gusto, aunque eso sí, muy funcionales, según nos aseguran los entendidos. Mérida, la urbana y la suburbana, se han ido desfisonomizando poco a poco no sólo de la arquitectura de sus construcciones, sino también lamentablemente, en sus costumbres: dicen que eso es la civilización  y el progreso. Amén.

Del antiguo Itzimná, del que yo conocí hace más de medio siglo, solo se conserva en pie, como testimonio del pasado colonial, legendario y romántico, esta iglesita barroca, de altas espadañas en cuyos vanos están suspendidas como fabulosos murciélagos, las venerables campanas de bronce que otrora llamaran con sus dulces voces a la misa del alba, a esas generaciones pretéritas, nuestros abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, que acudían ansiosos a rendir culto al dios de sus antepasados y que solían encender una vela a Dios y otra al Diablo.

He vuelto a esta capillita antañona, cuyos dinteles de piedra exhiben como preclaros blasones la pátina de los siglos, después de una ausencia confinante con las postrimerías de mi adolescencia. Cuánto ha llovido de entonces acá. Canta la brisa en las frondas sus ritornelos de primavera y le hacen dúo los clarinetes barítonos de los kaues, los flautines de los piches y en las pausas orquestales se deja escuchar, cuando enmudece el conjunto sinfónico, el solo de octaviano de la paloma campirana, la melancolía Xcucutcib.

Visita a la capilla.

Frente al templo me he detenido, para atender a las observaciones que respecto a su construcción me hacer el Arquitecto Enrique Manero Peón, encargado de la restauración u a cuya amable invitación se debe mi insólita visita.

La historia arqueológica de esta vetusta joya colonial, según me hace observar mi cicerone desde el ángulo geométrico en el que nos hemos situado, se desenvuelve en tres etapas; la capilla primigenia de torres almenadas, rígidas espadañas y dos ágiles arquerías que miran respectivamente hacia el norte y hacia el sur; el segundo cuerpo, una nave espaciosa seguramente destinada cuando se edificó a la casa cural, construcción que parece datar de los fines de la colonia y finalmente el tercer cuerpo, cuya arquitectura afrancesada comprueba pertenecer a la era porfiriana.

Ya en el interior del templo, el arquitecto Manero me conduce hasta el presbiterio totalmente restaurado. Aprecio la instalación de una hermosa jampa de piedra del siglo XVI, piadoso donativo según se me informa de la Sra. Josefina Mediz viuda, del inolvidable Manuel J. Peón Bolio “Ney”, como le llamábamos sus amigos. Es una delicada obra de escultura ornamental que ha sustituido al antiguo retablo churriguerino y sirve de marco a la estampa de la patrona del templo. Esta jamba descansa sobre una base de piedra pulida, obra de un artífice contemporáneo.

El antiguo altar, el que yo conocí de tipo sarcófago, ha sido reemplazado por uno de piedra, tipo ambulatorio, exornado con dos cruces en sus soportes y cuyo vano permite mirar la cruz latina como los anteriores que existe en el basamento de la jamba.

Arco descubierto.

Desde la puerta norte del presbiterio, el arquitecto Manero Peón me enseña el arco de enfrente descubierto por él, en los momentos en que un peón albañil picaba la pared que la ocultaba, afín de efectuar una instalación eléctrica. Este arco, que parece señalaba el lugar destinado durante la colonia, a los catecúmenos, me trae a la memoria los arcos etruscos que tanto influenciaron a la arquitectura romana, que priva en las construcciones religiosas de nuestra península. El presbiterio, con esta restauración llevada a cabo con tanta inteligencia y buen gusto, ha sido devuelto a su primitivo estado, con el mismo sentido arquitectónico de quienes lo construyeron bajo la egida económica del piadoso don Andrés Chan. Observo con satisfacción que hasta el piso, retorno sicut erat in principio, y luce ahora losetas de piedra en vez de los mosaicos, ayunos de estética.

Ojala y con todo el piso de la capilla se hiciera lo mismo y como en éste, en todos los templo de nuestra ciudad, para que siquiera en este ángulo de Mérida , el de los templos, visitante conozca algo de la emérita colonial, legendaria y romántica y deambule estérilmente por una ciudad que lejos de responder a su tradición, narrada en libros y cantada en romances, resulte a la postre al turista extranjero una réplica de otras tantas urbes de allende las fronteras del Bravo que constituyen su paisaje nativo y rutinario.

