Los Tranvías de la Ciudad

*Victor Suárez Molina (1909 – 1990)

Acontecimiento extraordinario fue el ocurrido en la entonces tranquila ciudad de Mérida el 15 de septiembre de 1880 al inaugurarse la primera línea del ferrocarril urbano como en sus primeros años se llamó a la línea de tranvías urbanos. Empresarios de esta fuero los señores Eusebio Escalante e hijo y Manuel Dondé y Cámara; el director de la obra fue el Lic. e Ing. Olegario Molina Solis y su primer superintendente el Sr. Joaquín Suárez Cámara.

Aquella primera línea fue tendida de la esquina de Las DosCaras (hoy de las calles 58 y 65) hasta el costado norte de la Plaza de laMejorada frente a la estación, entonces ahí ubicada, del ferrocarril de Méridaa Progreso. Las tres primeras líneas tendidas después de la Mejorada fueron las de la calle de los Hidalgos, la de Santa Ana y la de Santiago.

Otros varios presuntos empresarios entre ellos el Dr.Waldemaro G. Cantón y el Sr. Genaro Cervera solicitaron por esa época concesiones del Ayuntamiento para diversas líneas de tranvías pero ninguno hizo obra alguna de tendido de rieles y finalmente se limitaron a traspasar sus concesiones a los Sres. Escalante y Dondé Cámara, cuya empresa llevó inicialmente el nombre de Tranvías del Centro de la Ciudad de Mérida.

Crecieron los negocios de la empresa y para 1890 sus líneas tenían una extensión de 21,950 metros. Poco a poco estas se habían ido extendiendo por las principales calles de la ciudad y al finalizar el siglo cruzaban de norte a sur, desde el entonces pueblito de Itzimná hasta el Cementerio General, y de oriente y poniente desde la Mejorada hasta Santiago y más tarde desde Chuminopolis hasta la Penitenciaría Juárez.

Los conductores de los carros anunciaban en un principio su llegada a las esquinas con una cornetilla. Años después se colocaron en los vehículos campanillas accionadas con la mano o con el pie, para el mismo fin.

La compañía instaló sus oficinas en amplio local que compró en el costado sur de la Plaza Principal, lugar desde el cual se dirigía el movimiento de carros y se atendían las demás operaciones de la compañía.

El progreso de la empresa hizo que se diera a esta una forma más adecuada para su funcionamiento y el 18 de junio de 1891 se constituyó la Cía.De Tranvías de Mérida S.A. la que comenzó a operar el 1 de julio siguiente. Su capital social fue de $400,000.00 dividido en acciones a mil pesos.

El primer presidente de su consejo de administración fue don Eusebio Escalante Bates y entre los miembros del mismo figuraron en la últimadécada del siglo XIX los señores Manuel Dondé Cámara, Nicolás Escalante Peón,Pedro Peón Contreras, Joaquín Peón, Ricardo Gutiérrez, Emilio J. de Arana yManuel Pinelo Montero.

A la muerte del superintendente Joaquín Suárez Cámara ocurrida en 1890 le sucedió en el cargo don Joaquín Castillo Peraza y más tarde don Pablo R. Sarlat.

Después, suprimido el puesto de superintendente quedó al frente de la administración de la empresa un gerente. Entre los que tuvieron este cargo en un principio figuró don Arturo Escalante Galera y entre los que figuraron en los últimos años de la empresa, los señores Francisco Escalante Sosa, José Sacramento, Juan Sarlat y Ernesto Cisneros Canto.

El primer depósito para sus tranvías lo tuvo la compañía en la 3ª calle de los Baqueiros (hoy calle 57 entre 57 y 54), pero por decreto del Congreso del Estado se vio obligada en 1891 a trasladar su Depósito General al poniente de la ciudad entre las calles 86 y 88. Para entonces tenía un servicio la empresa de 38 carros, número que en 1898 llegó a 45 con más de 200 mulas para tirar de ellos.

En ese último año salían del centro de la ciudad los carros para diversos rumbos de la urbe con medio hora con excepción de los de Santiago, Mejorada e Itzimná que salían cada 15 minutos.

