El cuadro de la Virgen Inmaculada y la lámpara de tres siglos de la Catedral de Mérida

El portentoso edificio de la Catedral de Mérida queda opacado por el vacío abrumador que se cierne sobre el visitante al adentrarse en el cuatricentenario edificio, pues a diferencia de la mayoría de los templos de la república, carece de la rica ornamentación barroca propia de los tiempos de la colonia. En los laterales de lo que alguna vez fueron altares se han colocado algunas imágenes religiosas contemporáneas para intentar subsanar las pérdidas de arte sacro, ocurridas principalmente en el conocido saqueo de 1915. Son pocas las piezas de verdadero valor artístico e histórico que podemos apreciar en la Catedral; una de ellas el cuadro de la Virgen de la Inmaculada Concepción que usted podrá encontrar al costado derecho del altar principal, esta pieza proviene del desaparecido Convento Grande de San Francisco.

De aquella imponente edificación franciscana que por más de tres siglos encumbro el horizonte suroriente de Mérida no ha quedado piedra sobre piedra (Suaréz Molina, 1980), tan solo algunos vestigios que se exponen en el Museo de la Ciudad. En 1669 se le dio el primer golpe a los Franciscanos al obligarles a compartir espacio con los militares de la ciudadela de San Benito (Alcala Erosa, 1998); sería en los límites de la colonia, febrero de 1821, cuando cumpliendo con el decreto de las cortes del 1 de octubre de 1820 que suprimía los monasterios de ordenes monacales se dispuso que solo se mantuviera un convento de cada orden en cada población. En una decisión que solo puede ser resultado de la mala fe, se obligó a los franciscanos a desalojar el Convento Grande, por lo que los doscientos frailes tuvieron que trasladarse al convento de La Mejorada que apenas tenía espacio para treinta religiosos; muchos de ellos acabaron vagando por las calles de la ciudad en busca de asilo (Muñoz Ferrer, 2016, págs. 365 – 370). El Convento fue asaltado por la turba iconoclasta y a partir de 1840 entró en proceso de demolición (Román Kalisch, 2009).

De la destrucción se salvaron apenas un par de objetos, uno de ellos es el cuadro de la Inmaculada Concepción al que nos referimos, la obra es atribuida a Fray Miguel de Herrera, fechado en 1730. (Gutierrez Romero, 2013). Crescencio Carrillo y Ancona describió la pintura y su historia en 1886 en el relato “La lámpara de tres siglos” en el que narra que a su consideración la pintura se salvó de la venta o el pillaje pues sus atributos artísticos no merecían la pena, esto también nos da una idea de cuan preciado habrían sido los tesoros que albergaba el Convento, para que aquella imagen se considerará irrelevante en el Convento. Carrillo y Ancona dice que en aquella época, la pintura se encontraba en las escaleras del convento de la Mejorada en estado de abandono y ante la indiferencia de todos aquellos que pasaban; el obispo erra al mencionar que el cuadro tendría trescientos años de antigüedad, asociándolo con las fecha de construcción del convento, pues es claro que las características estéticas de la pintura no conducen al siglo XVI (Carrillo y Ancona, “La lampara de tres siglos”, 1886)

La devoción mariana en la península de Yucatán fue introducida por los frailes franciscanos durante la primera etapa de la evangelización en el siglo XVI a partir de entonces se expandió por toda la región en diversas representaciones, la más importante la Virgen de Izamal. Los franciscanos fueron la primera orden en llegar a Yucatán, y su labor en la conversión de indios fue notable, logrando consolidar en la península su poder e influencia. Por aquella época, la orden seráfica se encontraba en defensa del dogma de la Inmaculada Concepción y de la Asunción de María, las cuales serían utilizadas como instrumento de evangelización en el nuevo mundo (Pascacio Guillen, 2013).