Por Abelardo Barrera Osorio

Publicado en el Diario del Sureste en abril de 1965.

La influencia africana en Yucatán.

El día de ayer se llevó a cabo en el local de la Alianza Francesa la mesa panel “La influencia africana en Yucatán” como cierre del ciclo “Descubriendo África” que organizó la sede meridana de la alianza.

Durante la mesa se presentaron las siguientes exposiciones; “La formación de la comunidad afro-maya en Mérida temprana (1563 – 1610)” por el Dr. Melchor Campos, “Negros franceses en Yucatán: Una historia de orgullo y empoderamiento” por el Dr. Jorge Victoria Ojeda y “La tercera raíz en la península de Yucatán” por la Mtra. Verónica Rodríguez. A continuación le presentamos un breve resumen de las exposiciones.

“La formación de la comunidad afro-maya en Mérida temprana (1563 – 1610)”

Mérida se fundó en 1542 como una ciudad para los blancos, a cuyas afueras se asentaron pueblos indígenas nativos en principio en lo que entonces eran los pueblos de San Cristóbal y Santiago.

Esta primera etapa fundacional entre 1542 hasta que es declarada ciudad de Mérida muy noble y muy leal en 1605, etapa en la que inicio la distribución de los espacios de la traza original.

El espacio urbano de la ciudad de Mérida confluyeron diferentes grupos étnicos aunque entonces la ciudad se encontraba marcadamente dividida por muros imaginarios que señalaban espacios para blancos y espacios para indígenas.

En esta confluencia se encuentran los negros que estaban en la ciudad para trabajar como servidumbre y que probablemente habitaron en las mismas casas de los españoles en el área del patio conocida como los servicios. Esta servidumbre había sido desarraigada de su pueblo ya sea por ser huérfanas o por no encontrar otro sitio para vivir.

Hacía 1580 se reportaban 70 vecinos en la ciudad, por entonces había la misma cantidad de personas de color. Aunque la mayoría estaban dedicados a la servidumbre, su condición no era esclavista. A finales del siglo XVI había 255 personas pertenecientes a la población negra.

Lo que hoy conocemos como Senegal, Sierra Leona, Angola y Congo fueron algunas de las regiones de las que llegaron; esto según consta en registros parroquiales.

El espacio domestico de la ciudad de Mérida fundacional es un microcosmos multiétnico pues no solamente hay mayas, españoles y negros; también se mezclan indígenas procedentes del centro de lo que hoy conocemos como México. La casa española estuvo marcada por una estructura piramidal en la que la jerarquía mayor recaía en el padre y se iba distribuyendo hasta llegar a la servidumbre.

Se puede inferir que este espacio doméstico y la interacción entre los grupos permitieron los matrimonios entre la población africana y las mujeres mayas; aunque se desconoce si en los espacios de servicio lograban concurrir estos dos grupos.

La realización de estos matrimonios genero el rompimiento de la barrera étnica entre dos grupos; otro aspecto a señalar  es la mentalidad española que prefería matrimonios consumados en la iglesia; pues está desde el concilio de Trento otorgo libertades para realizar casamientos, aunque los representantes en la colonia en Yucatán se opusieron en un principio principalmente por racismo.

1,000 matrimonios se registraron a finales del siglo XVI entre mayas y africanos, de los cuales solo uno corresponde a un hombre maya que se casa con una mulata, en los demás casos era al revés.

Las relaciones interraciales propiciaron la creación de una comunidad afro-maya que hacía finales del siglo XVII tuvo su iglesia en la desaparecida Jesús María. La población no tuvo un asentamiento a los intramuros de la ciudad y hasta el siglo XVI empiezan a asentarse en San Juan, Santa Lucía y Santiago

“Negros franceses en Yucatán: Una historia de orgullo y empoderamiento.”

¿De dónde vienen los negros franceses?, para responder a esto hay que situarse en la isla de la Española a finales del siglo XVII; entonces se encontraba dividida en un lado español (Santo Domingo), al este y otro francés (Saint-Domingue) al oeste.

Una economía diametralmente opuesta funcionaba en la isla; la parte española se basaba en la ganadería, mientras que la francesa era una de sus principales colonias pues la producción de azúcar salía en mayor parte de la isla. Ambas economías estaban sostenidas por trabajadores de color.

