Leyendas de Mérida: La Casa del Diezmo

Renán Irigoyen Rosado

Al expandirse la ciudad en el siglo XVIII, los barrios destinados a la población indígena, como Santa Lucía, fueron ocupados por la nueva población criolla y mestiza.

Todos los nativos se desplazaron al nuevo de Santa Ana. El cacique maya de Santa Lucía no cambió su residencia ubicada frente a la entonces llamada ermita y el primer cementerio de Mérida, Joaquín Tuyub quien se  había casado con una mestiza.

Fue feliz el matrimonio, de cuya compatibilidad nacieron 8 hijos. Tuyub todavía alimentaba el resentimiento por la humillación de su raza.

En la camada de Tuyub había una joven muy linda beneficiada con la mezcla de conquistadores y conquistados. Tenía la prestancia de los cupules de Valladolid y la gracia andaluza de las sevillanas. Acaba de cumplir 18 años e irradiaba belleza y encanto. Mimada del cacique y orgullo de la casa.

Vinieron unas de las primeras celebraciones carnavalescas en la Mérida colonial, que se efectuaron en la plaza de Santa Lucía. Bailes y entretenimientos españoles. En una de las noches celebróse una de las primeras “vaquerías”, verbenas de origen hispano con matices indios que recién había evolucionado en las haciendas ganaderas.

Dolores, muchacha a quien nos hemos referido, danzó la jarana con acompasado ritmo y donosura, causando la admiración de todos por su vistoso “terno” de bordado multicolor, alhajado de la mejor filigrana artesanal de la época. Se iniciaba la costumbre de premiar con “galas” a las mejores bailadoras, encimados sombreros sobre los incitados bucles de las damas. De todos ellos uno no fue rescatado por el delicado perfume perteneceneciente a una persona de alcurnia. Siguió el baile y el incognito galán no se presentaba, lo cual intrigó a la bella Loló. Casi al finalizar la fiesta, aproximase a ella un garboso “mestizo” y al recibir el sombrero no le dio el clásico doblón, sino áurea medalla de la Virgen del Pilar con la inscripción “Pasaré por ella”

Transcurrieron los días de la Cuaresma y jueves Santo, durante la procesión del Cristo de la Conquista, imagen de bulto que recorría parte del centro de la ciudad, cargada a turnos por voluntarios encapuchados. Cuando el pueblo se desbordó, uno se le acercó descapuchándose y tomándole la mano le musitó: “Por la pascua recogeré la medalla”.

Ese domingo paseaba la joven por la huerta que daba a la calle 62, cuando entre los matorrales asomó el apuesto galán.

Pronto Joaquín Tuyub observó variaciones en el carácter de la joven y al espiarla sorprendió la común escena de los enamorados. Ciego de ira, con el machete que portaba al cinto, arremetió contra la pareja, cortando el hilo vital del carriño de su vida e hiriendo gravemente al seductor. A Dolores la entró la servidumbre al interior de la casa, declarándosela muerta por accidente. Él fue encalabozado en una planta alta posterior. Allí curó el Alférez Alberto de Pino y Santiago. Luego fue dejado inicuamente morir de sed e inanición.

Pasados los años la familia Tuyub trasladóse al barrio de Santa Ana y alquiló su antigua casa a un español. Pero viejo y abrumado por el peso de su crimen, Joaquín lo confesó a un fraile que lo absolvió, disponiendo ambos que las rentas de aquella casa pasaran al patrimonio de la iglesia operándola como diezmos. Por eso fue conocida mucho tiempo como la Casa del Diezmo, misma que habitó el Dr. Pedro F. Rivas y donde se desenvolviera el inolvidable grupo teatral de “La Casona”.

Novedades, 1971

La casa a la que se refiere el cronista Renán Irigoyen es la marcada con el No, 471 y corresponde a la que existió contigua a los portales que flanquean el norte de la Plaza de Santa Lucía.

Sergio Ceballos Castillo

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