Capilla de Nuestra Señora del Rosario y el Hospital de San Juan de Dios

En la esquina de la Calle 61 con 58 se alza un portentoso edificio colonial que tuviera que llamar la atención de aquellos que transitan por las mencionadas arterias; ya sea por el intenso color rojo de sus muros,  por las extrañas figuras que asoman por la calle 58, o por el bien labrado pórtico sobre la 61.

Quizá usted recuerde haber entrado al edificio cuando fue sede del Museo de la Ciudad entre 1987 y 2007, Por estas fechas se cumplen diez años desde que el Museo de la Ciudad se trasladó a su actual ubicación en el Ex – Palacio de Correos, mismo tiempo en el que la capilla ha permanecido clausurada al público.

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La historia de este cuatro veces centenario inmueble empieza cuando en 1550 el alcalde mayor Gaspar Suárez dona estos terrenos para construir el primer hospital de Mérida, el cual se término en 1562, y algunos años después en 1579 se terminó la capilla bajo la invocación de Nuestra Señora del Rosario. Según cuentan algunas crónicas, la capilla sirvió como Catedral provisional mientras se construía la que hoy conocemos y que se concluyó en 1598.

La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios llegó a hacerse cargo del sanatorio en 1625 convirtiendo el sitio en su convento; aquellos religiosos dedicados a dar auxilio a enfermos y convalecientes también se hicieron con el mantenimiento y atención del hospital del puerto de Campeche.

En 1821 las cortes ordenaron la extinción de las ordenes mendicantes; franciscanos y juaninos fueron obligados a abandonar sus respectivos conventos. El hospital se trasladó brevemente al Convento Grande de San Francisco, aunque posteriormente regresó a su sitio original. El ayuntamiento se hizo cargo del hospital, hasta 1832 cuando pasa al Gobierno del Estado con el nombre de Hospital General de Mérida.

El hospital mudó a la Mejorada en 1862 por iniciativa del Dr. Agustín O’Horan. El edificio sería sede del Colegio Católico hasta 1915, y en tiempos de Alvarado se convirtió en la escuela primaria Josefa Ortíz de Domínguez e “Hidalgo”, posteriormente se instalaría la oficina de la Contaduría Mayor de Hacienda.

PORTICO SAN JUAN DE DIOS

El Museo Arqueológico de Yucatán se funda en aquel edificio en 1923, por decreto del gobernador Felipe Carrillo Puerto quien  le da continuidad al anhelo iniciado por el ilustre obispo Crescencio Carrillo y Ancona de un sitio para preservar la historia del estado. Sin embargo el Museo no entraría en funciones hasta enero de 1925, ya fallecido Carrillo Puerto durante el gobierno de José María Iturralde.

Las descripciones hechas del Museo por aquellos años hablan de una institución bien establecida que ofrecía a los yucatecos la posibilidad de encontrarse con el pasado prehispánico de la península, se refieren por ejemplo a las colecciones prestadas por el Instituto Carnegie para que se expongan en el interior del museo. En 1941 el museo se transforma en el Instituto de Etnografía e Historia del Estado.

Según apunta Gabriel Ferrer en su descripción del Museo, parte del inmueble era propiedad de Victor M. Suárez, quien la había adquirido del rector del Seminario. Lamentablemente al finalizar la década de los cincuenta el edificio es vendido y sus nuevos dueños deciden convertirle en estacionamiento. Del edificio de 400 años sólo se conservo la capilla y algunas arquerías que ahora forman parte de un hotel. Hay muy pocas referencias relativas a la demolición del centenario edificio y a las autoridades que permitieron tal atrocidad.

Las colecciones del Museo fueron enviadas al sótano del Palacio Cantón. Más tarde, a principios de 1987, se funda el Museo de la Ciudad de Mérida en la capilla de Nuestra Señora del Rosario y permanece ahí hasta 2007 cuando es trasladado a su sede actual en el Ex – Palacio Federal de Correos.

Desde entonces permanece como bodega del INAH, siendo un espacio desaprovechado que bien podría servir para diversas actividades. Cuanto más tiempo pase clausurado, más olvidado queda dentro del imaginario del meridano, lo que sin duda representa un peligro para su conservación. ¿Cómo se puede una comunidad preservar un bien al que no se le tiene ningún vínculo? Esperemos que la situación cambie pronto.

Capilla de Nuestra Señora del Rosario

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