Regresando al tema del cuadro; Carrillo y Ancona dice haber encontrado el documento correspondiente al acta de sesión de la comunidad del Convento celebrada el 3 de mayo de 1821, apenas unos meses después del asalto, en la cual se lee “Por disposición de nuestro Superior Prelado el Sr. Obispo (*) (se acordó), que arda siempre la lámpara a Nuestra Señora la Purísima en la escalera de este Convento en vez de la que ardía en el Convento Grande a la misma señora”. El obispo asume que la vela estuvo encendida desde la llegada de los primeros franciscanos a mediados del siglo XVI. La llama permaneció encendida hasta que los últimos franciscanos murieron, alrededor de 1860, y al pasar el convento al gobierno del estado la llama evidentemente se apagó, aunque era frecuentemente encendida por fieles “sin carácter oficial eclesiástico” (Carrillo y Ancona, “La lampara de tres siglos”, 1886).

Algunas fuentes refieren que el cuadro estuvo en el Palacio Episcopal a principios del siglo XX y que ahí estuvo hasta la desocupación del inmueble en 1915, sin que se especifique como se salvó de los saqueos de aquel año, y en qué momento pasó a su ubicación actual en el muro sur de la catedral de Mérida.  La pintura al óleo representa el antes descrito dogma de la inmaculada concepción por el cual María fue engendrada en el seno de su madre, María es concebida sin la herencia del pecado original. Con esto María queda libre de toda culpa original, resultando así tan pura y santa que no puede concebirse una pureza mayor después de la de Dios (Orozco, 2008). Alrededor de María se encuentran San Francisco y Santo Domingo, ella se eleva en un cielo cubierto por ángeles (Rivero Canto, 2014, pág. 28).

Actualmente ocupa el último espacio del muro sur de la catedral, siendo de los pocos objetos que pueden decirse dignos de ocupar un espacio así, al pie de la imagen se encuentra una vela votiva que representa la fe del pueblo yucateco y que según la tradición estuvo encendida por más de tres siglos. Fue restituida el 17 de agosto de 1949.

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Fuentes.

Alcala Erosa, R. (1998). Historia y vestigios de la Ciudadela de San Benito. Mérida: Ayuntamiento de Mérida.

Carrillo y Ancona, C. (1886). “La lampara de tres siglos”. Mérida: Imprenta. Arturo Gamboa Guzman. Obtenido de www.bibliotecavirtualdeyucatan.com.mx

Pascacio Guillen, B. M. (2013). Mamá linda: Reyna y patrona de Yucatán. La Virgen de Izamal, análisis histórico de una imagen de culto. México: Universidad Nacional Autónoma de México.

Román Kalisch, M. A. (Julio – Diciembre de 2009). La edificación de conventos franciscanos en el siglo XVI en Yucatán. Palapa, IV(II), 5 – 19. Obtenido de http://www.redalyc.org/pdf/948/94814775002.pdf

Suaréz Molina, V. M. (Enero de 1980). El Convento Grande de San Francisco de Mérida. Diario de Yucatán.

Muñoz Ferrer, M. (2016). La coyuntura de la independencia en Yucatán, 1810 – 1821. En Manuel, La Constitución de Cádiz y su aplicación en la Nueva España (págs. 343 – 389). México: UNAM. Obtenido de http://132.248.9.9/libroe_2007/1053762/A13.pdf

Gutierrez Romero, Á. (2013). La Catedral de Mérida, Yucatán. (Á. Gutierrez Romero, Recopilador) Mérida. Obtenido de www.facebook.com/CatedraldeMeridaYucatan

Orozco, A. (2008). La Inmaculada Concepción. En A. Orozco, Iniciación a la Mariología. Madrid: Rialp. Obtenido de http://arvo.net/uploads/file/VIRGEN-MARIA/03%20Inmaculada.pdf

Rivero Canto, R. (2014). Espacios sagrados, imágenes y devociones en la diócesis de Yucatán. Mérida: Tesis.

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