Los nombres de las calles de Mérida.

Durante la colonia las calles no eran oficialmente designadas con un nombre, eran comúnmente llamadas por el apellido de la familia más prominente que hubiese establecido ahí su casa; en otras ocasiones eran llamadas por el nombre de la Iglesia que en ella se encontraba, como la calle de San Juan de Dios (Calle 61). Otra forma de bautizar popularmente las vías de Mérida, era por el sitio al que se dirigían; así la calle 59 era el Camino a Santiago, la 62 a Chuburna y la 59-A a Sisal.

En los años de la colonia no se necesitaban grandes referencias para ubicar un sitio, pues la ciudad terminaba en los barrios coloniales.

Gobernó Yucatán entre 1864 y 1865 José Salazar Ilarregui, bajo el título de comisario Imperial designado por el entonces emperador de México, Maximiliano de Habsburgo. El entonces comisario creyó oportuno regularizar la nomenclatura de la ciudad de Mérida, para ello encargo que se levantara un amplio plano topográfico.

Plano Topográfico encargado durante el segundo imperio.
Plano Topográfico encargado durante el segundo imperio. Puede descargarlo a mayor calidad aquí

El trabajo fue realizado por Agustín Díaz, Mauricio Von Hippel, Carlos Ramiro Francisco Beltrán y Carlos Moya, quienes consiguieron un plano de gran precisión y un sistema de nomenclatura que desde entonces ha sido calificado de perfecto.

La ciudad quedo dividida en cuatro cuarteles resultantes de una línea de norte a sur formando la “Calle de Progreso”, que es ahora la 60 y la otra línea de Oriente a Poniente que llamaron “Calle Central”, actual calle 61 cruzándose ambas en la esquina del palacio de Gobierno.

Basándose en estos ejes, las calles de dirección al este eran “Oriente Norte” u “Oriente sur” y consiguientemente cuando su dirección era hacia el oeste denominabanse “Poniente Norte” o “Poniente sur”. Por otra parte las calles al norte de la Calle central, la 61, eran clasificadas como “Norte Oriente” o “Norte Poniente” y en dirección al sur, sur oriente y sur poniente.

De esta manera, nuestra hoy calle 59 era “Primera Norte” la 57 “Segunda Norte y así sucesivamente añadiéndose oriente o Poniente según su situación con la calle del Progreso, o se la actual calle 60.

Hacía el sur de la hoy 61 y entonces “Calle Central” la 63 era la “Primera Sur”, la 65 la Segunda Sur”, etc., con la necesaria especificación de oriente o poniente. En sentido opuesto la hoy 58 llamabase “Primera Oriente” la 56 segunda Oriente” etc. Con la anotación de Norte o Sur. Tratándose de la calle 62 resultaba la “Primera Poniente, la 64, “Segunda Poniente”, siempre adicionándose Norte o Sur.

La numeración de las casas se iniciaba desde el cruce de los ejes, hoy calle 60 y 61, con el número uno, desarrollándose en pares a la derecha e impartes a la izquierda en las respectivas divisiones y sus direcciones.

Manuel Cirerol Sansores.

Este preciso sistema, sería igual de breve que el segundo imperio mexicano, pues tras el triunfo de la república la nueva nomenclatura fue desechada y regresaron los nombres populares y de apellidos de gente distinguida. Las únicas que conservaron sus nombres fueron la calle del Progreso (60) y la Calle Central (61).

La señalización del sistema imperial permanecería hasta principios de los años veinte, cuando las disposiciones oficiales exigieron que se achaflanara buena parte de las esquinas de la ciudad, llevándose consigo las huellas de aquel celebrado sistema.

Durante los años posteriores se oficializaron algunos nombres para las calles: desde 1867 la calle que se abrió para dividir el Convento de Monjas Concepcionistas se llamó calle Benito Juárez (hoy calle 66-A), por decreto del 29 de enero de 1877 la calle del camino a Santiago se llamó de Porfirio Díaz (hoy calle 59). Por esta época, finales del siglo XIX, la calle de la para entonces ya desaparecida alameda, recibiría el nombre de “Del Bazar”.

El 9 de Julio de 1890 la administración de correos de Mérida informa al gobernador Miguel Traconis de la necesidad de nomenclatura las calles de la capital yucateca a fin de poder cumplir con la entrega de la correspondencia; la administración de correos tendría que enviar otra misiva en calidad de urgente con la misma solicitud el 2 de junio de 1894, gobernaba entonces el Lic. Carlos Peón.

Entre 1894 y 1895 se estableció el sistema de nomenclaturas que hasta hoy mantenemos; el 30 de julio de 1895 apareció en el “Eco del Comercio” una gacetilla llamada “La numeración de calles y casas”.

Las calles que corren de norte a sur son de enumeración par teniendo como eje la calle 60 y de esta en dirección al Oriente numerándose en disminución y yendo hacia el poniente numeran en aumento cual las calle 63, 65, 67.

Manuel Cirerol Sansores.

Desde entonces la nomenclatura del centro de la ciudad se ha mantenido igual, han existido intentos de bautizar algunas arterias con nombres de personajes, como la Avenida Álvaro Obregón que pese a estar titulada sigue siendo la calle 60. A finales de los años veinte, la calle 46 fue llamada 1 de Mayo, otro nombre que nunca se afianzo.

Curioso es el caso de aquella avenida que bien identificamos como “Itzaes”. Entre 1906 y 1910 está avenida recibió el nombre de Avenida Melchor Ocampo. En 1923 el entonces gobernador Felipe Carrillo Puerto inicio el nuevo trazo desde el inicio de la avenida Colón, fue entonces que a aquel proyecto de avenida se le llamo “Itzaés” único nombre que ha perdurado; pues desde el 20 de noviembre de 1935, tal y como lo señalan las placas que aun existen en la entrada del centenario, la avenida se re bautizo como José María Pino Suárez.  Otros nombres han querido imponerse a la misma avenida en fechas mas contemporáneas tales como”Benito Juárez”, “Aviación” o “Internacional”.

Placa en el Centenario que señaliza la Avenida como José María Pino Suárez.
Placa en el Centenario que señaliza la Avenida como José María Pino Suárez.

En el caso de las calles de Mérida se ha impuesto el pragmatismo sobre lo folclórico que para algunas ciudades resulta el llamar a sus vías por algún nombre propio, aunque para folclóricas nuestras esquinas, tema que trataremos eventualmente.

SJCC

Fuentes.

  • Manuel Cirerol Sansores.
  • Gabriel Ferrer Mendiolea.
  • Jose Adonay Sierra Cetina.
  • Enciclopedia Yucatanense