Historia del Olimpo de Mérida

El primer cuadro de nuestra ciudad es flanqueado en el poniente por un edificio que por su arquitectura es un extraño dentro del resto del panorama de nuestra plaza principal. Se trata del actual Centro Cultural Olimpo, cuya primera piedra se colocó el 6 de enero de 1997 en un acto presidido por el historiador Silvio Zavala Vallado.

El actual Olimpo, es el sustituto del edificio original; conocido por este nombre debido a que en las primeras décadas del siglo XX existió en sus bajos un restaurante bar cuyo nombre aludía a aquel mitológico monte.

Cuando se fundó la ciudad de Mérida, existían cinco cerros en la ciudad y dos de ellos se mantuvieron. Uno de ellos,  BaklumChaam, se encontraba en el poniente de la Plaza central, por lo que no se construyó hasta las primeras décadas del siglo XVI.

Según una de las fuentes consultadas, fue entre 1611 y 1636 cuando ya existía construcciones en el costado poniente de la plaza. El Palacio Municipal se construyó en 1635.

Vista del primer edificio del Olimpo, que luce características coloniales. (Desiré Charnay, 1885)
Vista del primer edificio del Olimpo, que luce características coloniales. (Desiré Charnay, 1885)

Fue alrededor de 1792, cuando siendo propietario Don Pedro Brunet se levantaron los portales que harían juego con los del Palacio Municipal edificados en 1735, y los colindantes del costado norte de la plaza en la llamada Casa del Alguacil fechados en 1783. La construcción de portales formaba parte de las nuevas políticas implantadas a la llegada de los borbones al trono español. Por cierto que en este último predio en donde se encuentra “El Colón” se puede observar, en la esquina de la 61 x 62, el testigo de lo que fue el balcón que miraba directamente a la plaza cuando no existían los portales.

El edificio contaba de dos plantas de mampostería con acabados de cal. Los techos y los entrepisos tenían una estructura de madera. La fachada principal se componía de trece arcos de medio punto en dos niveles con 12 columnas toscanas fabricadas en piedra.

El portal de la planta baja daba acceso a dos crujías que comunicaban a un patio central. La planta alta estaba formada por una galería con el mismo número de arcos de medio punto y en los intercolumnios tenían barandales de madera. Esta galería comunicaba a una crujía que conducía al patio interior formado por un corredor con arquería de columnas toscanas

La fachada estaba rematada por alemenas en forma de pináculos labrados en piedra. El remate de la parte central del edificio se componía de un campanario con un arco conopial. (Burgos Villanueva, 1995)

Durante el siglo XIX fue propiedad de dos gobernadores, el Lic Manuel Romero Ancona (1879) y del Lic. Manuel Cirerol y Canto (1895), quien lo heredó a su hijo Manuel Cirerol Villanueva.

Hacía el año de 1900, el edificio fue reconstruido para adaptarlo a las nuevas corrientes estéticas de tendencia neoclásica. Los portales fueron demolidos en su totalidad para ser sustituidos por ventanales en la parte superior y por entradas en la parte baja.

Se introducen nuevos elementos arquitectónicos, como son las columnas corintias; en la techumbre se utilizan estructuras de acero, como las vigas belgas y viguetillas de madera, y en la decoración acabados de estuco. (Burgos Villanueva, 1995)

Por aquellos años predio fue fraccionado y funcionaron en sus portales predios de distintos giros, entre ellos una peluquería, tabaquería y el mencionado restaurante.

El llamado segundo Olimpo en 1906, durante la visita presidencial de Porfirio Díaz.
El llamado segundo Olimpo en 1906, durante la visita presidencial de Porfirio Díaz.

Fue sede del Centro Español de Mérida entre los años 1912 y 1921; funcionaba en aquel centro un salón de billares, biblioteca entre otros salones, la revista “El Correo Español” le llamó uno de los más bellos de Mérida. También se supone que existió en el inmueble un cine el llamado “Actualidades”.

Como muchos edificios de la ciudad, el Olimpo fue “achaflanado” para mejorar la visibilidad en las esquinas de la ciudad. Muchas placas, remates, esculturas y faroles se perdieron en el proceso.

Durante el resto del siglo XX, el edificio careció de mantenimiento lo que provocó que se deteriorara. En octubre de 1974 el entonces alcalde Efraín Ceballos Gutiérrez (1971 – 1973) ordenó la demolición del inmueble. Los 12 establecimientos que existían fueron clausurados “porque no reúnen las condiciones de salubridad y el edificio presenta características de peligrosidad pudiendo llegar al derrumbe”. Varias asociaciones protestaron por la demolición, sin embargo esta se realizó el 29 de aquel mes y año.

En 1975 el ayuntamiento logra adquirir el terreno para posteriormente ser convertido en estacionamiento de taxis por más de 20 años. Nuestra plaza principal quedó hueca en su costado poniente.

