Historia de la Colonia Jesús Carranza

Escrito por Arturo Gamboa Pavía en 1981

En los primeros años del presente siglo, nuestra Mérida comienza a convertirse en una de las ciudades más importantes de la república como consecuencia del auge henequenero entre los años de 1902 y 1906, precisamente durante el gobierno de don Olegario Molina son pavimentadas las principales calles de la ciudad, lo que la transforma, en una de las más limpias.

Como era de esperarse, lo habitantes también crecen en número tal que comienzan a rebasar los antiguos barrios tradicionales, San Cristóbal, San Juan, San Sebastián, Santiago, Santa Ana, La Ermita, etc.

Que en aquel entonces eran los límites de la ciudad. Y es así como se hace necesario la localización de nuevos terrenos para la ampliación de las áreas urbanas de los barrios ya mencionados, al mismo tiempo que fundar nuevos centros habitacionales en las afueras de la ciudad, principalmente para obreros, artesanos y en general de escasos recursos económicos.

Segundo edificio de la escuela Albino J. Lope inaugurado en 1948, cuando era gobernador José González Beytia

El trabajo que hoy nos ocupa, la fundación de la colonia Jesús Carranza, podría decirse que fue la segunda colonia fundad en Mérida ya que la primera fue la García Ginerés que se estableció en los terrenos de San Cosme, antigua finca de campo, el fundador lo fue el caballero español don Joaquín García Ginerés, tronco de la amable familia García Comas.

Volviendo al caso que nos ocupa vale la pena comentar que durante los acontecimientos de referencia se encontraba al frente del Gobierno del Estado, el General Salvador Alvarado, como gobernador y comandante militar, por disposición de Venustiano Carranza, primer jefe de la Revolución: Constitucionalista, ya para entonces en su apogeo y casi triunfante (19 de marzo de 1915, fecha de entrada al Estado del General Salvador Alvarado).

Las cualidades de que estaba dotado el General Alvarado venían muy a la medida para el caso que se trataba, como de incorporar a la Península al nuevo orden de cosas, pues era muy enérgico, de ideas muy radicales, y sobre todo, muy apasionado por la causa por la que había empuñado las armas. Era, en fin, uno de los abanderados de la revolución Carrancista y que traería como consecuencia la transformación social de la Península.

Por aquellos tiempos, los Ferrocarriles Unidos de Yucatán era la empresa más importante de nuestro Estado, precisamente el 23 de abril de 1911. Acto que podía, considerarse como arriesgado, dadas las condiciones que prevalecían en aquel entonces.

A finales del año de 1916, existían en los alrededores de Mérida, varias fincas, todavía muy prósperas, como Mulsay, Xoclán, Buenavista, Walis, Petcanché, etc. Los plantíos de esta última colindaban con los terrenos de la Plancha y sus trabajadores los encontraron magníficos para edificar una colonia ferrocarrilera.

Se formó una comisión pro-terrenos y que encabezó don Carlos Castro Morales, Vicente Ventura Avila, Celestino Avila, Juan Reyes Pantoja, Pomposo de la Fuente, Benigno Palma, Liborio Cahuich, Tránsito Sánchez y algunos que se escapan a la memoria, y de inmediato se entrevistaron con el Gral. Salvador Alvarado, y al plantearle la necesidad de que tuvieran sus casas lo más cercano a sus centros de trabajo, ordenó se expidiera un decreto, donde se acordaba la expropiación de los terrenos mencionados a la Hacienda Petcanché, cuyos propietarios eran doña Teófila Sierra y su esposo don Gregorio G. Cantón.

A principios de 1917 se inició el trazo de la colonia, estando a cargo de este trabajo el colono don Tránsito Sánchez; en un principio fue de 40 manzanas de a cien metros cada una, las calles de ocho metros de ancho, y obtuvo los siguientes linderos: al poniente, la calle 50, donde está la vía del ferrocarril de Mérida a Progreso denominadas Avenida Pérez Ponce (antes Joaquín Ancona Cámara) con la plazuela de Itzimná (en aquel entonces un pueblito).

Por el norte, el antiguo camino de herradura que conducía al pueblo de Cholul o camino real (en la actualidad Avenida Alemán hasta la calle 21), donde había un pozo y una casa donde se abastecía de agua a las mulas de las plataformas y bolanes que viajaban hacía Conkal, Cholul e incluso a Motul. Por eso a ese lugar se le denomino “El Pocito”.