Mientras en la metrópoli estallaba la revolución francesa, en la isla se desarrollaba otro movimiento. En 1791 estalló la revolución Haitiana donde gente negra de la isla se levanta en contra de las autoridades criollas francesas que dominaban la isla, esto porque el rey les había dado unos días de descanso a los trabajadores de color pero las autoridades isleñas no los otorgaron.

Esto propició un levantamiento que aunque ha sido señalado como un movimiento libertario, también se cree que fue en defensa del rey francés que entonces se encontraba prisionero. Algunos de los cabecillas del este movimiento fueron Georges Biassou, Toussaint Louverture y el principal, Jean François.

Al ser de la parte francesa ellos ya habían aprendido el idioma.

La declaración de Guerra entre Francia y España ocurre el 27 de marzo de 1793 pero en febrero el rey le ordena al gobernador de Santo Domingo, Joaquín García, ganarse el ánimo de los lideres sublevados negros a cambio de libertad, excepción y goces para que luchasen del lado español contra los criollos franceses, declarándolos vasallos en un intento por recuperar la posesión de toda la isla. Los tres cabecillas mencionados se pasaron al lado español junto con miles de seguidores

Los líderes afros se pasan al lado español, pero en 1794 llegan los segundos emisarios de la Convención francesa, ofreciendo a los negros que regresen y luchen por Francia a cambio de libertad. Toussaint Louverture vuelve al lado francés junto con un grupo de seguidores.

Quedan del lado español Georges Biassou.y Jean François, quienes tendrían piques para demostrar a las autoridades españolas quien era el auténtico líder del movimiento, aunque finalmente Jean es reconocido como el líder. Estas tropas de población negra, en 1793 reciben el nombre de Tropas Auxiliares de Carlos IV. Comienza la batalla en la isla.

Durante el desarrollo de la guerra fueron bien tratados por los españoles, pero España pierde la guerra y el tratado de Basilea entrega a Francia toda la isla de Santo Domingo, por lo que se ordena el desalojo de los negros que lucharon en su bando y que tienen un grado militar. Y entonces empieza la criba para decidir quiénes serían enviados y a donde.

Joaquín García le sugiere al rey que cumpla los convenios de libertad prometidos a estos, a lo que el Rey contesta que los negros los trate como franceses y que los deje en la isla. García tomo la decisión de enviar un grupo de aquellos a la Habana. Lo que escandalizo al gobernador de la Habana Luis de las casas y se negó. La economía de la isla se basaba en el sistema esclavista y siguiere lo peligroso que puede ser las ideas de libertad a los negros que habitaban en la isla.

El gobernar de Cuba no tuvo otra opción que dejarlos llegar a la isla aunque no los deja bajar del barco y se quedaron varados hasta que se tomó la decisión de enviarlos a distintos sitios.

El grupo es dividido y es enviado a varias partes de lo que entonces era el reino de España. Un grupo de 115 fue enviado hacía Campeche. Este grupo variaba mucho en origen; la mayoría venia de Santo Domingo, aunque también había africanos y criollos de otras partes de américa como Nueva York, Jamaica Wallix y Rio de Janeiro.

El gobernador de Yucatán Arturo O’Neill decide trasladar al grupo de negros que llegaron a Campeche, a una zona cercana a Tízimin de acuerdo a una serie de directrices que les dejaron en una especie de aislamiento.

Los negros tenían por escrito sus garantías de libertad, por lo que exigían se les respetase los prometimientos de tierras y salarios.

Entonces se funda el poblado de San Fernando Aké en 1796. Para que se albergasen, se levantaron tres galerones de guano y se formó una plaza, también se realizó una casa para el intérprete pues hablaban francés. También se construye una cárcel.

Ubicación de San Fernando Aké en las cercanías de Tizimín.
Ubicación de San Fernando Aké en las cercanías de Tizimín.

Una vez establecidos, no aceptaban a españoles y mestizos aunque si recibían gustosos a los negros que huían de Belice, para 1806 ya eran a 148 personas las del poblado, más 44 afros agregados para dar un total de 192 individuos.