Al extender sus líneas a lugares lejanos del centro, la empresa se vio obligada a hacer fuertes erogaciones, especialmente en las líneas del Rastro Público y de Itzimná, para ampliar las estrechas calles que entonces conducían a esos puntos, pues tuvo que comprar predios o indemnizar a los propietarios de terrenos necesarios para ampliar las calles, de modo que estas tuvieran ancho suficiente para el tendido de rieles y para el tránsito de carruajes particulares.

En el entonces pueblo de Itzimná habían comenzado a construir sus casas de veraneo muchas familias de Mérida y aunque existían dos caminos, más o menos transitables para llegar al lugar, el que pasaba por Santa Ana y el antiguo camino de Conkal, la compañía de tranvías hizo llegar al lugar una de sus líneas y para hacer está más redituable inauguró allí el sábado 13de mayo de 1893 un centro de diversiones que fue conocido con el nombre de losRecreos de Itzimná, centro que alcanzó gran popularidad y estuvo en serviciohasta la segunda década del siglo XX.

Estuvo instalado en el centro provisionalmente en la parte sur de la plaza de Itzimná y más tarde se trasladó a un amplísimo terreno que al norte de la misma adquirió la empresa en parte del cual se levanta hoy el Colegio Montejo.

Entre los juegos y diversiones instalados en los Recreos cabe citar el carrusel, la veleta moderna o rueda de la fortuna, una carrera de velocípedos sobre la vía férrea de 500 metros, los velocípedos aéreos, un laberinto, un trampolín, tiros al blanco, una montaña rusa, instalada en 1899 y otros juegos para grande y chicos. Contaba también el lugar con un teatro de variedades y un pabellón de dos pisos para descanso y refresco del público que todavía muchos años después, ya desaparecidos los juegos, servía de templete, con amplia gradería para ver los encuentros del béisbol y fútbol que tenían en lugar en sus terrenos.

El lugar era muy concurrido por la gente de Mérida, especialmente en domingos y era frecuente que en las tardes de estos tocará ahí la Banda de Música del Estado. Allí en los Recreos, una empresa norteamericana hizo el domingo 19 de abril de 189 la primera exhibición y dio la primera audición pública en el Estado, de un gramófono.

Cuando durante el gobierno del Lic. Olegario Molina Solis se pavimentaron las calles de la ciudad, fue necesario sustituir los primitivos rieles corrientes por otros más gruesos llamados de ciudad, en tanto que los delgados sirvieron para ampliar las rutas a los barrios y abrir otras.

Ya iniciado el siglo XX la compañía de los tranvías siguió los mismos pasos que los demás negocios en los que estaba involucrada la casa Escalante y la mayoría de las acciones de la empresa pasaron a manos del Banco Peninsular Mexicano, S. A. de C.V. Más tarde, el 15 de julio de 1917 se reorganizó la empresa,con el mismo nombre y con capital de $800,000.00 cuyos principales accionistas fueron los señores Agustín Vales Castillo y Rogelio V. Suárez.

Desde tiempo atrás se había venido estudiando la posibilidad de sustituir en los tranvías de tracción animal por tracción eléctrica de troles o de acumuladores y finalmente se adoptó este último sistema y se pusieron en servicios los dos primeros carros movidos por acumuladores eléctricos el domingo 27 de abril de 1919 en la ruta a Chuminopolis. El éxito fue satisfactorio porque por el rumbo no hay guaguas “comentaba al día siguiente La Revista de Yucatán”.

La tracción eléctrica no fue sin embargo tan satisfactoria como se esperaba y pronto en vez de los acumuladores se instalaron en todos los tranvías motores de gasolina. Aparte de los carros para transporte de pasajeros tuvo también la compañía tranvías para servicios fúnebres para trasladar cadáveres y dolientes al Cementerio General. Tubo también servicio de plataformas de cargay servicio especial de carros para el transporte de carnes del Rastro Público al mercado de carnes “Lucas de Gálvez”.

En la tercera década del siglo XX sobrevino una decadencia y la ruina de la empresa a causa de los continuos conflictos obrero-patronales que entonces surgieron.