Por la parte oriente, la actual calle 36 y los plantíos de la hacienda Petcanché, de la 23 a la 35. Por el sur, la calle 35 entre 36 y 50, colindando con los patios de la Plancha. Cabe mencionar que esta calle fue conocida como “La vaciladora”, pues se dice que era frecuentada por parejas de “dudosa reputación para sus citas amorosas.

El nombre de la Colonia.

Al continuar sus gestiones la comisión pro-colonia ferrocarrilera, en una de sus frecuentes visitas a Palacio discutió con el general el nombre de la naciente colonia.

La comisión propuso el nombre del General Alvarado, pero este lo rechazó en el acto, porque según su criterio, “no debían ponerse nombre de funcionarios activos a colonias, escuelas o calles”; se le propuso el nombre de don Venustiano Carranza, que era el primer jefe de la Revolución: pero también fue rechazado, por los mismos argumentos.

Mientras se barajaban los nombres de varias personalidades del momento, fue recibido en Palacio un telegrama en que se informaba que había sido asesinado en campaña el General Jesús Carranza quien al frente de una brigada combatía por la región del Istmo de Tehuantepec, y que era hermano del Presidente. Por lo que el Gral. Alvarado propuso, y fue aprobado, el nombre de don Jesús Carranza.

Inauguración de la colonia.

El domingo 16 de septiembre de 1917 a las 6 de la mañana es izada la bandera Nacional en el centro de la plazuela en un mástil para el caso ahí colocado. Se dispararon varias gruesas de voladores y se tocaron dianas, ya que este acontecimiento coincidía con el de nuestras fiestas patrias. A las 8 de la mañana hizo acto de presencia el encargado del Poder Ejecutivo, Dr. Álvaro Torre Díaz, en representación del Gobernador y comandante militar Gral. Salvador Alvarado. Los concejales del H. Ayuntamiento Sres. Gonzalo Lewis Heredia, Alfredo Valencia Pla y Edmundo Bolio Ontiveros. El discurso alusivo estuvo a cargo del concejal Lewis Heredia. También asistieron la mayor parte de los vecinos, así como de los comisionados pro-colonia. La banda de música amenizó el acto.

La naciente colonia Jesús Carranza, después de varios meses de gestiones, al fin, fue inaugurada solemnemente el domingo 16 de septiembre de 1817, con la asistencia de las autoridades municipales y gubernamentales, encabezadas por el Dr. Álvaro Torre Díaz, quien al correr de los años sería también gobernador de la Entidad.

Empieza la entrega de lotes.

El mismo día inaugural, los comisionados pro colonia y de acuerdo con los socios fundadores, dispusieron que la entrega de lotes se haga por medio de sorteos y, verificado el primero, resultó agraciado Abraham Cuán Cachimba, que trabajaba como carpintero en los talleres de La Plancha. Cabe mencionar que el lote que le tocó en suerte, es el que se encuentra situado al costado oriente de la plazuela, ahora al lado de la actual farmacia, y está marcado con el número 452 de la calle 38. Los lotes tenían la extensión de 24 x 50 metros en promedio.

Modelo común de las casas de la colonia

La construcción de las casas estuvo a cargo de los propios colonos, ya que la mayor parte fueron de madera, y como una muestra de la unión de los trabajadores del riel, entre todos trabajaban cada casa hasta terminarlas; así se veían carpinteros, pintores, albañiles e incluso mecánicos, paileros, herreros, empleados de escritorio e incluso maquinistas, trabajando en coordinación.

Al cabo de tres o cuatro domingos, quedaba terminada una casa y de inmediato se le daba posesión al propietario, así fue como se construyeron las primeras casas de esa colonia.

Los primeros vecinos.

El Sr. Abraham Euán, además de haber sido el primer vecino de la naciente colonia, fue el primero también en tener su pozo, y el predio cobró importancia por ser el único que contaba con el preciado líquido que surtía a los demás vecinos. Los primeros vecinos de que hay constancia fueron Juan Reyes Pantoja, Benigno Palma, Pomposo de la Fuente, Gerardo Cab, Justino Gonzalez, Secundino Tolosa, Federico Orozco, José Meneses, Francisco Bracamonte, Antonio Sandi, Marcelino Sánchez, Juan Cardeña, Dámaso Pat, José María Herrera, Augusto Cárdenas, Jesús Manzanilla, Pedro Pavía Pantoja, Martín Loeza, Francisco Acosta, entre otros.

