Breve historia de la Catedral de Mérida

La catedral de Mérida es la más antigua de México. De sus dos esbeltas torres, la del norte o la de la calle 61 se concluyó en el año de 1600 y la del sur o del “Pasaje de la Revolución” en 1713; en esta torre esta la antigua caratula del reloj silenciado desde hace muchos años.

En el frente principal, hacia el poniente, como casi todas las iglesias franciscanas de Yucatán, está la puerta mayor formada por un gran arco en cuyo eje esta la puerta principal encuadrada por pilastras y entre estas, las esculturas de los apóstoles San Pedro y San Pablo. Sobre la puerta principal una ventana correspondiente al coro y en el medio punto del gran marco un hermosos escudo que originalmente lucia las armas reales españolas las que fueron recubiertas por una capa de estuco en 1822 y sustituidas por escudo del Emperador Iturbide, o sea la conocida como “águila coronada” que años después también se recubrió en parte.

Esta cobertura fue retirada en el año cincuenta y ocho, por el arqueólogo Cirerol Sansores, para lucir el escudo que es el que hasta hoy puede admirarse. La fecha precisa de la terminación de la Catedral de Mérida se ubica en el año de 1598, cuando gobernaba Yucatán Diego Fernando Velasco.

En Bula del Papa Pío IV, el 16 de diciembre de 1561 se concedió a nuestra Catedral el título de San Ildefonso que tiene hasta el presente. Mucho antes del arribo del señor Francisco Toral, primer Obispo de Yucatán, ya estaba señalado el sitio donde sería construida la Catedral, para lo cual se acumularon materiales suficientes extraídos del gigantesco templo prehispánico de Bakluum Chaan. Una vez considerando que la pacificación de Yucatán era una realidad, vino de España el arquitecto Juan Miguel de Agüero en 1568 iniciándose la obra que terminó doce años más tarde.

Entre tanto, fue habilitada la iglesia de San Juan de Dios (hoy cerrada al público) en forma provisional, aunque el señor Sierra O’Reilly asienta en el registro yucateco en 1845 “De aquí la opinión común que hace valer la especie, de que San Juan de Dios fue la primitiva Catedral de Mérida; no fue así, sin embargo, porque la primera, aunque de pequeñísima apariencia y de pésima construcción estuvo erigida en el sitio en que hoy se encuentra el ala derecha del Palacio Episcopal y la capilla del señor San José, según se ha podido rastrear de algunos papeles antiguos y Agüero hizo demoler el miserable y raquítico edificio que existía, para erigir la espléndida obra que hoy poseemos, que tuvo de costo muy cerca de trescientos mil pesos que por tercias, dieron la Real Hacienda, los encomendados de esta provincia y los indios. Más puede decirse que casi la totalidad de su valor se debe a los últimos, pues aquella suma solo representa la mano de obra, porque la inmensa cantidad de materiales empleados, se exigió gratuitamente de los indígenas”

El señor Sierra, al referirse al “ala derecha del palacio episcopal”, señala lo que es en la actualidad la parte del Ateneo Peninsular correspondiente al cruce de la calle 60 con el Pasaje de la Revolución, lugar éste último donde estaba la capilla de San José.

Al describir el escudo en el hueco del vistosísimo “arco volado” que se eleva considerablemente sobre el nivel de la bóveda asienta “Existía un bellísimo escudo de las armas reales tan perfecto, que cuantos lo veían admiraban la destreza del artífice; pero desapareció este monumento en 1822, cubriéndolo con un feísimo emplasto en que esculpieron las armas nacionales, primero con el águila coronada y después ocultando la corona tras una capa de yeso y cal.”

Fue esta última capa de estuco, la que el señor Cirerol Sansores retiro en 1958 bajo su personal vigilancia y cuidado, volviendo a dejar con su originalidad el escudo, sin que veamos en que podría perjudicar u ofender algo que corresponde a una época de México.

La obra de la parte central de Catedral remata en una ancha plataforma a manera de espacioso corredor con antepecho de balaustres de cantería, apoyos y cuatro pedestales terminados con macetones tallados. En el centro –dice JSO- había mandado colocar don Manuel Rincón un corpulento mástil o palo-asta gigantesco, para enarbolar en los días clásicos, el pabellón de la república y también para que sirviera de telégrafo, anunciando la entrada de buques de Sisal. Pero luego que cesó en el mando de las armas aquel general se abandonaron ambas ideas y fue preciso arrancar de su sitio el colosal mástil por temor de que se desprendiese y causase alguna desgracia. Las dos torres de Catedral tienen detalles originales, producto tal vez de las etapas de construcción: el segundo y el tercer cuerpos no corresponden al primero, que es impresionante. Se asciende por una escalera interna de caracol o espiral de 124 peldaños de cantería, desembocando en un salón a nivel de la azotea. Otro caracol o espiral más estrecho, de 55 peldaños, guía al primero y segundo cuerpo. En la torre norte, donde está el campanario, la campana mayor ubicada al centro, a mediados del siglo pasado y posiblemente hasta los años de la Mérida tranquila, se podía escuchar su grave sonido a ocho kilómetros a la redonda. En el tercer cuerpo estaba “la matraca” que se usaba en la Semana Mayor al silenciase las campanas por el luto de la Iglesia.

En la torre del sur funcionaba el reloj que daba las horas y los cuartos. Fue construido en Londres en el año de 1731 y se colocó para sustituir el original, que ya añoso, estaba deteriorado a causa de un rayo. La parte del trascoro fue en una época cementerio. Era una bóveda o zanja cubierta de maderas donde estaban los sepulcros. También en las naves laterales se inhumaban ciertos personajes que costeaban esas sepulturas, pero todo eso se rellenó, sellando para siempre restos de ciudadanos del siglo XVIII

El primer altar mayor fue demolido por el señor Padilla y en su lugar se construyó otro que concluyó en 1762. Posteriormente, se hicieron modificaciones y cambios.

Catedral concluyó, ya se dice, en 1598, pero no fue sino hasta el 12 de diciembre de 1763 cuando se consagró, oficiando el Obispo Fray Antonio Alcalde siendo deán el Dr. José Martínez; arcediano Dr. Buenaventura Monsreal; chantre Dr. Pedro de Cetina; maestre escuela José Alarcón; canónigo de gracia Juan Antonio Mendicuti; racioneros Agustín Carrillo Pimentel y Dr. Agustín Francisco de Echano, según consta en los libros capitulares.

Y dice el licenciado Justo Sierra O Reilly, al evocar su primera impresión de la Catedral de Mérida cuando tenía cinco años de edad:

“… una pira, millares de luces, pirámides coronadas, cañones, autoridades vestidas de luto, canónigos con las cabezas ocultas en capuces negros, un venerable anciano con inmensa cauda morada ¡he allí lo que recuerdo! Celébrense las exequias de los Reyes padres, Carlos IV y María Luisa, muertos en Roma el año anterior. Esta escena pasaba en noviembre de 1819… postreros honores que tributó el pueblo yucateco a los antiguos monarcas, sus dueños… última señal de vasallaje, porque la libertad, el imperio de la libertar, iría a venir…”

Luis Ramirez Aznar (1987)

Catedral de Mérida

Sergio Ceballos Castillo

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