Existieron varios proyectos para resarcir el daño pero ninguno se concreto hasta 1997, cuando se dispuso la construcción del Centro Cultural Olimpo. Se realizó un concurso para el diseño del “nuevo” Olimpo, siendo elegido el proyectó del arquitecto Augusto Quijano. Se inauguraría el 6 e enero de 1999.

Si bien es cierto que este nuevo edificio logró borrar el lunar de asfalto de nuestro primer cuadro, existen muchas voces que aún critican la arquitectura del más reciente inquilino de la plaza. Según comentó el arquitecto Aercel Espadas durante una conferencia dedicada al Ateneo Peninsular en agosto de 2015, el diseño no cumple con la relación plato – taza la cual se refiere a la relación entre la planta baja y la alta en la cual la primera debe ser de menor altura que la segunda, relación que mantienen todos los edificios de la plaza principal.

El Centro Cultural Olimpo actualmente es sede de la mayoría de los eventos realizados culturales realizados por el Ayuntamiento de Mérida. El auditorio principal lleva el nombre del ilustre historiador Silvio Zavala Vallado, el planetario lleva el nombre del astrónomo Arcadio Poveda Ricalde.

Fuentes.

Diario de Yucatán (1974, 1997, 1999, 2000)

Novedades (1997)

Burgos Villanueva, R. F. (1995). El Olimpo: un predio colonial en el lado poniente de la Plaza Mayor de Mérida, Yucatán, y análisis cerámico comparativo. México: Instituto Nacional de Antropología e Historia.

 

 

¿Parque Hidalgo, de los Hidalgos o Cepeda Peraza?

¿Parque Hidalgo o Parque Cepeda Peraza? ¿Cómo le conoce usted? Existe ambigüedad sobre el nombre de la plazuela que se encuentra en el cruce de la calle 60 con 59, la cual existe desde tiempos de la primera traza de la ciudad. El primer nombre con el que seguramente se le conoció, o por lo menos el primero del que se tiene memoria, fue el de  “Plazuela del Jesús” por la cercanía con el templo jesuita fundado en el siglo XVII.

Según recogió el arqueólogo Manuel Cirerol Sansores en una entrevista al Dr. Ramón Espadas y Aguilar publicada en 1957, el parque comenzó a ser llamado Hidalgo por motivos que nada tienen que ver con el Padre de la Patria. Este nombre surgió alrededor de 1847 cuando inició el conflicto que se conocería como la Guerra de Castas el cual duraría más de cincuenta años. En aquel entonces, existía un cuartel aledaño a las Casas Reales (hoy desaparecidas pues dieron paso al Palacio de Gobierno), en el espacio donde hoy se encuentra el Teatro Daniel Ayala; en ese cuartel se encontraba un grupo de indígenas mayas que luchaban del lado de los blancos a quienes se les denomino Hidalgos, lo que en la heráldica significa el grado de menor de nobleza. Estos “Hidalgos” realizaban ejercicios en la plazuela por lo que la gente empezó a llamarle “Parque de los Hidalgos” que con el tiempo mutó para terminar en “Parque Hidalgo”.

A principios de la década de 1870 el gobernador Manuel Cirerol y Canto (1870 – 1872) transformó la plaza en un bello parque con fuente, bancas y enverjado, todo de importación; con ello se le adjudico el nombre Parque Central. La exploradora Alice Dixón conoció el parque y le llamó “el más bello rincón de Mérida”, en aquel entonces la banda de música, dirigida por José Jacinto Cuevas, tocaba en el parque. En mayo de 1877, se decidió nombrar los parques de la ciudad con nombre de la historia nacional; así se le asignó a nuestro protagonista el nombre de Parque Miguel Hidalgo, seguramente para relacionarlo con el nombre por el que ya era conocido.

El 26 de abril de 1869 se emitió el decreto de erección del monumento en memoria del héroe republicano Manuel Cepeda Peraza, mismo que se cumplió hasta el año de 1896 según lo indica la placa al pie de la estatua, desde entonces , cada 3 de marzo se realiza un homenaje al general y fue también entonces que empezó la ambigüedad del nombre, ¿Hidalgo o Cepeda Peraza?; si tuviéramos que nombrarlo por el oficial, este sería Parque Hidalgo, pues las autoridades lo designaron así en 1877 y desde entonces no ha habido un cambio de nombre, pese a que el monumento central no es dedicado al prócer a quien está dedicado al parque, aunque en el decreto de zona de Monumentos, se menciona al parque como “Cepeda Peraza”. Esto de la oficialidad es relativo, y aunque en este caso si es comúnmente denominado Hidalgo, hay otros casos donde ni por asomo resulta familiar el nombre oficial; si me refiriera al parque de la Libertad es casi imposible que usted pueda deducir que se trata de la plaza de la Mejorada por ejemplo.

