El Museo Yucateco, y las adversidades que enfrentó

Maximiliano de Habsburgo llegó a México en mayo de 1864 para hacerse del título de emperador. Entre las preocupaciones del monarca estaba la conservación del pasado prehispánico del país, al respecto escribió: “Como todo lo que da lustre á la historia de nuestro país interesa vivamente á Mi corazón, prevengo á los Prefectos que cuiden con especial atención la conservación de las antigüedades y monumentos históricos, é impidan á toda costa, con arreglo á la ley vigente, la exportación de antigüedades. Todos los objetos que tengan algún ínteres, deberán enviarse al Palacio de México para colocarlos en el Museo nacional.” (Habsburgo , 1867). Esto era parte de la política conciliatoria del emperador con las culturas indígenas que habitaban el país, pretendía, a diferencia de los gobiernos anteriores, incluirlos dentro del proyecto imperial. Para ello establecería relación con el pasado prehispánico legitimándose como heredero del último tlatoani, estableciendo la idea de que el imperio que el encabezaba era una continuación del último soberano mexica. (Martinez, 2011).

Maximiliano extendió el interés en el pasado indígena a todo el país, el 24 de noviembre de 1864 el Comisario Imperial en Yucatán, José Salazar Ilarregui dio la siguiente orden “S.M. el Emperador me ordenó expresamente que hiciera cuidar con escrúpulo de los monumentos antiguos de esta península y que no permitiera ni que se tocasen; así es que dispondrá V.S. por medio de circulares a todas las autoridades políticas que cuiden los expresados monumentos y que no permitan que se hagan excavaciones, ni que se toquen aún con el pretexto de repararlos ni mucho menos que se tomen de ellos partes por pequeñas que sean”. El sucesor de Salazar Ilarregui, Domingo Bureau daría vida al anhelado Museo de Sierra; el primero de julio de 1866 dio la orden de creación del museo público de arqueología y arte el cual recibiría el nombre de “Museo Yucateco”, para dirigirlo estableció una junta conformada por cinco propietarios y tres suplentes. A pesar del establecimiento del reglamento y de la junta del Museo este no pudo prosperar debido a la precaria situación del gobierno imperial. (Millet Cámara, 1992). Entre los distinguidos miembros de aquella efímera junta destaca el grabador Gabriel Gahona “Picheta”, el periodista e historiador D. Gerónimo Castillo Lenard y el presbítero Crescencio Carrillo y Ancona.

Este último había reunido una gran colección de manuscritos antiguos en su biblioteca personal así como óleos y esculturas en su museo privado, esto proveniente de los conventos clausurados. En el interés del presbítero también estaba la flora, fauna y geología y todo lo concerniente al hombre en su vida social y cultural (Barrera Vásquez, Crescencio Carrillo y Ancona y la fundación del primer museo yucateco, 1977). En 1869, una vez restablecido el orden republicano, el gobierno liberal de Manuel Cirerol y Canto convino con Carrillo y Ancona la fundación del Museo Yucateco a partir de su colección privada la cual constaba entonces de 194 objetos, manuscritos y libros raros, 18 objetos y varias conchas, erizos y estrellas de mar. A cambio se le otorgarían dos mil pesos, mismos que según Barrera Vázquez nunca recibió, y el 28 de enero de 1870 fue nombrado director del Museo Yucateco. En febrero del mismo año se dio la orden a los jefes políticos del estado que recolectaran objetos que pudieran ser de interés para el establecimiento de la institución (Rios Meneses, 1977).

La inauguración del Museo demoraría hasta septiembre de 1871 esto debido a los cortos presupuestos asignados, que incluso obligaron a Carrillo y Ancona a trabajar en la organización del museo sin que recibiera pago alguno. El local elegido era el edificio del Instituto Literario del Estado, actualmente sede central de la Universidad Autónoma de Yucatán. En presencia del Vicegobernador del Estado don José María Vargas, Carrillo y Ancona expresó “Al poner en vuestras manos las llaves del Museo Yucateco en la fecha más pura y gloriosa de nuestra historia nacional, vais a abrir e instalar un establecimiento que ha sido tiempo ha, el blanco de las nobleza aspiraciones así de los más célebres e ilustre yucatecos, como de los sabios más prominentes de ambos mundos.” (Barrera Vásquez, Crescencio Carrillo y Ancona y la fundación del primer museo yucateco, 1977)

Museo a principios del siglo XX, probablemente en el Instituto Literario, hoy Universidad Autónoma de Yucatán.
Museo a principios del siglo XX, probablemente en el Instituto Literario, hoy Universidad Autónoma de Yucatán.