Paso en 1929 la negociación a ser administrada por sus propios trabajadores y finalmente por presión oficial suspendió sus servicios y se declaró en quiebra. Al hacerse cargo del gobierno el Profesor. Bartolomé García Correa (1930 – 1934), intervino en el conflicto y propició la formación de una Cooperativa de tranviarios para la adquisición de camiones de pasajeros, los que comenzaron poco a poco después a operar algunas de las rutas de los tranvías que fueron suprimidas, mientras otras se reducían por las corridas en otras rutas por orden del gobierno, hasta suspenderse totalmente el servicio.

Rutas de tranvías anunciadas para el año 1898 (“La Revista de Mérida”)

Ya en la quiebra la empresa, sus bienes fueron rematados en pública almoneda el 8 de marzo de 1934. Los rieles rematados fueron levantados poco apoco de las calles de la ciudad y vendidos por los rematadores como vigas para la construcción de casas.

Al suspender sus servicios la compañía contaba con un total de 50,850 metros de vías tendidas, de las cuales 28,654 eran de los llamados rieles de ciudad y los restantes era de rieles delgados o corrientes. Las rutas existentes eralas de las colonias Vicente Solis y García Ginerés, las de Itzimná y Chuminopolis, la de la Cruz de Gálvez, la del Cementerio General con un ramal al Rastro Público de la Industrial, las de las calles 52 y 42 sur, las de la 65 y la 69 poniente, las de las calles 66 y 76 norte, la de Santiago y calle de Sisal y algunas pequeñas ramificaciones.*

*Los datos aquí presentados están tomados de dos artículos: El ferrocarril urbano de Mérida por José Tiburcio Cervera, en “LaRevista de Mérida” del 15 de septiembre de 1891,y Tranvías y Teléfonos, por Manuel Correa Villafañe en “La Sombra de Cepeda”,29 de junio de 1890; además de muchas noticias publicadas en “La Revista deMérida”, y “La Revista de Yucatán”, así como de documentos en el archivo personal del autor.

*Artículo publicado en el Diario de Yucatán el 30 de septiembre de 1973

Tranvía en la puerta del Palacio Municipal

Historia del Convento y Barrio de la Mejorada

Al oriente de la plaza principal se encuentran el barrio de la “Mejorada” el cual debe su nombre al templo que sirve de eje al barrio.

Este templo de la Mejorada fue parte del Convento franciscano conocido por el mismo nombre, el cual fue consagrado en el año de 1642. La orden mendicante había fundado su convento grande en la ciudad de Mérida en año de 1547.

Según relata Oswaldo Baqueiro Anduze, tuvo acceso a una escritura original librada el 13 de abril de 1624 en la cual se establece que el encomendero don Diego García Montalvo era dueño de los terrenos donde actualmente se levanta el complejo conventual.

Este señor, Don Diego García de Montalvo, era un encomendero español que llegó a Mérida alrededor del año de 1614 y según el mismo autor antes referido, dedicó buena parte de su peculio a la fábrica de este Convento de la Mejorada. El nombre “De la Mejorada” muy probablemente este ligado a la procedencia de este encomendero, pues era originario de la villa de Olmedo en Valladolid sitio dónde se venera a la virgen de Nuestra Señora de la Mejorada. Esta explicación sobre la toponimia tiene más sentido que aquella que decía que nacía por su parecido con alguna iglesia del mismo nombre.

El 22 de enero de 1640 se dedicó esta iglesia bajo la advocación del Tránsito de Nuestra Señora, tal como lo reza la placa ubicada a la derecha de la entrada principal, el convento tenía una capacidad de 30 monjes. En 1774 fue necesario construir un hospital.

Una de las primeras descripciones del convento de recoletos se encuentra en la obra “Relación Historial Eclesiástica de la Provincia de Yucatán de
la Nueva España, escrita el año de 1639″ del cura vallisoletano Francisco Cárdenas y Valencia; en ella se escribe lo siguiente:

“La iglesia está fabricada con linda planta y arquitectura, con grandeza discreta y grave. Tiene por dentro lindos claustros y refertorios y es el convento capaz para treinta religiosos y lo que más hay que advertir de esta obra es el poderla llamar milagrosa. Por cuanto no tuvo propios ningunos para el gasto de su fábrica ni haber sido ayudada de los otros conventos de la provincia, ni haberse pedido limosna a persona eclesiástica ni seglar para dicho efecto y con todo eso, la providencia de Dios lo disponía de suerte que movía los corazones de los fieles.”

