El Palacio Episcopal y los 100 años del Ateneo II.

Continuamos con nuestro resumen de la historia del espacio que hoy ocupa el Ateneo Peninsular, y en donde antes estuvo el Palacio Episcopal, puede leer la primera parte aquí.

Ateneo Peninsular.

La obra de Alvarado.

Por otra parte, en su historia de la Iglesia en Yucatán  el historiador Don Francisco Cantón Rosado relata que las tropas del general Salvador Alvarado –unos 10,000 hombres-, al llegar a Mérida el 19 de Marzo de 1915, se alojaron en Catedral y el Palacio Arzobispal, pero desalojaron el templo el día siguiente y el día 24 salieron del Palacio.

El 5 de junio del propio año –dice Cantón Rosado- Alvarado incautó el Palacio Arzobispal e inauguro así su periodo “preconstitucional”. Ante esta acción, centenares de señoras, señoritas y caballeros de la sociedad de Mérida dirigieron un ocurso al gobernante solicitándole devuelva el Palacio a sus legítimos dueños: los Obispos.

Alvarado se negó y dijo que abriría una Escuela Modelo, pero lo que estableció fue un llamado Ateneo Peninsular.

El 24 de Septiembre del mismo 1915, a las 10 de la noche –afirma el historiador- vino por la calle 59 desde la estación de ferrocarril una manifestación formada por obreros de “La Plancha” y por trabajadores del muelle de Progreso. A las 11 llegaron frente a la Catedral, junto a Palacio de Gobierno, y dos oradores arengaron al pueblo.

“Si un diego de Landa –dijo el segundo orador- quemó los ídolos de los indios de Maní, otro Diego quemará hoy los ídolos de los fanáticos católicos”.

Está fue la señal, ya que después la turba se lanzó contra el templo, rompió la puerta de Catedral que da a la 61, e entro a seco en la iglesia y destruyo altares, vasos sagrados imágenes, oros objetos de culto, bancas y cuanto hallaron a su paso.

Al estilo Italiano.

El 11 de mayo de 1917, Alvarado devolvió a los sacerdotes la Catedral. El 17, una vez entregadas las llaves y aseado el templo se procedió a la solemne reconciliación a cargo de los canónigos Manuel Casares Cámara y José Servelión Correa. El templo ofrecía doloroso espectáculo sin sus imágenes y retablos.

“Quisiera referirme –expresa también don Francisco Cantón- a otra de las obras de Alvarado, que creyó el de las mejores y que no ha resultado así. Con el objeto de separar definitivamente el Antiguo Palacio Arzobispal de la Santa Iglesia Catedral, quiso construir una galería al estilo de aquellas que el viajero puede admirar en Milán y otras ciudades de Italia, una galería cubierta de cristales y que sirviera de calle. La hizo abrir destruyendo la antigua capilla de San José de Catedral, tomando el patio de la misma, la antigua sacristía mayor, unas bodegas y un aposento que sirviera antaño como cuarto de descanso de algún capitular, hasta salir a la calle 58, de modo que va de Poniente a Oriente. A esta galería que remata en dos arcos de mampostería uno frente a la Plaza de la Independencia y otro frente a la calle 58, le puso Alvarado Pasaje de la Revolución.

Modificaciones.

Hoy 1943 tiene el techo de cristales bastante deteriorado y solo los que tienen necesidad de atravesar el tal pasaje se aventuran por allí. La puerta de Catedral que daba al Palacio el mando a cerrar Alvarado pero hoy se ha vuelto a abrir.

Los arcos a que se refiere el historiador, al igual que los maltrechos cristales, los mando a desmantelar el gobernador Ernesto Novelo Torres cuyo periodo fue de 1942 a 1948. El libro de Cantón Rosado salió en 1943.