Pese a este inicio, de nuevo el Museo enfrento problemas debido a los continuos cambios políticos acontecidos por entonces que impidieron que el Museo se desarrollase y que su situación presupuestal mejorase, siendo así que para 1875 no se había cumplido con los honorarios del presbítero. En enero de aquel año, Carrillo y Ancona abandona el Museo ante la imposibilidad económica, razón por la cual el Consejo de Instrucción Pública le pregunta si esto significaba su renuncia a lo que reviró “de ninguna manera puedo hacer abandono ni renuncia de un establecimiento de que soy el primer fundador y el principal propietario y al que para darle existencia por tantos años deseada de todos los buenos yucatecos, he consagrado las labores y los más ardientes deseos de toda mi vida como en otro tiempo me hizo la honra de estimarlo y reconocerlo el mismo H. Consejo, que de acuerdo con el Superior Gobierno del Estado erigió el Museo Público, nombrándome su Director precisamente por haber sabido la existencia anticipada de mi Museo particular que es el mismo [..] va para dos años que no se me ha pagado como Director ni un solo centavo de la mezquina asignación de treinta pesos mensuales que se me habían concedido y que había sido disminuida en el presupuesto decretado para el año actual.” “El H. Consejo debe comprender muy bien que no verá actividad y movimiento que es de desearse en el Museo si apenas acabado el entusiasmo de su instalación, está ya abandonado”. (Barrera Vásquez, Crescencio Carrillo y Ancona y la fundación del primer museo yucateco, 1977).

El presidente del H. Consejo de Instrucción Pública, Don José Antonio Cisneros determinó el cese del presbítero, pero no podía pues era propietario de las colecciones. La ocasión y/o el pretexto para remover a don Crescencio fue que desde el 11 de enero de 1874, en carácter de servidor público, debió rendir protesta de “guardar las adiciones y reformas constitucionales”, cosa que no realizó y para lo cual fue citado. El conflicto entre la fe de Carrillo y Ancona y las reformas constitucionales dio efecto y el bibliófilo yucateco fue cesado del cargo, proponiendo el H. Consejo de Instrucción una terna compuesta por Juan Peón Contreras, Joaquín Castillo Peraza y José García Montero; siendo seleccionado el primero de ellos para ocupar el cargo de Director del Museo. Se exigió a Carrillo y Ancona la entrega del museo, pero este solo cedería si se realizaba el pago por las colecciones de su propiedad.

La respuesta del director del Museo es enérgica al hacer mencionar que carecen de autoridad para hacer entregar el Museo pues “el mismo H Consejo sabe que él no ha fundado el establecimiento ni tiene derecho de propiedad sobre las colecciones de objetos”. La misiva, membretada como “Ex Dirección del Museo Yucateco” concluye pidiendo el pago para las colecciones privadas a cambio de que estas pasaran al Gobierno, cosa que había sido planteada ya en 1871. En la misma fecha de la contestación antes mencionada, 25 de febrero de 1875, se da la orden de ocupar el museo forzando las puertas y a inventariar todo el contenido del mismo (Barrera Vásquez, Crescencio Carrillo y Ancona y la fundación del primer museo yucateco, 1977).

Desde 1867 había sido el antiguo Colegio de San Pedro, en aquella época imperial ocupó la planta alta del edificio. En los tiempos en los que Cirerol y Canto también se designó que fuese aquel edificio, pero esta vez sería la planta baja en los espacios que actualmente ocupa la Biblioteca Central de la Universidad. En 1877 se abrió un acceso sobre la calle 60. El proyecto de Carrillo y Ancona había quedado atrás y el Museo continuó existiendo de forma más o menos activa. Casi al finalizar el siglo XIX se escribía sobre el Museo “Esta bajo la inmediata dependencia del Consejo de Instrucción pública, y entre los objetos que tiene, se cuenta la bandera que adoptó el Estado cuando se declaró independiente de México en 1843; el escudo de armas de la ciudad, las profecías de varios indígenas mayas, cuadros de pinturas ejecutados en 1475, y otras joyas de valor.” (Rosado, 1895).