“En este convento habitan siempre doce religiosos, susténtanse con la caridad de los vecinos y limosna que se pide de puerta en puerta, porque no tiene renta ni administración alguna”.

El célebre Fray Diego López  Cogolludo, escribió entre 1647 y 1656 “Historia de Yucatán”, uno de los primeros compendios sobre nuestra región. Cogolludo aprendió maya en el convento de la Mejorada, y describió así la segunda casa de los franciscanos en Mérida.

“Hay en la ciudad de Mérida otro convento nuestro, que se llama la Mejorada. Fundóse con la intención, que fuese recolección, y dio el sitio para su fundación D. Diego García de Montalvo. Tuvo gran contradicción de los padres antiguos, que prevenían con su consideración los inconvenientes que hoy se experimentan para conservarle en una ciudad corta habiendo otro, y porque debiendo atender principalmente a la administración de los indios, en provincia también de pocos religiosos, había de dar cuidado a los superiores proveerle de moradores, como vemos se le dá. Fueron los primeros fundadores el padre Fr. Pedro Navarro, primero presidente, el R. padre Fr. Juan de Acevedo, que había sido provincial, el venerable padre Fr. Juan de Urbita, padre Fr. Juan García y Fr. Bartolomé de Fuensalida, sacerdotes, de quienes adelante se hace laga memoria, y Fr. Juan Fernandéz Lego. Aunque con la contradicción referida, con beneplacito de los prelados, prosiguió obrando el padre Fr. Pedro Navarro, hasta que acabó convento y iglesia, en que gastó gran suma de plata, causando admiración de donde pudiese salir, porque ni se pidió, ni vió limosna particular asignada para tan grandes gastos.

Es el templo a lo moderno de lo mas vistoso, y bien adornados, que hay en estos reinos, hace crucero muy capaz en la capilla mayor, y a esta cubre una media naranja con su linterna, que hace clave. El cuerpo de la iglesia tiene por cada banda cuatro capillas cubiertas de bóveda en correspondencia, muy hermosos altares y rejas muy hermosos altares, y rejas matizadas y doradas, que las cierran. El coro, y media naranja de la capilla mayor pintado al fresco de iluminación, obra del mismo maestro, que la de el convento principal. El retablo del altar mayor es escultura de orden dórica, llena todo el testero de la capilla mayor. Los ornamentos de la sacristia, y de adorno de los altares es lo más y mejor, que hay en toda esta tierra, y puede lucir en otras más opulentas. Todos cuantos los ven tienen que alabar, y mas que admirar, como y con que hizo el padre Fr. Pedro Navarro tan excesivos gastos. Visitando este templo D. Francisco de Bazan recien venido a gobernar esta tierra el año pasado de cincuenta y cinco, dijo “pareceme que veo lo de doña María de Aragon de Madrid”.

Colocóse en él el Santísimo Sacramento a veinte y dos de Enero de mil y seiscientos y cuarenta años, con mucha fiesta, y asistencia de los ciudadanos, predicándose todo el octavario de su dedicación. Para que no se olvidase, como de otras se ha dicho, quedó un rótulo gravado en mármol fijado en lo interior de la porteria por donde se entra al claustro, dice así: “Año de 1640, a veinte y dos de Enero, se dedicó esta iglesia del tránsito de nuestra Señora, siendo pontífice Urbano Octavo, y reinando en las Españas Filipo Cuarto, general de la órden Fr. Juan Merinero.”

Hay en este templo un capilla de nuestra Señora del Carmen, donde esta fundada su cofradía, que todos los terceros domingos de los meses canta una misa y hace procesión, asistiendo a e ella los cofrades, que son muchos y lo mas noble de la ciudad acudiendo a la veneración de esta Santísima Señora con singular devoción que la tienen, y para acrecentar esta, de poco acá esta desde antes patente el Santisimo Sacramento, que se lleva juntamente en la procesión, y después se cierra en su sagrario.

No se ha podido conservar la forma de recolección, como antevieron los religiosos antiguos por falta de limosnas para sustentar comunidad de los presentes; pero viven el tres o cuatro moradores, que es de gran consuelo espiritual para toda la gente de aquel barrio, y aún para el resto de la ciudad, que tiene particular devoción al convento; para ayuda de su sustento han fundado algunas capellanias personas devotas.”