El señor canónigo don Macario Palma Coral, quien conoció el Palacio Arzobispal y el antiguo seminario antes de que fueran el Ateneo y quien asimismo fue testigo del saqueo de la Catedral el 24 de Septiembre de 1915, nos proporcionó una descripción del edificio, realizada en 1979, y una versión de los hechos mismos que transcribimos a continuación.

El Palacio Arzobispal y el antiguo seminario, cuyas fachadas daban respectivamente a la calle 60 y la 58 formaban un solo conjunto con la Iglesia Catedral. Estaban unidos por habitaciones tanto sobre la calle 60 como sobre la calle 58. El Pasaje de la Revolución no existió.

En el interior entre la sede episcopal y el templo había un pasillo. Por el lado poniente estaba una capilla dedicada a San José a la que no había acceso por la calle. En la parte opuesta estaba un monumento que no recuerdo bien si era un mausoleo. Por la puerta del Palacio que ahora es un estacionamiento, salía el obispo para dirigirse a la Catedral por la Puerta Sur del templo.

En los tiempos en que yo fui seminarista, gobernaba a la Iglesia de Yucatán un primer arzobispo, el Dr. Martin Tritschler y Córdova. Sus habitaciones estaban en la planta alta por el lado de la 58, encima donde hoy está una ferretería (actualmente son las oficinas del tribunal superior de justicia del Estado.)

La mayor parte de las habitaciones del edificio estaban cerradas y los seminaristas nunca pudimos recorrer todo el conjunto. En algunas ocasiones, sin embargo, vivían los canónigos y otros sacerdotes que auxiliaban al obispo. Recuerdo que en alguna parte del Palacio del lado de la Calle 60, casi junto a la catedral. Había una capillita con una cruz que era muy concurrida por los fieles y siempre estaba llena de velas encendidas. Nunca pude averiguar, por lo menos no recuerdo ahora nada, que había en muchas partes del edificio.

Cuando había misa pontifical, los seminaristas que entonces vivíamos en la quinta San Pedro, ahora Casa de la Cristiandad, llegábamos por la puerta del seminario sobre la calle 58 y entrabamos a la antigua sacristía que, si mal no recuerdo, fue demolida por Alvarado.

Allí nos revestíamos y por la puerta sur del templo salíamos al pasillo e íbamos en busca del Obispo hasta sus habitaciones. En la procesión también participaban los caballeros y hombres principales de entonces.

“Bajábamos junto con el obispo por la escaleras que dan a lo que es ahora el estacionamiento por el costado norte del Ateneo y atravesando el pasillo regresábamos a Catedral por la misma puerta sur de la Iglesia. El Obispo Tritschler y Córdova acostumbraba ir al Sagrario, donde estaba el Cristo de la Ampollas a orar para prepararse a la celebración de la misa y después, siempre en procesión, se dirigía a su trono en el altar mayor, donde lo ayudábamos los seminaristas a revestirse.

“Cuando llego Alvarado a Yucatán, se apoderó de la Catedral y del Palacio Episcopal, y desterró a casi todos los sacerdotes a la Habana. Únicamente quedaron muy ancianos y el Cura Ortiz. Los seminaristas nos refugiamos en casa de don Narciso Souza en espera de salir del país. Allí nos daba clase el P. Peniche Rubio.

El Dr. Tritschler había salido para Cuba en 1914.

Alvarado fue quien mando a demoler la capilla dedicada a San José y abrir una calle entre la Catedral y el Palacio Episcopal. El también ordeno remodelar la fachada del Palacio del Obispo y estableció una institución educativa con el nombre de Conservatorio. La fachada que si respeto fue la del seminario en la calle 58. El interior del Palacio creo que también fue remozado, pues en el patio central había un pozo y árboles de aguacate y otros frutales.

El P. Palma Coral fue testigo, junto con los entonces seminaristas Ildefonso García Arjona, José Pilar Hidalgo, Francisco Novelo Bestia, los tres últimos ya fallecidos del saqueo y destrucción a la que fue sometido la Catedral y el Palacio Episcopal por hordas de incondicionales de Alvarado. Este es su relato.

