La Esquina de los dos camellos (49 x 66)

Renan Irigoyen

Como ya es conocido por propios y extraños, las esquinas de nuestra ciudad guardan una historia tras el nombre con el que

Cuenta la leyenda que unos hermanos portugueses de probable origen judío, Rodrigo y Pomposo Carvajal, arribaron a Yucatán.

Los supuestos hebreos eran comerciante sí lo mismo vendían brocados y sedas como traficaban a trueque loza y baratijas, recibiendo mantas de algodón que tejían las indias, añil, miel copal, cera, jarcias de henequén y maderas colorantes.

En uno de sus viajes la nave naufragó cerca de Cabo Catoche, salvando sus vidas y poco de sus mercaderías. Decidieron establecerse en Mérida. Pero acostumbrados a deambular adquirieron bestias para arrias, cosa nada fácil de conseguir en esos tiempos a fines del siglo XVII.

Habiendo organizado su nuevo negocio viajaron de poblado en poblado cambiando productos y residiendo desde entonces en la esquina mencionada.

Se asegura que el Santo Oficio los investigó porque la gente observó que no concurrían frecuentemente a misa, pero nunca fueron sorprendidos en delito de blasfemia. De la investigación salieron limpios y con grande esfuerzo, después de dos años de agobiante tránsito por erizados caminos, no solamente repusieron el perdido capital sino lo incrementaron.

Pero los productores locales, desconfiados, no les proporcionaban atención ninguna, ni hospedaje ni agua para sus animales, que solamente descansaban y reponían donde casualmente encontraban cisternas o aguadas, o bien hasta llegar al solar de la esquina susodicha.

Al morir por exceso de trabajo, se e inanición buen número de sus bestias de tiro y previsores de que dada la escasez de yeguas, pararía su negocio, concibieron la idea de pedir a un pariente rico residente en Orán, entonces población española con gran comercio árabe que les remitiera veinte camellos.

Otra tempestad volvió a hacer víctimas a los Carvajal y de la veintena de aguantadores cuadrúpedos, salvaron la vida solo cinco, tres de los cuales se quedaron en Santiago de Cuba en poder de unos mineros que los bien pagaron, llegando únicamente dos a Yucatán.

Entonces sí se mantuvo el negocio con la resistencia de los camellos y hubiera sido digno de verse el paisaje nuestro surcado por tan exóticos animales.

Por ese rumbo de Santiago norte, alternaban mulas y camellos viviendo los últimos más de cincuenta años y probablemente no constituyeron paraje ideal porque hubieran tenido descendencia y hasta hoy tendríamos andando por nuestros caminos a los gibosos camélidos, resistiendo calores y sequías. Por esa razón la casa de los Carvajal fue conocida popularmente como “la casa de los dos camellos” y hasta hace algunos años la tienda que la ocupaba lucía en su fachada dos de esos animales pintados al óleo, cuya estampa ya desapareció.

Esquina de los dos Camellos

Sergio Ceballos Castillo

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