Las autoridades españoles intentaron introducir blancos, mestizos e indígenas a la población pues se consideró peligroso que se mantuviera únicamente la población negra. Para 1841 ya había 853 individuos y entonces ya había ingresado población con patronímico maya, para 1846 se reportaba que había aproximadamente 200 casas

Durante esta primera parte del siglo XIX, San Fernando Aké se volvió el granero del estado de Yucatán, y fue un recurrente a la hora de escasear el maíz en la región.

En 1847 inicia la guerra de castas y al año siguiente la mayoría de los pobladores de San Fernando decidió irse a Belice, para octubre de aquel año, el pueblo había sido abandonado. Solo el anciano Casimiro se quedó ahí con un sirviente. Apenas quedan restos de lo que fue el asentamiento negro de San Fernando Aké.

En 1860 las autoridades yucatecas les envían varias cartas pidiéndole a la población de San Fernando que regrese, sin embargo esto no ocurrió.

“La tercera raíz afro en especial en la península de Yucatán”

La identidad nacional está relacionada con el mestizaje entre la cultura española e indígena, pero la presencia de raíces negras es muy poco advertida en este término.

Realmente no existe una identidad afro e incluso hay un alejamiento con este término pues muy pocas veces es reconocido como tal.

Descubrir donde están las raíces de la cultura negra en nuestro contexto actual para derivar en un proyecto visual fue uno de los planteamientos de la investigación.

La obra resultante será expuesta el próximo 2 de junio en el Centro Cultural José Martí del Parque de las Américas.

De izquierda a derecha: el Dr. Melchor Campos, el Dr. Jorge Victoria y la Mtra. Veronica Rodríguez.
De izquierda a derecha: el Dr. Melchor Campos, el Dr. Jorge Victoria y la Mtra. Veronica Rodríguez.

El Parque de “La Plancha”.

Terrenos de "La Plancha"
Terrenos de “La Plancha”

En los últimos días ha empezado a circular en medios información nueva sobre el Parque de la Plancha, que se ubicaría en los terrenos conocidos por ese nombre, que en antaño fueron los patios de la antigua Estación Central de Ferrocarriles, más de 23 hectáreas de terreno.

Se señala que será el mes próximo cuando el Gobierno del Estado presente el proyecto final de lo que será el parque de la Plancha. En septiembre de 2014, el titular de la Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán, Roger Metri anunció que era compromiso del gobernador Rolando Zapata Bello concretar el proyecto del parque durante su gestión.

Según pública el Diario de Yucatán, el consejero jurídico del gobierno del Estado, Jorge Esquivel Millet, anunció que en breve se iniciarán los trabajos del limpieza de terreno y recordó que aún siguen siendo propiedad de la empresa Chiapas Mayab que ya no opera los mismos, por lo que están en pláticas con el órgano liquidador de hacienda para entregar los terrenos al gobierno estatal.

Andes que serían restaurados según el proyecto “Gran Parque La Plancha”.

La Asociación Civil Gran Parque La Plancha encabezada por el señor Félix Rubio Villanueva, lleva algunos años presentando su propuesta de parque en diferentes espacios y plataformas, sin embargo, al parecer no han sido consultados por el gobierno del estado sobre el proyecto final, según su página en Facebook. La asociación, en un comunicado emitido el día de ayer, pidió sea tomada en cuenta la ciudadanía en la elaboración del proyecto de parque.

El proyecto de esta asociación se basa en propuestas anteriores de un parque en el sitio, complementadas con la  sugerencias de los residentes, voluntarios y expertos que participaron en el Foro Interdisciplinario Gran Parque la Plancha en agosto 2014.

Los ejes del proyecto resultante son los siguientes.

  • Arquitectura y Preservación Histórica
  • Salud, Recreación, Deporte y Ciclovía
  • Cultura, Educación y Turismo
  • Medio Ambiente y Jardines.
  • Energía Sustentable y Recursos Hidrológicos.

Puede consultar todos los detalles del Proyecto en www.granparquelaplancha.org

Las cámaras empresariales CANACO, COPARMEX y CANACINTRA han manifestado apoyar el proyecto aunque también esperan les sea presentado antes del anuncio oficial.

La zona denominada “La Plancha” inicio su historia en 1920 cuando se inauguro la nueva Estación de Ferrocarriles de Yucatán que durante más setenta años fue entrada y salida de pasajeros de todo el estado. Desde los noventa el servicio de trenes entro en decadencia hasta que la estación fue rescatada para ser convertida en la Escuela Superior de Artes de Yucatán.