Navidad a cañonazos

“¡Señores, recuerden que esta noche es Nochebuena y que después del triunfo nos espera una magnifica cena!”. Así arengó el coronel don Francisco Cantón Rosado a sus principales oficiales, antes del feroz combate que iba a iniciarse a las 9 horas. De aquella noche del 24 de diciembre de 1876, cuando los habitante de Mérida se disponían a celebrar pacíficamente la Navidad.

Procedentes del Oriente de la Península, las columnas al mando de los coroneles Teodosio Canto, Heliodoro Rosado, Santiago Pérez Virgilio y Roberto Erosa, sublevados contra el gobierno central del Lic. Sebastián Lerdo de Tejada, habían proclamado el “Plan de Tuxtepec”, que finalmente llevó al poder al general don Porfirio Díaz.

Acampados desde aquella tarde en la plaza de Santa Ana, parapetados donde hoy desemboca la calle 60, utilizando multitud de saquillos de tierra previamente preparados, y algunas pacas de henequén “abandonadas” allí por simpatizantes de su causa, no tardaron en recibir el primer impacto de artillería gobiernista, al mando del intrépido teniente coronel don Ramón Reguera, que ataco con furor.

El combate fue breve, pero reñido y sangriento, dejando un mundo de muertos y heridos de ambos bandos.
Para evitar mayor derramamiento de sangre, ante la inminente vitoria de los rebeldes tuxtecanos –no sólo en Yucatán, sino en el resto de México-, el general don Guillermo Palomino, jefe de las Armas en el Estado, ordenó, ante el disgusto de Reguera, la retirada de sus tropas dejando el campo abierto a los revolucionarios, quienes avanzaron libremente por la calle 60, rumbo al Palacio de Gobierno.

Mientras tanto, en Mérida, estremecida por los cañonazos, cundía el pánico ante el temor de asaltos y saqueos, pero el Coronel Cantón evitando prudentemente tal posibilidad, ordeno para el día siguiente, la capitulación del Gobierno de Yucatán, jefaturado entonces por el Lic. Don Eligio Ancona. Para evitar sorpresivos ataques nocturnos, Cantón se posesionó de todos los sitios estratégicos de la calle 60, única que conducía a Santa Ana, desde el centro de la ciudad.

Hacía la medianoche, todo había concluido y don Francisco Cantón, rodeado de sus colegas y principales miembros de su oficialidad, cenaba alegremente, festejando aquella Nochebuena y brindando por triunfo en Yucatán del señor general don Porfirio Díaz.

Juan Francisco Peón Ancona.
Diciembre 1978

CAÑONAZOS

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