Las Cortes Generales españolas expidieron el 1 de octubre de 1820 el decreto relacionado con las ordenes religiosas:  “No podrá haber mas que un convento de una misma orden en cada pueblo y su término”. Esto enfrentaba a la situación de tener dos Conventos en la ciudad de Mérida; el Convento Grande de San Francisco y el protagonista de este artículo.

“El día 15 de Febrero (1821), se llevó a cabo la extinción del Convento grande o Capitular, de una manera tiránica y violenta, pues el Gobernador Echeverri mandó fuerza armada para ejecutar la expulsión de los Padres, y hombres con picas y hachas para destruir los altares, desocupar las celdas, gabinetes y galerías.”

Los franciscanos que decidieron conservar el hábito tuvieron que refugiarse en el Convento de la Mejorada, el cual resultaba pequeño para la orden seráfica que estaba destinada a desaparecer de la ciudad.

Según los biógrafos de Justo Sierra O’Reilly, a finales de la década de los cincuenta del siglo XIX, el juriconsulto yucateco se encerró en el, probablemente ya deshabitado convento de la Mejorada a escribir el bosquejo de lo que sería el primer Código Civil Mexicano encargado por el presidente Benito Juaréz, el cual concluyó poco antes de morir víctima de la lepra.

En el año de 1861, por resolución de fecha 22 de enero, el Convento pasó a dominio del Estado, y en julio del mismo año se estableció allí el Hospital General de Mérida, el cual poco tiempo después recibió el nombre del Dr. Agustín O’Horan.

Al inaugurarse el hospital “O’Horán”, en 1906, fue desalojado el exconvento franciscano y en 1907 destinado a la Escuela Correccional de Artes y Oficios para menores incorregibles y delincuentes en minoría de edad, de bastante utilidad, disculpando la demasiado severa disciplina que imperaba en el plantel, que tenía algo de presidio y de cuartel de la época porfiriana. El edificio, incluyendo la iglesia, abarcaba una manzana: calles 50—59—48 y 57.

Durante el gobierno del Gral. Salvador Alvarado, se le segregó una faja de terreno sobre las calles 48—50 y 57, para construir dos escuelas con frente en la 57. Allí están hasta ahora la “José Ma. Castillo” y la “Distrito Federal”, así como el Jardín de Niños del mismo nombre.

Durante los años treinta y cuarenta, el Convento fue usado como habitación de las familias de los soldados que cumplían servicio en el Cuartel de Dragones. Desde 1983 alberga la Facultad de Arquitectura y hasta hoy funciona como tal.

Interior del Templo de la Mejorada

El templo actualmente

Tras el saqueo anticlerical acontecido a finales de 1915 durante el gobierno del general Salvador Alvarado el templo perdió casi la totalidad de la ornamentación. El altar original antes descrito, probablemente ya no existiría para entonces.

Desde 1939, preside el templo el retablo que perteneció a la capilla de San José, aquella que se demolió para dar paso al pasaje de la Revolución durante la administración alvaradista. El retablo, ahora dedicado a Nuestra Señora del Carmen, queda incómodamente pequeño para la nave del templo conventual. Desolador es recorrer las capillas laterales del templo, pues se encuentran vacías o con piezas de poco valor.

El barrio

En la plaza del Barrio de la Mejorada se instaló en abril de 1875 la primera vía férrea de Yucatán al iniciar la construcción de la vía Mérida – Progreso. Ahí se ubicó hasta 1920 la Estación Correspondiente a aquel tramo, año en el que se inauguró la Estación Central de Ferrocarriles.  A mediados de aquella década la plaza se dedicó a la memoria de Felipe Carrillo Puerto con un monumento y una pérgola, también se colocó la figura de José Rendón Peniche, quien fue el constructor de aquella primera vía férrea. Desde 1970 la plaza fue convertida en memorial de Los Niños Héroes.

En 1916 abrió sus puertas el Cine Venecia enfrente de la plaza del barrio en la calle 57, que en 1925 se convertiría en Odeón y poco después en el Cine Alcázar, de este último aún se conserva la sencilla fachada art-deco aunque hoy en día el inmueble funciona como estacionamiento.

