Autobiografía del Teatro Principal: Mi hermano el Peón Contreras (3/3)

En esta memoria varias veces me referí a un hermano inseparable mío que, aunque mayor que yo y de mejor abolengo, con historial más rico y cargado de recuerdos llenos de interés, fue testigo de mi éxito fugaz, que en esta auto biografía complementa los años de esplendor del teatro lírico en Yucatán, pues los dos, en nuestros respectivos escenarios, contribuimos a mantener esa época que ambos vimos florecer sonrientes y amos también, llorosos, atestiguamos su decadencia y muerte. El nombre de ese hermano mayor, situado a cuadra y media de mi local, en la misma calle 60, esquina con 57, es uno de los aciertos que Yucatán ha tenido al inmortalizar con él al máximo dramaturgo yucateco, el doctor José Peón Contreras.

Ese hermano mío, elegantemente edificado, se inauguró el 26 de diciembre de 1908, con la memorable actuación de la compañía dramática del insigne primer actor Enrique Borrás que puso en escena el drama Tierra Baja, de Guimera y la comedia El Flechazo, de los hermanos Álvarez Quintero; pero desde medio siglo antes ya habían actuado en sus primitivos escenarios diversas compañías de dramas, comedias, ópera italiana y zarzuela española, estas últimas trayendo sus propias orquestas. El nombre de Peón Contreras ya lo licua con orgullo mi hermano desde 1878, en sustitución del de San Carlos que le antecedió, y de Teatro Bolio en el corto tiempo en que don Antonino Bolio lo adquirió en propiedad.

Como un contraste de nuestra vida, yo, el Teatro Principal, aclaro que mi nombre fue tomado del teatro que con la misma denominación ya existía –desde principios del siglo pasado- en el Distrito Federal. Mi indumentaria siempre fue modesta; pero, en cambio, con orgullo recuerdo ahora en esta mi decadente senectud, que mi vida hizo relieve no igualado en la esplendorosa época que tuvo el teatro lírico en Yucatán, en las primeras décadas del presente siglo.

Mi trayectoria es breve y poco variada. Nací y crecí y estoy viviendo en el mismo sitio, gracias al cine barato al que ahora la gente humilde. Como he dicho, mis antecedentes son pobres y mi extracción humilde; pero mi nombre es de abolengo, pues el Teatro Principal de la ciudad de Puebla fue uno de los primeros edificados de América, y desde hace más de dos siglos ocupa el mismo sitio y funciona como hoy con el mismo nombre. (Pido perdón por esta jactancia, tanto más cuanto que poco me durará esa aureola de aristocracia, pues he oído decir que mi nombre PRINCIPAL, será sustituido por otro, cuando próximamente se cambie mi ubicación).

Mi único antecesor fue –como ya dije- el Salón Teatro Jardín, llamado así por una fuente rodeado de flores que allí existía, donde en un pequeño escenario actuaban variedades, cuya mayor atracción era una cupletista que con el nombre de Flora Ochoa y en compañía de otros actuantes, llenaba a diario aquel Salón Jardín que tenía acceso por calle 60, por una sola puerta.

Allí nací, como he dicho, entre papeles y muebles viejos, residuos de oficinas del Gobierno, que el Dr. Diego Hernández Fajardo (Dieguito como le llamaban), entregó para ser utilizado como quisiera, el amigo de toda mi vida, el Chino Castillo, Don Gonzalo Castillo, como en el teatro le llamamos ha pasado toda su vida al lado mío y también al de mi hermano Teatro Peón Contreras. En ambos fue el consentido de los artistas, con predilección del gremio femenino. Aquí, en el Teatro Principal, el Chino Castillo desempeño en diversas épocas, los oficios de electricista y tramoyista, y desde hace varios años, ya octogenario (nació él en 1888), sigue trabajando modestamente como boletero.

Durante aquella época de efervescencia del género lírico, tuve otros compañeros de espectáculo como el Circo Teatro Yucateco, situado en el cruce de la calle 57 con 68 y 70, que había sido inaugurado en 1900 y que fue demolido en 1960. En el Circo Teatro Yucateco actuaron compañías de ópera, opereta, zarzuela, drama, compañías circenses, corridas de toros y allí también se derivaban las rumbosas fiestas del suburbio de Santiago.

Fueron también mis contemporáneos, el Teatro Actualidades, el Teatro Iris, que fuera cina del teatro regional yucateco, a cuyo iniciador Héctor Herrera (senior), siguieron creo todos sus familiares, en Yucatán y fuera del Estado, difundiendo ese teatro tesoneramente, hasta nuestros días. Héctor Herrera tuvo valiosos satélites entre los que recuerdo a Gregorio (Goyito) Méndez “Don Chinto” cuya vis cómica lo hizo olvidar su cornetín, y al barítono Armando Camejo –Cornelio, como se llamaba en Ciudad del Carmen, pues aquí cambió su nombre por el de Armando, por no considerarse él el Cornelio, sino su próximo masculino- . Además de su porte simpático y varonil, Camejo tocaba la guitarra, con la que acompañaba su pequeña pero bien timbrada voz de barítono. Y recuerdo también a Adolfo González, el del serrucho, que hasta hoy figura en la televisión local y es solicitado por su original serrucho, al que hace cantar con un arco de violín, y por su característica comicidad.

Teatro José Peón Contreras.

El Teatro Apolo estaba situado en el costado norte de la plaza de Santiago, en el mismo lugar que hoy ocupa el Cine Rex. En el año de 1914, actuaba allí la compañía de Rosita Torregrosa. En el teatro Independencia, mi vecino de escenario, que tenía su entrada por los portales de la Plaza Grande, que miran al sur, actuaba una compañía de operetas y zarzuelas españolas, con su orquesta completa. Recuerdo que los componentes de esta orquesta se declararon en huelga contra su empresario por cuestión de sueldos y el empresario, para no interrumpir sus funciones diarias, hizo que la orquesta que actuaba en el Apolo pasara al Independencia. Como en aquel tiempo no existían sindicatos ni leyes de trabajo, las cosas no tuvieron mayor trascendencia y, como otras veces había acontecido, la farándula siguió adelante… A partir de esas fechas comienza mi época de bonanza.

Pero antes de pasar adelante, permítaseme intercalar en esta desaliñada Memoria la nota que recibí por correo:

“La fuentes de soda, equipadas con lo más moderno de época, instaladas por su propietario don José María Pino Domínguez, pionero de la industria de refrescos en Yucatán, estuvieron íntimamente ligadas a la historia de los Teatros Principal y Peón Contreras y Circo Teatro Yucateco, desde la fundación de los mismos. En ellas se servían refrescos al vaso y embotellados, habiéndose hecho muy popular la crema de almendras espumosa y de sabor inolvidable. Dejaron de funcionar cuando esos teatros se convirtieron en salas cinematográficas y las empresas incluyeron en su negocio sus expendios”:

Y aquí cabe hacer un grato recuerdo de don José María Pino Domínguez, cuya industria de los refrescos embotellados funcionó en forma patriarcal. Don Pepe se hizo estimar de todos por su carácter bonachón y jovial, inclusive entre la gente de teatro, al que él era muy aficionado y del que era generoso proyector.

Y aquí termino y quedo en espera de mi traslado a otro local, a donde espero me acompañe mi coetáneo El Chino Castillo.