Por aquellos albores del siglo XX, se fundó en el costado sur de la plaza el Gran Hotel, el cual fue el primer edificio construido para funcionar como hotel con todos los lujos de aquella época. A izquierda del hotel, se encuentra el Teatro Fantasio inaugurado en 1952 y donde nació la estrella de algunos de los más importantes actores regionales. Los últimos vestigios del Convento de los Juaninos fundado en el siglo XVI se encuentran en el hotel contiguo. Ya hacia el oriente está el edificio que fue casa de Rodrigo Flores de Aldana, gobernador e intendente de Yucatán en 1662; este fue el primer edificio de dos pisos que hubo en la ciudad y también fue sede del club social la Unión, a principios del siglo XX fue modificado a su estado actual  con características de art nouveau.

PARQUEHIDALGO

El parque Hidalgo fue el favorito de los estudiantes, pues desde finales del siglo XIX se estableció en lo que fue el Colegio de San Pedro, lo que actualmente conocemos como edificio central de la UADY, el Instituto Literario. A esta juventud se sumó en los años treinta el público del Cine Cantarell, y el Teatro Principal. El Instituto Literario se transformó hasta convertirse en la actual Universidad Autónoma de Yucatán, que con los años fue desplazando sus facultades fuera del centro de la ciudad acabando con la algarabía estudiantil; los cines cerraron sus puertas al finalizar el siglo XX, también se fueron los parroquianos del famoso Café Express, con todas estas migraciones se fue parte de la vida del parque dejándole para los transeúntes y turistas.

El parque continua siendo uno de los rincones más bellos de Mérida, aunque ha sufrido agravios en su monumento principal el cual fue despojado de los jarrones que coronaban las balaustradas y en los ochenta se realizó una pésima intervención destrozó parte del mármol de carrara que le rodeaba para colocar el adoquín, mal llamado francés, que fue retirado en 2010 para dejarle una plancha de concreto. Desafortunadamente, nuestro querido parque ha sido contagiado por el mal de los tianguis, que sin control invaden espacios que deberían ser públicos.

La Esquina de los dos camellos (49 x 66)

Renan Irigoyen

Como ya es conocido por propios y extraños, las esquinas de nuestra ciudad guardan una historia tras el nombre con el que

Cuenta la leyenda que unos hermanos portugueses de probable origen judío, Rodrigo y Pomposo Carvajal, arribaron a Yucatán.

Los supuestos hebreos eran comerciante sí lo mismo vendían brocados y sedas como traficaban a trueque loza y baratijas, recibiendo mantas de algodón que tejían las indias, añil, miel copal, cera, jarcias de henequén y maderas colorantes.

En uno de sus viajes la nave naufragó cerca de Cabo Catoche, salvando sus vidas y poco de sus mercaderías. Decidieron establecerse en Mérida. Pero acostumbrados a deambular adquirieron bestias para arrias, cosa nada fácil de conseguir en esos tiempos a fines del siglo XVII.

Habiendo organizado su nuevo negocio viajaron de poblado en poblado cambiando productos y residiendo desde entonces en la esquina mencionada.

Se asegura que el Santo Oficio los investigó porque la gente observó que no concurrían frecuentemente a misa, pero nunca fueron sorprendidos en delito de blasfemia. De la investigación salieron limpios y con grande esfuerzo, después de dos años de agobiante tránsito por erizados caminos, no solamente repusieron el perdido capital sino lo incrementaron.

Pero los productores locales, desconfiados, no les proporcionaban atención ninguna, ni hospedaje ni agua para sus animales, que solamente descansaban y reponían donde casualmente encontraban cisternas o aguadas, o bien hasta llegar al solar de la esquina susodicha.

Al morir por exceso de trabajo, se e inanición buen número de sus bestias de tiro y previsores de que dada la escasez de yeguas, pararía su negocio, concibieron la idea de pedir a un pariente rico residente en Orán, entonces población española con gran comercio árabe que les remitiera veinte camellos.

Otra tempestad volvió a hacer víctimas a los Carvajal y de la veintena de aguantadores cuadrúpedos, salvaron la vida solo cinco, tres de los cuales se quedaron en Santiago de Cuba en poder de unos mineros que los bien pagaron, llegando únicamente dos a Yucatán.

Entonces sí se mantuvo el negocio con la resistencia de los camellos y hubiera sido digno de verse el paisaje nuestro surcado por tan exóticos animales.

Por ese rumbo de Santiago norte, alternaban mulas y camellos viviendo los últimos más de cincuenta años y probablemente no constituyeron paraje ideal porque hubieran tenido descendencia y hasta hoy tendríamos andando por nuestros caminos a los gibosos camélidos, resistiendo calores y sequías. Por esa razón la casa de los Carvajal fue conocida popularmente como “la casa de los dos camellos” y hasta hace algunos años la tienda que la ocupaba lucía en su fachada dos de esos animales pintados al óleo, cuya estampa ya desapareció.

Esquina de los dos Camellos