Descubre un poco más de el Barrio de la Mejorada en nuestra cápsula:

 

Fuentes:

  • Relación Historial Eclesiástica de la Provincia de Yucatán de la Nueva España, escrita el año de 1639″, Francisco Cárdenas y Valencia.
  • “Historia de Yucatán” Diego Lópéz de Cogolludo (1688)
  • Catálogo de Construcciones Históricas del Estado de Yucatán (1946)
  • La Mérida Colonial, Barrera Osorio Abelardo

Un espeluznante descubrimiento en la Iglesia de la Tercera Orden

Templo de la Tercera Orden.

Roldan Peniche Barrera

Por el tiempo en que el Gral. Salvador Alvarado estuvo en Yucatán como gobernador del Estado, dispuso que el templo de la Terera Orden fuera arreglado convenientemente para cobijar a la primera Legislatura Revolucionaria de Yucatán.

Ingenieros, contratistas, maestros de obra y decenas de alarifes comenzaron a realizar la tarea. Pero al llevarse a cabo los trabajos de albañilería quedaron expuestos numerosos restos de difuntos ricos cuyas lápidas aún existían.

De tal suerte que cuando los obreros perforaban un simidero, se dieron de cara con la entrada de un espacioso subterráneo repleto de osamentas. Dice el Lic. Santiago Burgos Brito en un libro que “aquello era un verdadero pudridero, no precisamente para guardar momias, sino para almacenar restos humanos, en cantidad impresionante…

En algunos sitios veíanse esqueletos enteros, acaso de féretros que allí fueron dejados, y que se disgregaron complentamente con la acción del tiempo”. Era todo aquello, “una macabra confusión de cráneos, fémures y tibias”. Los trabajadores, aterrorizados ante aquella visión, huyeron del lugar, pero como no contaban con otra alternativa  de trabajo, tuvieron que regresar y cumplir con su cometido de limpiar aquella tonelada de huesos humanos, Dicen que los camiones iban y venían en incesantes acarreos, sin que aquel macabro material pareciera agotarse nunca. “Polvo eres…” rezan las escrituras.


Esta misma escena también ocurrió durante el saqueo a la Catedral de Mérida en 1915, año de la entrada de Alvarado al Estado. Todavía hoy se pueden apreciar en  las paredes de los  templos del centro de la ciudad las lápidas

En febrero de 1931 se publicó en el Diario de Yucatán la siguiente nota bajo el título de “Obsequio al Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán”.

“Nuestro ilustrado colaborador, el Duque de Heredia, ha obsequiado al “Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán” tres lápidas mortuorias que recogió en el templo de la Tercera Orden, cuando fue ocupado y destinado para sala de sesiones de la Legislatura del Estado.

Dichas lápidas cubrían los restos mortales respectivamente del señor don Francisco Antonio Tarrazo, que fue el primer Gobernador yucateco después de la independencia, del señor coronel don Sebastían Molas, que prestó importantes servicios al Estado en la guerra social, y del señor Pbro. don José María Celarain, quien dejó gran parte de sus bienes para una casa de beneficencia. “

Que estás lápidas hayan sido rescatadas de aquel desastre de obras en el antiguo templo jesuita evidentemente no es fortuito y seguramente tiene que ver con la calidad artística de aquellas lápidas y la importancia de los personajes a quienes representaban. ¿Existirán hoy en día en los inventarios del museo estás lápidas?

Si a tumbas famosas nos tuvieramos que referir, el primer caso a mencionar sería la tumba del fundador de la ciudad, Francisco de Montejo, cuya lápida se encontraba en el Convento Grande de San Francisco, del cual no queda nada. ¿Algún vecino de Mérida habrá rescatado aquella estela?

Otra tumba de importancia y pérdida en el tiempo es la de Manuel Cepeda Peraza, la cual se encontraba al interior de la capilla de San José, la cual fue demolida en 1915 para abrir el Pasaje de la Revolución.

Si recorres los templos coloniales, podrás descubrir en las paredes que todavía existen muchas de las placas que recuerdan a difuntos de Mérida, sobre todo aquellos que vivieron entre mediados del siglo XIX y principios del XX.