Los primeros comercios.

Como era de esperarse, al proliferar los vecinos, hicieron su aparición los primeros comercios como una necesidad, siendo Manuel Pat el primero en instalar una tienda de abarrotes en la calle 40 entre 31 y 33 en el años de 1920. Luego surgió “El triunfo” (38 x 25), conocida tienda y panadería propiedad en aquel entonces de Francisco Acosta. Luego, “El Holbox” (40 x 27), de José Herrera y posteriormente “El Imán”, de Agustín Rosas, y que estivo situada en el cruce de las calles 38 x 31 en el ángulo sureste del parque.

En la esquina del “Pocito”, cruce de la actual avenida Alemán con 21, como ya dijimos en la primera parte de esta remembranza, existía un lugar donde se abrevaban las mulas que tiraban de las plataformas que salían rumbo a Cholul, Conkal y Motul. Años más tarde, en el ángulo sureste de la glorieta existió una destilería de aguardiente, propiedad de la familia López y que era conocida como “El tizz-cot” (rincón de albarrada).

Se extiende la colonia.

También existe constancia, que la primera parte de la colonia que se pobló fue la comprendida de la calle 40 a la 36, quedando por mucho tiempo la otra parte convertida en montes y al llegar vecinos, varios de ellos pretendieron denominar a esta parte, colonia “Maya”, (de la calle 40 a la 50), que no prosperó.

Así se establecen Sebastián Silveira, Laureano Alvarado, Buenaventura Ruiz, Eustaquio Martínez, Jacinto (El Chiquix) Chan, José Herrera, Pascual Cardoz, José L. Niño, Carlos Quetzal, Liborio Cauich, Arcadio Rosado, Pedro Álvarez, Canuto Batun, Juan LLanes, Álvaro Medina, Emilio (“El Tucho”), Poot, Mateo (Arañita) Gonzalez, quien también fundó la tienda “La Caperucita”, del cruce de la 29 x 42; Rafael Caamal, Andres Novelo, Cenobio (El Xut) Cetina, Anacleto Chávez, Esequiel Hernández, Álvaro Palomo, Silvestre Dzul, Hilaro Gutiérrez, Benito Canul, Manuel Valle, Elías Núñez, Tiburcio Canché, Gregorio Burgos, Feliciano Herrera, Eusebio Vázquez, Juventino Baeza, Victoriano Cruz e Ignacio Pérez.

Todas estas personas, al frente de sus respectivas familias, le dieron nuevo impulso a la colonia y empezaron a levantar las divisiones (albarradas), y sembrar los primero árboles frutales, que en una época fueron orgullo de la colonia, pues no faltaba una casa donde no hubiera de admirarse diversas clases de árboles frutales como naranjos, aguacates, mangos, mameyes, guanábanas, todos ellos proporcionados a los colonos por el vivero de “La Casa de la Agricultura”, que era una dependencia gubernamental, y estaba situado en terrenos del norte de Itzimná, hoy colonia México.

La colonia Carranza enfrenta serio reclamo.

Después del anterior advenimiento de nuevos vecinos, por un corto tiempo la nueva colonia pareció enfilarse hacia una etapa de tranquilidad y progreso, y se esperaba todo, menos las sombras de tormenta que se avecinaban presurosas sobre esos esforzados trabajadores.

En efecto, corría ya el año de 1919 y las garantías constitucionales ya habían sido restablecidas, y de hecho nuestra flamante Constitución de 1917, lo que aprovechó la Sra. Teófila Sierra propietaria de la Hacienda Petcanché y de terrenos donde se fundara la colonia, para apelar a la expropiación hecha a favor de los trabajadores ferrocarrileros e inició un juicio de restitución de derechos, mismo que llegó incluso a la Suprema Corte de Justicia, habiendo fallado está a favor de su antigua propietaria.

La situación se tornó crítica al llevar la orden de desalojar los terrenos en un plazo de 48 horas, habiéndose llegado a impartir la orden de intervención de la Policía Montada de aquella época.