Estábamos vigilando en la acera del parque que da a la Catedral yo y los otros tres mencionados, porque nos habían informado de lo que iba a suceder. Ya entrada la noche –fue creo que el 24 de septiembre de 1915- vimos venir por la calle 60 una multitud de más de mil personas entre las que se nos dijo había trabajadores de “La Plancha” y cargadores de Progreso, estos traídos por Alvarado a Yucatán. Caminaban cantando himnos revolucionarios como “Adelita” y “La Cucaracha”.

“Llegaron a la Catedral y comenzaron a empujar las puertas centrales, pero como no cedieron, algunos se metieron por otra parte y las abrieron. La turba, siempre cantando, entró y comenzó a destruir y a quemar retablos, imágenes, bancas, todo lo que encontraron, en hogueras que encendían en medio del templo. Al Santo Cristo de las Ampollas lo sacaron del Sagrario y lo llevaron creo que a las oficinas de policía. Entraron también en la casa del Obispo y destruyeron lo que encontraron. En Obispo ya había marchado al destierro.

El canónigo Palma Coral, actualmente encargado de la Capilla del Divino Maestro junto con los señores Canónigos Remigio Carvajal Coronado y Juan Arjona Correa, encargado de la iglesia de Santa Lucía y rector del seminario respectivamente, es uno de los sacerdotes supervivientes de la época aciaga que vivió la Iglesia de Yucatán con Alvarado.

Don Macario nació hace 86 años, el 17 de abril de 1894 en Dzidzantún. Estudió humanidades y filosofía en el seminario de San Ildefonso y, a causa de la persecución religiosa, marcho a Cuba y de allí Castroville, Texas, donde estudió, al igual que otros presbiterios yucatecos, teología. Se ordenó sacerdote en 1917. Lleva, por tanto, 62 años en el ejercicio de su ministerio. Por la época en que sucedió el saqueo a Catedral tenía 19 años.

La Revolución Social en Yucatán.

El padre de Aercel Espadas Medina fue supervisor de las escuelas rurales que creo Salvador Alvarado, en su juventud tuvo contacto con Manuel Amabilis y su suegro fue Joaquín Ancona secretario de Salvador Alvarado así como con Manuel Cirerol Sansores y se arrepiente de no haber hecho preguntas que hoy haría.

El pasaje de la Revolución y el Ateneo Peninsular es la obra máxima de Salvador Alvarado, y asegura que poco se ha investigado de la obra constructiva del general. Su obra –asegura- opaca la obra de muchos gobernadores que tuvieron incluso más tiempo.

Espadas –quien se dice admirador de Salvador Alvarado- considera que la figura del general afecto intereses, entre ellos el de la Iglesia Católica al incautar los bienes como el Palacio Episcopal, estos intereses afectados son los que han generado una serie de calumnias alrededor de su personas, sentenció quien fuera Director de la Facultad de Arquitectura de la UADY.

El arquitecto Aercel conoció el Pasaje de la Revolución original –el actual es una reconstrucción de 2001- en su infancia, en una feria ganadera. Era un espacio del pueblo que logro desvanecer aquel misterio que emanaba el Palacio Episcopal. El ateneo pasaje expresa la realidad del momento histórico en la destrucción de un antiguo y régimen y la creación de un nuevo régimen arquitectónico social, la independencia del pueblo del poder clerical.

La toma de sitios importantes para transformarlos a un nuevo régimen es una constante en la historia como el caso de la construcción de la Catedral de Mérida sobre los restos de la antigua ciudad maya.

“Del Arzobispado al Ateneo” es una calumnia con intenciones de recuperar el Ateneo como Arzobispado –sostiene- Aercel Espadas.

La construcción del Ateneo fue un gran cambio de la fisionomía de la plaza grande, que no había ocurrido desde la pavimentación del centro durante el gobierno de Olegario Molina.