El gobierno socialista encabezado por Felipe Carrillo Puerto dispone la reorganización del Museo Yucateco el 25 de enero de 1923, probablemente animado por el arribo de investigadores patrocinados por universidades y centros de estudio (Peña Alcocer, 2016).  Sin embargo esta obra sería pospuesta por la rebelión delahuertista el  posterior asesinato del gobernador, por cual fue hasta el 3 de enero de 1925 cuando el gobernador José María Iturralde inaugura el Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán, ahora ubicado en el Ex Convento de San Juan de Dios a un costado de Catedral, el edificio se adaptó para funcionar como Museo, se colocó una entrada nueva de características Neo – Mayas y en el frente se descubrió un busto del arqueólogo Teoberto Maler elaborado por los hermanos Leopoldo y Alfonso Tommasi (Ferrer Mendiolea, 1938). Esta institución se encomendó al escritor y poeta Luis Rosado Vega quien fungiría como su director hasta 1937, año de su destitución tras escándalos de substracción de documentos realizados por el hijo de Rosado Vega (Peña Alcocer, 2016).

Tomo el cargo de director interino el arqueólogo Alfredo Barrera Vásquez elaboró un estudio sobre el estado que guarda el Museo, haciendo énfasis en carecen de catálogos y descripciones que hagan verdaderamente funcional el museo. Apunta que se exhiben piezas en orden anacrónico y se erra en la temporalidad de algunas. El área de restauración carece de las herramientas y el cuidado para el correcto manejo de las piezas, lo que conduce a resultados que el arqueólogo considera “engendros arqueológicos y por tanto timos científicos y artísticos”. Se exhiben piezas de otras culturas haciéndolas pasar por mayas y se falsifican fotografías. Así pues el estudio “Estado en que se encuentra el Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán” (1937) resulta en un análisis de los sinsentidos que tenían lugar durante la administración de Rosado Vega. A decir del mayista, la organización del museo se limitaba a la superficialidad y orden aparente de las piezas. Barrera Vázquez urgía tomar medidas para convertir la institución en un elemento científico realmente funcional así como para la reorganización del Archivo General del Estado (Barrera Vásquez, Estado en que se encuentra el Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán, 1937). Aquel año inicia la labor reformadora del Museo que incluiría la fundación de la Biblioteca Crescencio Carrillo y Ancona en 1938 a cargo de Mireya Priego de Arjona.

Con el objetivo de reformar la institución, que en su opinión se había mantenido en un estado de pasividad limitado al coleccionismo de objetos mal clasificado consigue elaborar el proyecto de una nueva institución. El Museo Arqueológico de Histórico de Yucatán dejó de existir por Acuerdo del Ejecutivo del Estado, de fecha 11 de Septiembre de 1941, que creó para substituirlo al Instituto de Etnografía, Historia y Bibliografía de Yucatán, el cual siguió dependiendo del propio poder hasta el 24 de diciembre que por Decreto de la Legislatura del Estado de fecha 22 del mismo mes, se incorporó a la Universidad de Yucatán (Barrera Vásquez, 1942). Sin embargo la dependencia Universitaria apenas duró un par de años, pues en Enero de 1944  retornó al Gobierno del Estado cuando es designado director el Profesor Antonio Canto López.

El Museo permanecería funcionado en aquel local hasta 1958, aquel año el edificio del convento sanjuanino fundado en 1625 es vendido y convertido en estacionamiento público. Las piezas y colecciones del Museo se trasladaron al sótano del  Palacio del General Francisco Cantón en Paseo de Montejo. El instituto se convierte entonces en Instituto Yucateco de Antropología e Historia. El significativo edificio había sido, además de la residencia del general, Escuela Hidalgo, Escuela de Artes y Oficios y residencia de los gobernadores. La inauguración de la nueva sede del Museo se realizó en diciembre de 1959 en presencia del presidente de la república Adolfo López Mateos. Pese a este inicio, el Museo mudó al barrio de San Sebastián y en algún momento las colecciones estuvieron en resguardo en la Penitenciaría Juárez. Finalmente a principios de los ochenta el Museo regresa al Palacio como Museo Regional de Antropología e Historia, pero ahora administrado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el cual había comenzado funciones en 1939 durante el gobierno de Lázaro Cárdenas.

Desde entonces, a casi cuarenta años de su instalación definitiva en el Palacio Cantón, el Museo se ha convertido en parte del imaginario de la ciudad de Mérida y ha consolidado  su presencia a través de los años y del respaldo dado por Instituto Nacional de Antropología e Historia. En 1987 el Ayuntamiento de Mérida dispuso la creación del Museo de la Ciudad de Mérida, para ello se recuperó la capilla de San Juan de Dios como sede y en 2007 se estableció en el Palacio Federal, comúnmente llamado correos.

Bibliografía.

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