Surge el Ángel de la Guarda de los Colonos.

Cuando estos sucesos hacen crisis, era presidente municipal de Mérida, el Lic. Don Enrique Recio, diligente funcionario, muy vinculado con los trabajadores. Gobernó la ciudad entre los años 1918 y 1919.

Los colonos ya habían entablado pláticas con doña Teófila y en las cuales no se había llegado a ningún acuerdo, habiendo decidido tal vez como último recurso, exponer su problema al Alcalde, quien después de escucharlos prometió de inmediato avocarse a la primera oportunidad a platicar con la propietaria de los terrenos y buscar una solución justa para ambas partes, lo que expuso desde la primera reunión. Invitó a la demandante que desistiera de sus propósitos, en vista de la difícil situación en la que iban a quedar los colonos al perder los recursos que habían invertido a base de sacrificio y de trabajo con el noble fin de obtener su casa.

Se dijo también que los colonos reconocían sus derechos como propietaria para reclamar, lo que según ella, le había sido arrebatado, pero que ellos –los colonos- invocaban, a sus sentimientos humanitarios, con el fin, si el caso lo requería, a pagar una indemnización.

Cabe mencionar que no fue fácil la intervención de Alcalde Recio, pues la señora Sierra siempre contestó de forma negativa; sostenía que en vista de haber sido víctima de un despojo, exigía la devolución de sus tierras y que con ninguna cantidad desistiría de sus propósitos de recuperarlas. Pero como dice un refrán, “Indio porfiado mata venado”, el Lic. Recio consigue al fin llegar a un acuerdo y acepta las condiciones de la Sra. Sierra, y que consistía en el pago, de contado, de la suma de 500 mil pesos, o sea medio millón de los de entonces. Y no quedando otra solución, se tuvo que aceptar, so pena de perderlo todo. El mismo Alcalde Recio intervino ante el Ejecutivo del Estado para gestionar un préstamo para liquidar esa cantidad. Los colonos por su parte tuvieron que reintegrar, cada uno, la cantidad de 250 pesos.

Una vez finiquitado el litigio con la propietaria de los terrenos, Sra. Teófila Sierra y que por fortuna tuvo un epilogo feliz gracias a la intervención del Lic. Enrique Recio, la colonia Jesús Carranza inició su despegue definitivo aunque lento con el advenimiento de nuevos vecinos.

Surgen nuevos comercios.

Ya hemos mencionado que casi al mismo tiempo de fundada la colonia surgieron las tiendas “El triunfo”, “El Holbox” y “El Imán”. Poco tiempo después, surgió la primera carnicería, propiedad de Carlos Vargas, misma que estuvo ubicada en la Calle 40 entre 31 y 33, otro comercio del mismo giro fuel el que existió en la esquina de la tienda “El triunfo”, propiedad de Desiderio Ortiz, a quien apodaban “El gallito”.

Para esa época surgió también la tienda “La caperucita” de Mateo Gonzalez y está ubicada en el cruce de la calle 42 x 29. Don Francisco Acosta, propietario de “El Triunfo” vendió la tienda a Tomás Solís y él, por su parte, fundó un molino que conservó el mismo nombre.

La primera farmacia de la colonia fue fundada en el cruce de la calle 40 x 31 y su propietario fue Alfredo Castellanos. Por razones desconocidas, este comercio tuvo una vida efímera y en ese lugar se instaló una pequeña tienda que se llamó “Don Galdino”, siendo la antecesora de la actual tienda “El Renacimiento” que hasta hoy funciona es ese sitio. La primera cantina fue “El marinero”, fundada por Gonzalo Lope, quien falleciera trágicamente.

Empieza el servicio de transporte.

Corría el año de 1923 cuando se inició en la colonia el servicio de camiones (huahuas), servicio que prácticamente se hallaba en pañales, ya que el transporte en la ciudad era de tranvías. Los camiones entraban por la calle 50, bajando de la 37 hasta la 35 (“La vaciladora”), recorriendo hasta la calle 40, o sea la esquina del “Triunfo” donde estuvo su primera terminal, que posteriormente se prolongó hasta la glorieta del “Pocito”.