La obra del Ateneo Peninsular estuvo encargada al célebre Manuel Amabilis –constructor del Parque de las Américas y el Centro Escolar Felipe Carrillo Puerto- que plasmo en el diseño de la obra la intención de revolución y cambio social a través de los elementos neoclásicos que caracterizan al edificio.

Recalca que no puede considerarse que el Palacio Episcopal se transformó en el Ateneo Peninsular pues del viejo edificio solo se reutilizaron algunos muros del interior; de hecho –asegura- todas las fachadas del Palacio Episcopal fueron demolidas.

Si bien en un inicio la obra se encargó a Amabilis, fue el italiano Santiago Piconni quien concluyo el pasaje de la Revolución, las diferencias entre lo hecho por Amabilis y Piconni son claras, siendo que los acabados de Amabilis resaltan por sus detalles, sobre los de Piconni que resaltan por ser toscos y soberbios.

“El Ateneo Peninsular, recientemente fundado en esta ciudad de Mérida, inauguró sus labores con el presente año de mil novecientos diez y seis. Su inauguración fue celebrada con diversas actuaciones de cultura física y con una gran fiesta de arte que se verificó la noche del seis de enero en el teatro Peón Conteras” así reza el libro conmemorativo a la inauguración del edificio, hace ya más de cien años.

El Pasaje de la Revolución fue inaugurado el 1 de mayo de 1918 por la administración del “primer gobernador obrero” Carlos Castro Morales. El discurso principal estuvo a cargo del poeta Antonio Mediz Bolio. De esta manera dio inicio la posrevolución en Yucatán, rindiendo culto a la obra del gobernador revolucionario Salvador Alvarado. Por lo tanto, el conjunto del edificio del Ateneo Peninsular y el Pasaje de la Revolución, construido sobre el antiguo Palacio Arzobispal, representó para el paisaje urbano el momento de ruptura del nuevo régimen con el antiguo. A partir de entonces, el paisaje urbano tanto de Mérida como del estado será impactado por el arte monumental del socialismo posrevolucionario.

Salvador Alvarado no estuvo presente en ninguno de los dos actos inaugurales, Espadas sostiene que mucho tuvo que ver su ideal de no enaltecer figuras de gobernantes por lo que predicaría con el ejemplo al no estar presente durante aquellas fiestas inaugurales.

El edificio que debió funcionar como Escuela de Artes, nunca vio este fin conseguido.

Se destinó a oficinas,  federales como estatales en la parte de la planta baja se ofrecieron locales comerciales. En los años treintas la mayor parte de la planta alta se destinó a la comandancia de la XXXII y funciono ahí hasta 1983.

El edificio lo mantuvo el gobierno del estado como sitio de oficinas hasta 1993 cuando empezaron los trabajos de rescate del edificio. Finalmente el  29 de abril de 1994 se inauguró en sus instalaciones el Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán.

Como se mencionó antes, los arcos de entrada del Pasaje de la Revolución fueron destruidos en los años cuarenta y el espacio que se abrió en esa calle, se destinó para el transporte urbano. Hasta 2001 y como parte de los rescates del Centro Histórico de Mérida, se reconstruyeron ambos arcos (el que da a la 60 y el que da a la 58) con lo que el sitio recupero sus características originales. En 2010, se consiguió por fin, que el Pasaje recuperase su techo de cristal y que se iluminará vistosamente; con lo que se ajustó un poco a aquellos pasajes europeos que inspiraron su creación.

A 100 años de inaugurado, el Ateneo Peninsular sigue siendo un referente de la Plaza Grande, y gracias a las últimas restauraciones, ha recuperado la fisionomía con la que se proyectó el edificio. Actualmente, sigue funciona como Museo de Arte Contemporáneo de Yucatán: Juan García Ponce.”

Fuentes.

  • Diario de Yucatán.
  • Aercel Espadas.
  • Gaspar Gómez Chacon

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