Del Elefante Blanco al Palacio de la Música.

Una etapa ha terminado, y en el corazón de Mérida iniciará una nueva.

Tras casi treinta y cinco años de servicio, el edificio del Congreso del Estado ha sido totalmente derribado para albergar en este espacio el ‘Palacio de la Música’. En el marco de estos eventos, creemos conveniente hacer una recapitulación de la historia de este espacio, que ha pasado de ser parte del Colegio Jesuita, a Hotel, para luego ser un ‘Elefante Blanco’ y hasta hace algunos meses, sede del Congreso del Estado. Su futuro: ‘El Palacio de la Música.

Plano del Colegio de San Javier.
Plano del Colegio de San Javier.

La manzana que hoy nos ocupa,  fue desde el siglo XVII parte del complejo jesuita que incluía la Universidad de San Javier y el aún existente Templo del Jesús.

Fue a principios del siglo XVII que los vecinos y autoridades de la ciudad de Mérida iniciaron las gestiones para la edificación de un colegio que estuviese a cargo de la compañía de Jesús, que permitiese a los jóvenes peninsulares obtener las enseñanzas en filosofía, letras y derecho, ya que la única manera de acceder a ellos era viajando a la capital de la Nueva España lo que generaba grandes costes para las familias.

El 31 de diciembre de 1613 muere en la ciudad de Mérida el encomendero y capitán don Martín de Palomar, dejando su casa, un solar y veinte mil pesos para la edificación de un colegio.

Los predios de los que hablamos se ubicaba al norte de la catedral en el lugar que hoy en día ocupa el teatro José Peón Contreras, el Parque de la Madre y el ya desaparecido ex-congreso.

Fue en mayo de 1618, después de terminadas todas las gestiones ante el Rey, que se daba fin término al anhelo de los vecinos de Mérida, el Colegio de San Francisco Javier abría sus puertas. La orden jesuita cumplió con los anhelos de educación universitaria para los vecinos de Mérida.

Atravesaron epidemias y carencias pero el colegio sobrevivió, hasta que la suerte de los colegios jesuitas se cegó el 6 de junio de 1767 cuando el capitán Cristobal de Zaayas Guzmán hace cumplir la cédula de Carlos III, quien expulsa a la compañía de Jesús de los territorios españoles.

El edificio del Colegio de San Francisco Javier fue abandonado a su suerte, en un intento de olvidar a aquella orden jesuita que el Rey había desterrado.

Una vez declarada la independencia de Yucatán de España, y con su posterior anexión a la nación mexicana, el Congreso Constituyente yucateco de 1823 ocupó, como sede independiente a los demás poderes, el aula magna y algunos espacios del antiguo Colegio de San Francisco Javier.

Muchos años después, se demolió la mayor parte de las instalaciones del convento y el colegio y se abrió la calle 57-A. En el sector norte se construyó el teatro de San Carlos, que en 1878 tomo el nombre del ilustre literato José Peón Contreras.

A la izquierda se observa parte del Edificio del Colegio y también las cornisas del Teatro Peón Contreras.

Hasta 1915 existieron restos del Colegio en el costado norte del templo, sin embargo estos espacios se terminaron de demoler a la llegada de Salvador Alvarado en aquel año.

Los espacios del oriente (el cruce de la 59 con 58) de aquella cuadra fueron vendidos a particulares, se sabe que a principios del siglo XX era una casa particular, posteriormente se convirtió en Hotel Madrid y luego en sede del Club ‘La Unión’.

Anuncio del ‘Hotel Madrid’, este edificio fue demolido para iniciar el ambicioso proyecto que se convertiría en el ‘Elefante Blanco’

A mediados de los años cincuenta esta casona fue demolida, inició la construcción del que prometía ser un descomunal rascacielos en el centro de Mérida destinado a ser sede de una compañía de seguros.

A principios de los años sesenta la construcción se detuvo sin razón aparente y dejo de ser el estandarte del progreso para convertirse en un dolor de cabeza de las autoridades.

El edificio alcanzo los diez pisos de altura, convirtiéndose en un referente de la ciudad aunque no por su belleza ni importancia, sino por su grandeza y su nulo beneficio; por lo que el clamor popular le bautizo como el “Elefante Blanco”.

En 1967 durante el gobierno municipal de Victor Correa Racho se consiguió eliminar los pisos superiores aunque se dejo claro que era un peligro latente por su estado de abandono. Y aunque en realidad para lo único que sirvió fue para ser usado de estacionamiento; en el papel fue sede de una aseguradora, de un hotel, de un centro comercial y hasta se planteo como condominios.

El Elefante Blanco, símbolo de la inutilidad y monumentalidad.

Las administraciones municipales posteriores intentaron, sin éxito, encontrarle alguna utilidad a la enorme mole y es que además el predio se encontraba desde 1963 en un juicio de embargo por lo que la propiedad del inmueble aún no era del todo clara aunque estaba adjudicada a un empresario radicado en Monterrey.

El 25 de julio de 1978 sucedió lo que muchos temían; una de las cornisas superiores del edificio se desplomo después de una fuerte lluvia. Falleció en el lugar el profesor Pedro Pinzón Sanchez resultando heridas otras personas.

Entonces se agilizó el proceso de expropiación durante la administración del entonces presidente municipal Federico Granja Ricalde y durante la siguiente de Gaspar Gomez Chacon; siendo gobernador Francisco Luna Kan.

En 1980 finalmente el predio pudo ser adquirido por el Gobierno del Estado y se demolió parcialmente para adaptarse como sede del Congreso del Estado.

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Antiguo recinto legislativo local.

El arquitecto Orso Núñez, coautor del Conjunto Cultural de Ciudad Universitaria de la UNAM, al sur de la Ciudad de México, llevó a cabo el proyecto para la reutilización de esta estructura como recinto legislativo.

Así, después de más de un siglo de utilizar el aula magna del Colegio de San Javier como recinto legislativo, los diputados se trasladaron en 1981 a su nueva sede, la cual contaba con todos las modernidades de aquel entonces. La construcción del edificio costo 46 millones de pesos.

El Edificio del Congreso en 1981 a meses de ser inaugurado.
El Edificio del Congreso en 1981 a meses de ser inaugurado.

Así pues tras casi treinta y cinco años de servicio, aquel edificio que presumió de modernidades; resulto insuficiente para la actividad legislativa, pues se construyo una nueva Cámara de diputados en el poniente de la ciudad en los límites del periférico.

Los daños estructurales, además de la mencionada incompatibilidad con el entorno del Centro Histórico inclinaron la balanza hacía la demolición del edificio.

En los próximos meses iniciará la construcción del ‘Palacio de la Música’, en la presentación del proyecto en diciembre pasado, se aseguro que este espacio combinará el pasado, presente y futuro de la producción artística de la entidad.

El edificio contará con una sala de conciertos con capacidad para más de 400 personas, así como un museo virtual con videoteca y fonoteca, en el que se empleará la tecnología más avanzada.

Otros de sus aspectos es que en él podrán presentarse agrupaciones musicales infantiles y juveniles, incluyendo conjuntos comunitarios, así como la creación de ensambles y coros, y la detección de talentos.

Así pues, esta nueva construcción promete ser un icono de la cultura en el estado que trascienda generaciones, y que terminé para siempre con el estigma del ‘Elefante Blanco’, estructura enorme e inútil.

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Mérida en la Historia.