Dos años después, es decir en 1925, se hizo el terraplén y el tendido de rieles para los tranvías que darían servicio a la colonia. Labores que estuvieron a cargo del Sr. José L. Niño, quien ejercía el puesto de Jefe de Vías de los Ferrocarriles Unidos de Yucatán. Lamentablemente este servicio duró poco menos de un año, en virtud de la decadencia del servicio, el cual fue asfixiado poco a poco por el servicio de camiones.

La educación en la colonia.

Desde el año de 1926, la Sita Josefita Sánchez fundó la primera escuelita (particular) en el predio de su padre Sr. Marcelino Sánchez ubicado en el cruce de las calles 40 x 79, propiedad actualmente de la familia Cardeña Franco. Cabe mencionar que esta pequeña escuela función apenas dos años.

Casi a finales del mismo año empezó a funcionar otra escuela en la calle 33 entre 28 y 40 y que en ese entonces era propiedad de Eusebio Vázquez. Esta escuela se denominó “Jesús Carranza” y el primer responsable de ella fue don Augusto Talavera León.

Al año siguiente, el Sr. Talavera efectuó gestiones ante las autoridades educativas para que la escuela sea reconocida como oficial y uno de sus primeros pasos fue reclutar a un grupo de maestros recién graduados entre los que se encontraba la ameritada maestra Hortensia Palma.

Según relata la propia maestra Hortensia, unos de los requisitos para reconocer a la escuela fue además el que tuviera 60 alumnos, que tenía que ser verificado por las autoridades, fue necesario salir de casa en casa a reclutar a los niños y casi a suplicar para que asistieran cuando menos el día de la visita del gobernador don Álvaro Torre Díaz y el jefe del departamento de Educación Pública.

Fue así como el Dr. Torre Díaz, encontró a niños sin tener donde sentarse, algunos sobre cajones y sin mesa bancos, por lo que giró instrucciones para que la naciente escuela tuviera su primer mobiliario.

Para ese entonces, los alumnos se dividieron y se formaron dos grupos: uno de varones y otro de niñas. El de niñas fue reconocido como Esc. Libertad Menéndez y el de varones, Esc. Jesús Carranza. Del grupo de niñas se hizo responsable la maestra Hortensia Palma y como auxiliar la Profa. Adelina Gongora Triay y del grupo de varones se hizo cargo el Prof. Alonso Vera Cordero y como auxiliar el Prof. Álvaro Manzanilla. El maestro Talavera fue trasladado a otra escuela.

Fue un 11 de enero de 1927, cuando recibieron su nombramiento oficial los maestros de la escuela, que funcionaba regularmente en el mismo local, pero fue fusionada de nuevo al poco tiempo y se designó como hasta la presente fecha “Albino J. Lope”, siendo su primer director don Raymundo García.

Como era la plaza de la colonia.

Al efectuarse el trazo de la plaza de la colonia, se sacó una superficie cuadrada de cien metros por lado. Toda esta, desde el día de su fundación se encontraba abarrotada de troncos de henequén, con algunos arbustos, principalmente espinos (catzín, subín, etc.).  Tenía además grandes bancos de piedra que formaban algunos altillos, aparte de mucha piedra suelta. Es necesario decir que para épocas de lluvias se convertía también en un pequeño monte. También existían dos o tres cuevas de las que los vecinos extraían sascab para sus casas.

Primer edificio de la escuela Albino J Lope

Era muy común ver por esos años y en esos lugares, pastar a los caballos y cabras y fue la primera Junta de Mejoras, fundada en 1928 y de la que hablaremos más adelante, la que dio a la tarea de nivelación, comenzando por los bancos de piedras y rellenos de cuevas.

En el centro de la plaza fue instalada un astabandera y se petrolizó un área de unos treinta metros de circunferencia donde se daban bailes y vaquerías.

Después de varios meses de arduo labor, la Junta de Mejoras, consiguió nivelar la plazuela en su mayor parte y ahí se instaló un diamante de béisbol, quedando el vértice del jom en el cruce de las calles 29 x 38. La primera cancha de básquet estuvo ubicada en la esquina noroeste de la plaza (40 x 29). Por ser muy rudimentaria y no contaron pisos buenos, nunca se usó para juegos oficiales, pero no fue un obstáculo para que los aficionados hicieran sus prácticas con todo entusiasmo

 

 

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